Ni tragedias ni farsas

La Argentina sufre constantemente la falta de consensos sobre los que debe construirse una democracia moderna. La causa de las Malvinas debe dejar de ser un elemento electoralista y convertirse en una política de Estado.

 

Corre el año 1811, y el último de los treinta y dos gobernadores que en nombre de la corona española por casi cincuenta años administraron los territorios de las Islas Malvinas desde Puerto Soledad, se traslada a Montevideo.

Nueve años más tarde, la Junta de Buenos Aires reafirma su soberanía sobre las Islas Malvinas como parte de la sucesión española. Un 10 de Junio de 1829, el comerciante Luis Elías Vernet será nombrado Comandante Político y Militar de las Islas Malvinas. Finalmente, en 1833, la Fragata HMS Clio ocupa las Islas Malvinas en nombre de la corona británica.

Entre 1945 y 1950 una veintena de colonias declaran su independencia, entre ellas la India. Y en 1970 prácticamente el 70 % del territorio africano está constituido por países políticamente independientes. Es ante este escenario la causa Malvinas se reaviva a partir del año 1966, cuando el 28 de septiembre un grupo de 18 argentinos secuestra un avión comercial y lo desvía hacia las Malvinas, en lo que se denominó la Operativo Cóndor.

Ciento cuarenta y cinco años (y un día) después de la asunción de Vernet, el 11 de Junio de 1974, ante la fatídica imposibilidad británica de sostener su ocupación en las islas, el entonces presidente Juan Domingo Perón recibe a través de su ministro de Relaciones Exteriores Alberto Mignes, la propuesta de una administración compartida de forma temporal sobre el territorio de las islas. Esto, significaba el comienzo del retiro británico que para 1980 ya perdería otra decena de colonias en distintas partes del mundo.

Pero apenas veinte días después, el 1 de Julio de 1974, Perón moría. Y con él desaparecía la posibilidad de recuperar la legítima soberanía sobre las Islas Malvinas, no solamente por la crisis institucional que atravesó a partir de ese momento la Argentina, sino por la presencia de un hombre que haría de la causa Malvinas su campaña política: Emilio Eduardo Massera. Nombrado comandante en jefe de la Armada con apenas 48 años, Massera plantea desde el comienzo la necesidad de la acción bélica para recuperar las Islas Malvinas, lo que significaría no solamente un logro personal sino además una causa de carácter patriótico. En 1977 esta idea comienza a materializarse y la Argentina toma deuda pública para la compra de seis submarinos que finalmente serían solo dos: los ARA de clase 209 “San Luis” y “Salta”, ambos de origen alemán.

Simultáneamente desde el periódico “Convicción”, cuyo director Hugo Ezequiel Lezama era redactor de discursos de Massera, se reavivaba en la opinión pública la causa de Malvinas. Durante la guerra aparecerán una y otra vez titulares triunfalistas, pero Malvinas se convirtió en una tragedia que terminó con la vida de 649 argentinos.

Treinta y cinco años después, y en una democracia aún inmadura, la más noble causa de soberanía que tenemos los argentinos es una y otra vez reutilizada con fines electoralistas y meramente oportunista. El camino emprendido por la reciente administración del Presidente Macri resulta fundamental para un resultado favorable en materia de lo que todos los organismos internacionales ven como legítimo reclamo argentino. Según el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, aún quedan en el mundo 17 territorios no autónomos, entre ellos Malvinas, de los cuales diez se encuentran bajo ocupación británica.

Dice Marx al comenzar su libro “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”, que la historia se repite dos veces, primero como tragedia, y luego como farsa. La indispensable mesa de diálogo permanente para ir avanzar en el reclamo de la Argentina respecto las islas y los posibles reclamos sobre el territorio antártico, solo puede ser establecida mediante una política pública que se mantenga en el tiempo. Ni tragedias ni farsas, políticas de Estado.

 

Damián Arabia  | @damianarabia

Presidente de la Juventud de Unión por la Libertad y Director de Integridad de las Fuerzas Federales de la República Argentina.