Gobernar desde cerca

El tercer nivel de gobierno involucra a barrios y municipios. Es el mundo de la cotidianeidad y la cercanía con el gobernante. Alcaldes y concejales están en la primera línea de contacto con el pueblo.

Fiesta de Llamadas, candombe en el barrio Sur de Montevideo | Foto: J. E. Ulloa

Mientras el mundo discute temas macro de política internacional que suceden a miles de kilómetros del Río de la Plata, todo parece entrar en caos; se sufre por la falta de democracia en Venezuela, o porque el canciller uruguayo Nin Novoa se alinea con su antecesor Luis Almagro (hoy en la OEA), o por si Donald Trump hará o no el muro en la frontera con México, o porque el cambio climático hace estragos en Perú, y hay problemas con la educación, con la corrupción, y la falta de valores en Latinoamérica es moneda corriente. Por supuesto, se discute si la suspensión de Leo Messi por cuatro juegos es correcta. Todo esto puede salir en una charla de café en pocos minutos, incluso con alguien que no esté demasiado informado, y todo esto parece copar el mundo.

Mientras tanto eso ocurre, el vecino sale en la mañana de su casa, abre la puerta y se encuentra un tacho de basura repleto y oloroso en su vereda, por lo que no puede sacar su bolsa y la debe guardar al menos hasta el día siguiente. Cuando va a salir del garaje en su vehículo, se encuentra con un camión grande de reparto de bebidas que, violando los horarios estipulados, tranca el tránsito en las calles estrechas y retrasa a quienes salen apretados de tiempo. Luego se malhumora por el mal estado de las calles cuando va rumbo al trabajo, y encima se da cuenta de que hace varios días las luces de su cuadra están apagadas, convirtiéndola en una boca de lobos e insegura, porque la única lámpara que funciona está justo detrás de un árbol frondoso que no han podado durante años.

Estos mismos vecinos disfrutan en el verano de las playas y los parques, llevan allí a sus hijos y mascotas, se preocupan de que las hamacas donde juegan sus niños varias horas de la semana estén en buen estado. Luego esos niños crecerán y correrán tras una pelota en el mismo parque o plaza y les tocará subirse a una bicicleta hasta encontrar el equilibrio. Si no se mudan de barrio, tal vez pasarán años con una rutina similar. Y, lo que no es menor, tendrán recuerdos y fotografías de esos lugares que durarán para siempre.

Pueden parecer dos mundos paralelos pero no lo son. El mundo de la cercanía y la cotidianeidad es donde realmente vivimos, es el que a veces nos provoca el peor humor pero también el mismo que nos va a dar los mejores momentos de felicidad junto a nuestras familias.

Ese mundo además tiene una ventaja: es tangible. Podemos tomar un teléfono para llamar y reclamar por los problemas de nuestro barrio —con mayor o menor suerte—. En cambio, difícilmente podamos tomar el teléfono y hablar con Maduro, Macri o Trump para proponerles la solución a los problemas macro que nos aquejan.

A este mundo de cercanía se le llama tercer nivel de gobierno, pero alcaldes y concejales son, en realidad, quienes están en la primera línea de contacto con el pueblo para recibir sus quejas y sus halagos, seguramente más de las primeras que de los segundos.

Por eso, en los municipios y en los barrios la vida es un tanto ajena al mundo, aunque no lo parezca. En el día a día los problemas cotidianos, como la limpieza de calles y de tachos de basura repletos, el barrido de veredas, la atención a las bocas de tormenta tapadas, a los árboles demasiado crecidos que precisan poda o a la iluminación de la cuadra donde uno reside, son problemas que todos sufrimos, incluidas a menudo las malas gestiones de los gobernantes.

Desde estos gobiernos de cercanía es que debemos ponernos a la orden, acercarnos, escuchar, tener la empatía necesaria para volver a creer en un sistema político un poco más transparente y funcional. Si tenemos la vocación para hacerlo, será mucho más fácil.

Juan Eduardo Ulloa | @eduullloa
Técnico en Periodismo. Concejal del Municipio B, Montevideo, Uruguay