Hiperinflación: el impuesto de los pobres

Seis de la mañana de un sábado en Caracas. Ligia Torres vive en una populosa comunidad del oeste capitalino y se dispone a bajar las empinadas escaleras que separan su humilde casa de la avenida principal para llegar al mercado municipal a cielo abierto que se coloca en la calle. Justo ahí la comida parece ser «más económica».

Niños comen basura en Caracas  | Fuente: Venezuela Unidos somos más, en Facebook

Niños comen basura en Caracas | Fuente: Venezuela Unidos somos más, en Facebook

Ligia, como la mayoría de los venezolanos, devenga salario mínimo integral, que es de Bs. 797.510. Con eso debería poder cubrir sus necesidades básicas y las de su hijo menor, pero la realidad es otra.

Hoy el cartón de 30 huevos en el mercado cuesta Bs. 510.000. El huevo es la proteína más económica y nutriente en comparación con la carne de ganado, que cuesta Bs. 350.000 (4 unidades de bistec) el kilo, o el pollo, que cuesta Bs. 300.000 el kilo, o el pescado, que cuesta Bs. 250.000 (5 filetes) el kilo.

Ligia se enfrenta a la realidad de muchos venezolanos: debe hacer magia para distribuir sus gastos entre comprar comida, pagar servicios, transporte y ahorrar. Todo no lo puede hacer. En septiembre del 2017 su salario mínimo integral era de Bs. 325.544 y un cartón de huevos de 30 unidades costaba Bs. 30.000. Hoy en día su salario integral es de Bs. 797.510 y el famoso cartón de huevos cuesta Bs. 510.000, es decir, el 63 % de su sueldo mensual. El aumento del salario mínimo integral entre septiembre de 2017 y febrero de 2018 fue de 245 %, mientras que el del cartón de huevos fue de 1.700%. Así como ha aumentado este rubro, pasa con el resto de los productos básicos como la harina de maíz, los cereales, la leche, el queso, entre otros, que están sujetos a una variación de precios descontrolada a la que el Gobierno le hace llamar guerra económica.

Actualmente, Venezuela se encuentra en hiperinflación, un fenómeno económico que no puede atribuirse solo a la manipulación ni especulación de precios; se trata también del aumento de la liquidez monetaria, de la destrucción del aparato productivo, la merma de importaciones, la caída en las exportaciones petroleras, las expropiaciones injustificadas de empresas productoras. Sobran los ingredientes para tener una economía colapsada.

El gobierno de Nicolás Maduro ha divagado entre excusas y arenga política para justificar un modelo económico fracasado, donde el único condicionante, el control, ha terminado siendo el combustible perfecto para un aumento desmesurado de precios sobre los productos de primera necesidad para el consumidor.

Estómago y bolsillo sometidos a la encrucijada de las colas y la escasez, hoy han sido arrastrados a las consecuencias de la hiperinflación. Una vez, en el sector de Colina Suave de la parroquia El Junquito en Caracas, la Sra. Beatriz mostraba los talones de sus pies agrietados por la resequedad, luego de más de ocho horas de cola para comprar harina de maíz y salsa de tomate.

El presente es duro y trágico para la familia venezolana. Un estudio reciente realizado por las universidades más destacadas del país —la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Católica Andrés Bello— señala que un 51 % de la población vive en pobreza crítica, más del 80 % de los venezolanos son víctimas de la pobreza por ingreso, y todo esto es producto de la hiperinflación. La desigualdad se agudiza y se extiende. El fenómeno inflacionario ha destruido a la clase media y, lo que es peor, ha sometido al pueblo venezolano a la dieta de una o dos comidas al día.

 

Marialbert Barrios | @MarialbertBs
Licenciada de Estudios Internacionales. Diputada a la Asamblea Nacional de Venezuela por el Circuito 1 Caracas (Catia-La Pastora-El Junquito) y al PARLASUR por la UNIDAD-Primero Justicia