Mirarnos desde afuera: la ausencia de voces jóvenes en la política uruguaya

La falta de nuevas figuras en el espectro político del país es preocupante. Para mejorar la dinámica se necesitan más representantes de las nuevas generaciones.

Reclamo de 6% para la educación pública en Uruguay

Gremios universitarios reclaman más presupuesto para la educación pública en Uruguay

En este año preelectoral la situación política y social del país parece ser todo, menos calma. Se escuchan quejas, expectativas, propuestas y reclamos de la sociedad uruguaya hacia el gobierno. Me pregunto entonces, ¿qué papel juega la juventud uruguaya en esta escena política agitada y vibrante? Esta pregunta no la hacemos muy frecuentemente, porque la política en el Uruguay parece ser un asunto de los mayores. La falta de presencia joven es aún más obvia cuando uno ha pasado algún tiempo en el exterior. Viviendo en Europa, puedo decir que allí la juventud no se muestra tan apática respecto a la política actual. Uruguay no tiene por qué parecerse al viejo continente, ese no es el punto al que quiero llegar. Lo que sí creo que es que hay que darles espacios a los jóvenes para innovar y mejorar nuestro país.

Aun más preocupante que este espacio casi inexistente es el aparente desinterés que presentan los jóvenes uruguayos frente a la escena política actual. No estamos hablando de una nación en la que no haya cosas para mejorar o derechos que reclamar. Eso no existe ni aquí, ni en ningún lado. Entonces, ¿por qué el letargo en el que parece sumergida la población menor de 30 años en lo que a política se refiere? ¿Dónde está el liderazgo que representa a la juventud? Es obvio que no nos encontramos ante un régimen autocrático que presione a los movimientos sociales o calle las voces de sus ciudadanos: Uruguay es una de las democracias más institucionalizadas de América Latina y, según el Latinobarómetro del 2017, es la democracia más plena en la región.

El estudio Living Politics de la Fundación Konrad Adenauer afirma que en Uruguay el 70% de los jóvenes tienen una afinidad política definida. Esto ubica al país muy por encima del promedio latinoamericano, ya que en otros países del continente estos tienden a no sentirse allegados a un partido en especial.

Por otro lado, según el mismo estudio, solamente el 6% de los jóvenes uruguayos trabajan para un partido político o candidato. Esta brecha entre ambos porcentajes demuestra, según mi punto de vista, que muchas veces los jóvenes votan simplemente al partido (guiándose por la tradición) y no a un candidato de carne y hueso con propuestas y agenda de gobierno. Esto es parte de las consecuencias del desinterés, que lleva a que no se informen lo suficiente y, por lo tanto, no tengan ideas claras respecto a lo que quieren para su país. Por la misma razón es que solamente el 6% de los jóvenes trabajan para los partidos.

La lucha por una mejor educación

Y si se habla del 6%, ¿cuánta influencia han tenido los jóvenes en la lucha por el 6% del PBI para la educación? Beneficiarse de la educación pública es uno de los derechos más importantes que puede tener la población joven. Por lo tanto, el reclamo de recibir más presupuesto para la educación tendría que ser protagonizado por ellos. Sin embargo, basta con leer un resumen de las noticias para ver que este no es el caso: la lucha está liderada en primer plano por los sindicatos de docentes.

La ausencia de la juventud también se ve reflejada en los puestos jerárquicos: actualmente en el Parlamento uruguayo no hay ningún diputado ni senador menor de treinta años, a pesar de que, según la Constitución, se puede ocupar una banca a partir de los veinticinco.

Por más que los partidos tengan grupos jóvenes internos, si estos no ejercen presión pública, sus intereses no van a ser escuchados. Las autoridades de dichos grupos tienen que ocupar cargos jerárquicos; de otra manera, la juventud va a seguir quedando en segundo plano en la política.

Lo que creo más preocupante es la falta de opinión e interés en muchos grupos de veinteañeros respecto a la política. En varios casos no es un tema de conversación ni mucho menos una discusión que se pueda llegar a desarrollar. En otros países, sí. Personalmente he escuchado muchas veces en Uruguay frases de amigos o conocidos, como: «la verdad, no tengo ni idea de política» o «no me interesa la política». Estoy hablando de jóvenes que estudian una carrera universitaria, se preparan para una vida laboral activa y tienen contacto día a día con la realidad uruguaya. Pero no hablan de política y muchos menos intentan influir o participar en las decisiones públicas, en caso de tener algún reclamo o exigencia. Tal vez hablamos del tema cuando sucede algo imposible de ignorar, o a una semana de las elecciones nacionales, porque uno debe irse haciendo la idea de ir a votar. De lo contrario, no. ¿Por qué esta falta de interés por influir, por hacer algo, por cambiar? Las fuerzas jóvenes son las que tienen el deber de mejorar su país, porque es el que van a heredar.

Hay que hablar, reconocer lo que está bien y lo que está mal, lo que hay que mejorar y lo que es preferible dejar como está. Hay que impulsar al país para que tenga un futuro mejor. Los jóvenes debemos empezar a interesarnos más por lo que está pasando. No se pueden perder nuestras voces en la política porque, si estas se pierden, entonces no hay perspectiva de futuro.