¡Me niego a rendirme!

Mientras escribo esto, escucho las cacerolas al fondo y gente gritando en sus balcones porque nuevamente hay un apagón en Venezuela.

Foto: Andrea Mesa

En medio de todo, pienso lo afortunada que soy por no estar en un centro hospitalario batallando entre la vida y la muerte. Pero también pienso que no es normal lo que estamos viviendo y me niego a acostumbrarme a que esto sea así.

Es miércoles 27 de marzo y hoy es la segunda vez en el día que se me va la luz. En muchas partes del país no hay energía eléctrica desde el lunes, y en otras, va y viene (tal es mi caso). Pero la realidad es que los venezolanos tenemos tres semanas viviendo del ¡llegó la luz!

Durante los dos apagones se han registrado al menos veinticinco muertes en centros hospitalarios por las fallas de energía. Esto sin contar a los venezolanos que no pudieron llegar al hospital, los que no se pudieron atender o los que perdieron su casa producto de un incendio porque la luz llegó y explotaron los electrodomésticos (como le pasó a mis padrinos).

Han sido días muy duros. Los pequeños empresarios han tenido que parar su trabajo y la administración pública solo ha trabajado diez días en un mes. Vivimos en un país paralizado por la falta de servicios, y miles siguen muriendo de mengua por la falta de alimentos y medicinas.

En medio de todo esto, ha surgido la esperanza. No en un hombre o un político; ha surgido la esperanza en un pueblo que se niega a creer que esta es la realidad, que esto es una forma de vivir.

El socialismo del siglo XXI y la Revolución bolivariana ya no son más que cuentos en los que nadie cree. Somos millones de venezolanos que queremos ver la libertad, millones de voces que hoy piden democracia. Pero hoy el régimen —que está más débil que nunca— quiere agotar ese sentimiento, quiere que perdamos la razón y que busquemos un culpable entre nosotros. Pues, a ellos, les decimos ¡no! No van a callarnos, no vamos a dejar de protestar, no vamos a dejar de creer que Venezuela va a cambiar.

Cuando me preguntan ¿por qué no te vas?, no encuentro un argumento válido para quedarme, pero barajo las cartas y al final sigo diciendo lo mismo: ¡Porque me niego a rendirme! Es la frase que nuestro hermano Juan Requesens nos regaló horas antes de ser secuestrado por la dictadura y que nos da aliento para seguir adelante. No nos rendimos, no nos acostumbramos y no nos callamos. Vamos a seguir insistiendo con que esto no es normal y que Venezuela será libre.

A quienes siguen afuera, pendientes de nosotros, ¡gracias! Porque son nuestra voz. A quienes estamos dentro, sigamos resistiendo. Que el régimen no quiebre nuestra alma, que no rompan nuestra mente, porque las batallas más duras se libran ahí.

Seguiremos resistiendo, con esperanza y con realidad, sabiendo que cada paso que damos es un paso más que la dictadura retrocede. Que cada protesta que hacemos es una luz que se enciende en medio de la oscuridad.