Fue en julio y todo está guardado en la memoria

El 20 de julio de 1944 un grupo de oficiales del ejército alemán, asqueados por las matanzas nazis, colocaron una bomba en el cuartel general de Hitler, la Wolfschanze. La bomba explotó, pero una pesada mesa de roble protegió al Führer e hizo fracasar el atentado que tal vez hubiera cambiado la historia. Los oficiales implicados, liderados por Claus Schenk Graf von Stauffenberg, pagaron con su vida. Y la guerra siguió con su terrible secuela de dolor. El 20 de julio es recordado como Día de la Resistencia Alemana.

Cincuenta años más tarde, Liliana Edith pasaba por la calle Pasteur frente a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) de Buenos Aires cuando estalló la bomba. Un vehículo estacionado provocó la muerte de personas que trabajaban, buscaban trabajo o hacían algún trámite en la institución. Liliana Edith tenía 22 años.

Entre los 85 muertos en el atentado de la AMIA había también trabajadores migrantes bolivianos, ocupados en tareas de refacción del edificio. Fueron víctimas de un terrorismo sin sentido. A tantos años del episodio, la tragedia sigue impune. Cien artistas argentinos se reunieron a cantarle a todos los muertos de la AMIA. «Todo está guardado en la memoria», dice la canción.

El expresidente federal de Alemania Joachim Gauck sabe también de injusticias experimentadas en carne propia. Tras la unificación alemana, fue comisionado federal para los archivos de la Stasi —los servicios de seguridad del régimen de la Alemania comunista—. Allí promovió el esclarecimiento de los crímenes sin perder de vista la paz como fin último.

Los responsables del atentado de la Amia siguen sin conocerse a 24 años del crimen. Y los sobrevivientes siguen convocados por la consigna «Justicia, justicia perseguirás» (Deuteronomio 16, 20).

Joachim Gauck sabe que el objetivo no está en el castigo, sino en la restauración de la honra de las víctimas. «La verdad es indispensable para dar paso a la reconciliación», afirma el expresidente, también pastor protestante, y citando el Evangelio, concluye: «Es la verdad lo que nos hará libres» (Juan 8, 31-38).