Durante la visita del Papa Francisco a Colombia, no se dejó de escuchar la palabra jóvenes en ninguna de sus intervenciones. ¿Qué mensaje tiene esto para la juventud colombiana?

Francisco visita Cartagena | Foto: Presidencia de la República de Colombia

Francisco visita Cartagena | Foto: Presidencia de la República de Colombia

Colombia, por tradición y por cultura, es un país sumamente católico. Le hemos dado a la Iglesia un rol protagónico a lo largo de nuestra historia. Tenemos iglesias en cada rincón del país y hoy por hoy es un actor importante en el proceso de posconflicto que nos dejó el desarme de las FARC como guerrilla y la firma del Acuerdo de Paz.

Más allá del peso del catolicismo en el país y lo que significa para los colombianos que el papa nos visite, vale la pena resaltar una constante en todo esto: los jóvenes colombianos. Sin lugar a dudas, fuimos protagonistas en la visita de Francisco. Fue muy emotivo ver cómo cientos de jóvenes profesaban su religión y su admiración al papa. Inclusive jóvenes lejanos al catolicismo, algunos ateos y otros agnósticos, resaltaron al papa como persona y se contagiaron de la alegría que Francisco causó en los colombianos.

Y es que los discursos del papa en Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena sobrepasaron la religión católica. En consecuencia, el público no se redujo a los creyentes sino que se amplió y una cantidad admirable de personas acamparon, trasnocharon, madrugaron y corrieron por verlo así fuera por solo unos segundos.

En Bogotá, los primeros en recibir al papa después de su primer recorrido, fueron niños y jóvenes que salieron de uno de los sectores más violentos de la ciudad, lugar que fue desmantelado en un enorme operativo liderado por la Fiscalía y el Gobierno hace relativamente poco tiempo. Se conoció como el «Bronx», donde impactaba saber que cientos de niños y jóvenes estaban expuestos a una vida totalmente lamentable: abusos sexuales, drogadicción, secuestros y demás condiciones que fácilmente pueden distanciar a un joven de cualquier religión. Pues fueron algunos de ellos quienes, con gran entusiasmo, recibieron al papa con cantos, regalos y detalles que definitivamente demostraron que el papa tiene un lugar muy importante entre los jóvenes. Igualmente en Medellín, Francisco visitó un hogar en donde niños y adolescentes encontraron refugio después de haber sido víctimas de abandono, violencia y maltrato; en esta ocasión, los jóvenes estaban tan emocionados con su visita que una de las pequeñas se le acercó al papa y ella misma le dio la bendición.

Este par de ejemplos, pocos ante la cantidad de los que ocurrieron estos últimos días en Colombia, dan paso a una reflexión y es que Colombia, su sociedad y sus jóvenes, sobre todo, están dispuestos en alma y corazón a vivir ese proceso de reconciliación que nos obliga el haber firmado un acuerdo de paz con las FARC, una guerrilla que ha sido responsable de las masacres y situaciones más fuertes y dolorosas de Colombia. Es muy fácil caer en el debate sobre si la paz debería llegar o no. El mensaje es clarísimo: los jóvenes la piden, la quieren, la anhelan.

Para concluir quiero resaltar el mensaje final del papa en Colombia. Afirmó que los colombianos «le hicimos mucho bien». Y yo diría que es totalmente lo contrario: él nos hizo un bien enorme a nosotros. Sin quererlo, repartió un mensaje de perdón y paz a un pueblo sediento de ello y que está a punto de iniciar el proceso de sanar las heridas que nos dejaron los más de cincuenta años de violencia.

 

Alejandra Hormaza | @ahormaza_
Colombiana. Comunicadora social y periodista. Magister en Relaciones Internacionales. Vicepresidenta de la Red Humanista por Latinoamérica