En medio del debate de los efectos de la globalización, el populismo y la recesión de la democracia, un fenómeno político ocurre en Uruguay. Quienes propician el ejercicio democrático esta vez son los jóvenes del Partido Nacional, que en uno de los espacios políticos más antiguos de mundo, eligieron por tercera vez a los 300 congresales que votarán a las nuevas autoridades juveniles a nivel nacional y departamental.

Observadores electorales en las elecciones de los jóvenes blancos | Foto: Castellar Granados

Observadores electorales en las elecciones de los jóvenes blancos | Foto: Castellar Granados

Fue a partir de la invitación de la Fundación Konrad Adenauer que diez jóvenes líderes latinoamericanos tuvimos la oportunidad de ser parte de esta jornada democrática como observadores internacionales. Las experiencias de renovación de los partidos políticos, aunque diferentes, son cada vez más urgentes.

La lucha entre izquierdas y derechas quedaron en el siglo pasado para los ciudadanos. La innovación, la transparencia y los nuevos liderazgos son una exigencia cada vez más fuerte en todo el mundo, pero hacer un partido político más cool no es una tarea nada fácil. Desde la rigidez y la formalidad como institución hasta la resistencia interna del statu quo dificultan los cambios en los interlocutores de la sociedad.

En muchos espacios de la política latinoamericana los jóvenes son los que pegan afiches, tocan puertas y son retóricamente «el futuro del partido», y no mucho más que eso. Está de mano de los líderes juveniles dar las debidas luchas internas y ganar espacios. Un buen ejemplo de ello son los jóvenes del Partido Nacional, quienes ahora se integran en casi todos los espacios de poder partidista con su voz y voto, pero también ejerciendo como servidores públicos electos. Diputados, concejales y ediles ya electos han salido y forman parte de los Jóvenes blancos, como suelen llamarse. Son los jóvenes políticos el futuro presente del partido y el país. Por ello la importancia de las elecciones juveniles, espacio donde se cuentan, demuestran su capacidad organizativa, liderazgo y compromiso con el partido y con la democracia misma, que cada vez luce más enclenque ante un mundo que exige cambios más rápidos, más eficientes y nuevos actores que sean ejemplo de la nueva forma de hacer política.

En democracias estables, las elecciones de ningún tipo son un reto avasallante, pero en regímenes totalitarios como el venezolano todo pinta de otra forma. En medio de una crisis humanitaria, económica y social que tiene su génesis en una política de dominación y control, renovar o crear un partido es una titánica batalla; un ejemplo de ello es Venezuela, donde más de tres décadas de discursos contra los partidos políticos y casi veinte años de ataque a la disidencia la creación de un partido político emergente parecería una idea descabellada, pero nace Vente Venezuela.

A un paso de la clandestinidad están desde el 2014 todos los partidos políticos en Venezuela, más ahora cuando todo en el país está supeditado a una ilegal Asamblea Nacional Constituyente. Es ahí donde la experiencia de quienes integramos Vente Venezuela se vuelve interesante. Somos un partido nacido en dictadura y quizás la voz más radical en la oposición, en muchas oportunidades disientes incluso hasta de la mayoría de partidos de oposición por la firmeza en las posturas, ya que nos diferenciamos desde las ideas fundamentales, el discurso, las posiciones hasta el accionar político en medio de la crisis, en la forma del sistema democrático —apostamos a la liberal—, en cómo manejar la economía —creemos en el libre mercado— y en cómo derrotar a la dictadura, aunque es en este particular donde todos estamos irrestrictamente de acuerdo.

En Vente no hay historias de larga data partidista como las hay en el Partido Nacional. Al estar en construcción, los cambios necesarios no toman muchísimo tiempo. Hace un año se elaboraron los estatutos de la organización, en los cuales se reúnen los valores y la estructura organizativa de nuestro partido, siempre con la visión de que en esas líneas se reúna nuestro pacto partidista de por vida pero con la visión de futuro.

Algo compartimos Vente y el Partido Nacional: nuestra juventud goza de autonomía y en cada espacio de toma de decisión hay un lugar para los jóvenes, con voz y voto. En lo interno siempre buscamos mayor participación y nuestra visión cada vez es más crítica y respetada. Pero en algo también hay diferencias: la elección y práctica política de jóvenes en Uruguay se dan en medio de la estabilidad democrática del país, y el accionar político de Vente Joven se ha desarrollado en una lucha contra un régimen violador de derechos humanos. Muchos de nuestros miembros han sido privados de libertad, heridos, perseguidos y torturados. Es en medio de protestas por la libertad que hemos crecido. En ambos partidos hay un valor superior que nos mueve: la libertad, razón de luchas —en distintas épocas— de líderes como Wilson Ferreira Aldunate y María Corina Machado.

La democracia es un atleta de alto rendimiento que sin ejercicio pierde sus capacidades, fortalezas y cuyos músculos pueden atrofiarse por el sedentarismo. El ejercicio que hicieron los más de 65.000 jóvenes del Partido Nacional es ejemplar para la juventud de todos los partidos políticos de América Latina. Ver a los adultos, incluso al presidente del Partido, trabajando en una mesa de votación por los jóvenes deja mucho que decir del futuro y responde a lo que la ciudadanía, cada vez más inconforme, precisa: espacios de participación inclusivos, renovados, formados y que den garantía de que el futuro es mejor, pues en el presente se está trabajando duro para ello, pues la gente aún tiene ganas de participar pero no si las ofertas son las mismas de siempre, hechas por los voceros de toda la vida.

El reto del Partido Nacional, de Vente Venezuela y de todos los espacios políticos latinoamericanos que aspiren a sobrevivir a la nueva era y llegar al poder no solo es coadyuvar a que los ciudadanos sean más libres, a tener gestiones más eficientes y partidos modernos, es también hacer política para los millennials, una generación más exigente, con mentes abiertas y que están a un clic de la historia.

 

Miguel Ángel Martínez | @MartinezMiguell
Abogado. Afiliado al Partido Vente Venezuela y miembro de la red #SomosLAKas