Luego de este 19 de abril con el pueblo en la calle, Venezuela debe continuar buscando su futuro, para «rescatar la sonrisa y construir la democracia».

Marcha opositora y represión de las fuerzas armadas en Caracas, 19.4.2017 | Foto: Twitter, @Pr1meroJusticia

Todo tiene su final. Nada dura para siempre. Los pueblos podemos permanecer sumisos y sometidos por largo tiempo ante procedimientos equivocados y autoritarios adoptados por gobernantes abusivos que no tienen la capacidad, tolerancia y sabiduría para ejercer tan altos cargos, pero llega el momento en que nos cansamos y despertamos del letargo.

Esto viene ocurriendo en Venezuela. Ciudadanos de todas las edades, oficios y profesiones salimos masivamente a las calles a exigir que se restituya el hilo constitucional porque rechazamos el autoritarismo galopante que acosa nuestras vidas.

El régimen que nos gobierna es, en esencia, una entidad antidemocrática que ha secuestrado todos los poderes y burla nuestra voluntad como ciudadanos. Su apariencia democrática luce deshilachada, pero aún es suficiente para frenar acciones internacionales e incentivar ilusiones políticas como el diálogo.

Pues bien, los venezolanos no creemos en sus palabras y, unidos como nunca antes, sabemos que podremos vencer a estos esbirros que están en el poder. Los días pasan, y realmente perdemos hasta la perspectiva de la fecha en que vivimos. Otrora, Semana Santa representaba tiempo para el descanso y oración. Esta vez la vivimos distinta.

Cada día es más agitado que el anterior. En las calles venezolanas respiramos una tensa calma, un olor fijado por los gases lacrimógenos y en nuestra memoria reciente la represión desmedida, que no nos cuentan sino que vivimos. Pero también está latente esa huella de valentía, de coraje, de un bravo pueblo que despertó frente al abuso y manipulación.

Ya ni la fatídica cola por un alimento que condena a la humillación, ni el malogrado salario que no alcanza para completar la cesta básica, ni siquiera permitirse una enfermedad. Aquí lo único que se ve y se siente es arrechera contra un régimen corrupto, déspota y abusivo.

Los días han sido despejados, nublados, soleados y lluviosos. Eso no ha sido freno para calentar las calles exigiendo que vuelva la democracia para vivir mejor. Sin miedo seguimos avanzando. Las ganas de todos son más fuertes que el gran aparato que se opone sin piedad ante cada protesta. Nada impide cada paso. Estamos en las autopistas luchando contra el poderío de una dictadura omnipotente, cuya única misión es pisotear tu dignidad.

Así son las dictaduras modernas; llegan al poder con el apoyo popular que les sirve para concentrar todo en muy pocas manos, acaban con la separación de poderes, erosionan la institucionalidad democrática y el Estado de derecho. Cuando el apoyo popular se agota y se hace imposible dar un barniz de legalidad a sus actuaciones antidemocráticas, sus prácticas se vuelven cada vez más represivas y autoritarias.

Cada protesta de calle ha sido no solo creativa sino multitudinaria, aun conociendo la presencia de los elefantes blancos —vehículos de guerra— que cierran el paso como si la ciudad fuese de ellos. Nuestros escudos siempre serán nuestras manos arriba, desarmados pero despiertos y nunca cabizbajos contra esta dictadura írrita.

A pesar de las amenazas de los colectivos y del propio régimen, que dijo que cortaría toda señal de telefonía e internet, este 19 de abril, conmemorando nuestra independencia, la población ganó las calles y se manifestó con valentía.

Nuestra única arma es la fuerza interior y el coraje que sale al paso ante tanto abuso de poder. El cielo, en cuestión de segundos, se llena del denso humo de las bombas lacrimógenas que llueven incesantes. Pero simultáneamente escuchamos, al unísono en las mujeres y hombres enardecidos: ¡Nojoda, aquí están Capriles y los diputados de la Unidad! Luchando con el pueblo, tragando humo, hombro con hombro, resteaos contra esos enchufados. Todos vitoreamos: ¡Vamos juntos por la democracia, es nuestro derecho!

La reacción oficial no se detiene. Nuevas bombas y perdigones llueven hasta desde los helicópteros. Enseguida, cientos de asfixiados, lesionados, contusos y heridos, que son atendidos de inmediato por valientes jóvenes médicos y paramédicos presentes en la manifestación.

Sin importar la hora, pero si es de noche mejor, aparecen los colectivos armados o paramilitares para cumplir a cabalidad el papel que les encomendó Chávez: ser el «brazo armado de la Revolución bolivariana». Estos extendidos han saqueado, amenazado y atacado nuestras manifestaciones por todo el país, con el beneplácito de la dictadura y la complicidad de la fuerza armada. No hace falta estar en una guerra, porque aquí la vivimos diariamente.

Hoy el régimen con su peor rostro, la represión desmedida y el autoritarismo voraz tiene frente a sí un pueblo bravío, determinante, firme y pacífico. Madres y abuelas, monjas y sacerdotes, camioneros y comerciantes… los valientes venezolanos de a pie seguimos rechazando rotundamente la miseria que representa el régimen de Nicolás Maduro.

Esta lucha continúa. Han sido días y noches de protestas intensas pero seguiremos exigiendo que se respete nuestro derecho libre de elegir, que se nos garantice poder comer, porque ya está bueno de vivir entre el «no consigo» y el «no me alcanza». Es de todos los días porque ya el pueblo se cansó del hambre, de las muertes por falta de medicinas y de la vil represión.

Eduardo Rengifo Lugo | @edrengifo
Coordinador general de Programas Sociales del Fondo Único Social del Estado Miranda, Venezuela