El puente de oro de Colombia: entre más diferentes, más fuertes

El panorama actual de Colombia es el de una población con marcadas disensiones, pero son precisamente estas las que deben verse como la oportunidad para construir la mejor página de la historia de Colombia.

Arte urbano en Medellín | Foto: ShonEjai, vía Pixabay

Arte urbano en Medellín | Foto: ShonEjai, vía Pixabay

El 7 de agosto de 1819, en las zonas de Boyacá, cientos de gritos de batalla sonaban al unísono para defender la independencia de nuestra nación. El 7 de agosto de este año, tras el aniversario 199 de este evento, el país continúa experimentando una serie de gritos, ya no en búsqueda de liberarse de la corona española, sino con el objetivo de continuar escribiendo el mejor capítulo de su historia.

Ya han pasado varios días del inicio del mandato del presidente electo, Iván Duque, y el país está crudamente fragmentado, principalmente por lo sucedido en las elecciones presidenciales, el plebiscito y las diversas opiniones sobre la paz. Pero no solo en eso hay divergencias; el país está fraccionado en cuanto a visiones del desarrollo, perspectivas de país, formas de hacer política, formas de hacer el cambio, entre otras cosas. No obstante, es precisamente la labor del nuevo presidente hacer de esto oro.

En esas grandes y distantes diferencias es donde precisamente encontramos lo más valioso. Estos disensos son la base más amplia para poder construir una democracia más fuerte, consolidada y organizada. El gobierno se construye gracias a la discusión y esta es precisamente la esencia de su poder. Este momento funge de forma contundente como la gran oportunidad para hacer que el país crezca, y su democracia, instrumento clave para aumentar el desarrollo y la equidad, tenga su gran auge.

No obstante, en Colombia no solo tenemos que ver los detalles y las perspectivas que nos hacen distantes, sino más bien armonizar en las similitudes —muy abundantes— alrededor de la nación. Todos queremos la materialización de la paz, el desarrollo y una sociedad más equitativa y con igualdad de oportunidades para todos. Y no solo eso; todos estamos listos para luchar con toda nuestra fuerza por ello. Es momento de que nos armonicemos en estas metas comunes y que, a pesar de todo, nos conjuguemos para hacer de Colombia esa nación que nos hace latir el corazón de orgullo. Un gran ejemplo de ello fue la unión de los 18 representantes de Bogotá que, a pesar de sus diferencias, se armonizaron para el mejor futuro de la capital.

Las diferencias han marcado la historia en nuestra nación durante este siglo (y gran parte de nuestra historia). Ahora es el momento de marcar nuestro futuro desde nuestras grandes similitudes. Es el momento de hacer de esa diversidad la fuente del crecimiento, de hacernos grandes y de que esa grandeza sea construida y compartida por todos.

Para materializar esto, nos encontramos con uno de los grandes retos del país: el crecimiento de la justicia. Una justicia entendida como el aumento de las capacidades de las personas para lograr lo que anhelan ser, mejorar su calidad de vida y que los sueños sean palpables en la realidad. Pero, ¿cómo hacerlo? Mediante la reconciliación de puntos de vista; uniendo el arduo trabajo por el desarrollo económico y alimentando el capital público para que permita hacer crecer la base pública y aumentar grosor de los servicios públicos básicos, con cobertura y calidad.

Podemos construir la justicia entre todos y para todos. El nuevo gobierno tiene otro gran reto: amalgamar las diferentes visiones de país y construir un foco integral que propenda por las grandes mejoras estructurales pero que, a su vez, esté atento a la mejora integral de las condiciones de vida de cada uno de los colombianos.

El reto actual es materializar este sonado pacto nacional y generar un país que integre las perspectivas de todos los rincones y orillas que, en la búsqueda de las metas conjuntas, siga haciendo historia. En Japón existe la técnica del Kintsugi, que consiste en reparar cerámica con oro, lo que muestra el valor que hay en las rupturas. Ahora, en Colombia, es el momento de que en los años que vienen nuestras diferencias se vuelvan el oro que nos una y #HagamosHistoria.