En un país donde la clase política ha sido señalada como corrupta y deshonrosa, y con un expresidente recientemente condenado en un escándalo de enriquecimiento ilícito, las nuevas generaciones representan la renovación necesaria para cambiar y avanzar.

En medio de la ola de escándalos de corrupción en la que Brasil está inmerso, la necesidad de rejuvenecer la política se hace cada vez más urgente en el país. No hablo tan sólo de un rejuvenecimiento de edad, sino también de ideas, propuestas y reformas.

Desafortunadamente, hoy Brasil está pasando por una crisis económica e institucional que está afectando negativamente la vida de sus ciudadanos, y con ello, la población está ansiando respuestas, cambios y justicia. Pero lo que se ha hablado en los noticieros no atiende este anhelo popular.

Cada día que pasa sólo se escucha en los medios de comunicación un nuevo acuerdo de delación premiada. Una nueva prisión (de empresarios, asesores o políticos) e incluso una nueva condena, como sucedió recientemente con el caso del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, condenado a nueve años y medio de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero. Pero, incluso condenado, Lula aún podrá apelar esta decisión en libertad y participar como candidato en las elecciones de 2018, amparado en la Ley Complementaria N° 135 de 2010, conocida como Ley de la Ficha Limpia (Lei da Ficha Limpa). Esta Ley sólo impide la candidatura de condenados por una decisión colegiada y no de un solo juzgador. Lula fue condenado en primera instancia por un único magistrado, el juez Sérgio Moro. Cabe destacar que todavía, sin comenzar a cumplir su pena, puede recurrir al Tribunal Regional de la 4ª Región (TRF-4), donde un grupo de desembargadores decidirá finalmente si mantienen esta sentencia del juez Moro o si se absuelve el ex presidente. Para que Lula sea arrestado es necesaria una decisión colegiada de estos desembargadores, conocida como sentencia (acórdão), y una condena en segunda instancia, sin fecha prevista para ocurrir. Es importante recordar que, incluso con la decisión en segunda instancia, el ex presidente podrá recurrir en libertad a partir de una decisión liminar concedida por el Tribunal Superior de Justicia, o por el Tribunal Supremo Federal. De obtener resultados negativos en estas instancias, ahí sí el ex presidente pudiera ser arrestado y volverse inelegible.

Pues bien, pasando la página en cuanto a estos hechos lamentables que ponen en tela de juicio la honorabilidad de la clase política brasileña porque uno de sus dirigintes más importantes ha sido señalado como culpable en una escandalosa causa de corrupción, nos inclinamos a pensar que la esperanza actual para Brasil reside en las nuevas generaciones.

En los últimos años se ha hecho notable una creciente participación juvenil en la política, no sólo en el Parlamento, sino también dentro de los partidos políticos y en los movimientos sociales. Los jóvenes están cambiando su forma de participación por una dinámica más activa en la que son protagonistas de actividades.

Según un reportaje del diario Folha de São Paulo, en medio del creciente descrédito de la clase política, cada vez hay más jóvenes estudiando para disputar las elecciones. Un ejemplo es el caso de un grupo de alumnos de Administración Pública, Derecho y Gestión de Políticas Públicas, de la Fundación Getúlio Vargas y de la Universidad de São Paulo. Para estos jóvenes, al mismo tiempo que la población ha dejado de creer en la política brasileña, anhela también encontrar nuevas personas y propuestas. Es una mezcla de incredulidad con esperanza de renovación.

Pero, subrayo que la juventud todavía tiene mucho para avanzar y alcanzar. Es tiempo de luchar más para ocupar espacios públicos, así como de intercambiar ideas viejas por ideas innovadoras.

Resalto una cita de un artículo del senador Cristovam Buarque, del que estoy totalmente de acuerdo: “La política brasileña necesita sustituir a sus agentes actuales por jóvenes políticos. La mayor dificultad para esta renovación está en la división de la juventud: los que se niegan a la acción política y prefieren realizar sus proyectos personales y aquellos que militan políticamente con ideas viejas. Los primeros miran hacia adelante sin ver el lado, los demás miran hacia atrás sin percibir los cambios en el frente”.

Es tiempo de unidad, de mirar al frente sin perder la esperanza de un Brasil mejor. Esperamos que en las elecciones de 2018 se pueda ver a Brasil con una cara nueva y limpia, olvidando toda esta suciedad que tanto afecta y avergüenza a sus ciudadanos.

Juventud: Brasil necesita y espera por ustedes. ¡Avante!

 

Rayssa Moura | @rayvyp

Brasileña. Licenciada en Ciencia Política

 

Notas:

– El artículo del Senador Cristovam Buarque fue publicado el 27 de mayo en globo.com (Blog do Noblat).

– El reportaje del diario Folha de São Paulo, fue publicado el 26 de febrero en folha.uol.com.