Por Fernando Albán, claudicar no es una opción

«Fernando nunca pasó de largo ante la injusticia… Fernando era un hombre de fe. Cristiano fiel. Abierto a la esperanza. Jamás… óigase bien, JAMÁS hubiese atentado contra su vida». Fueron las palabras del diputado Miguel Matheus en su intervención a propósito de la presentación del acuerdo parlamentario en condena del secuestro, tortura y asesinato del concejal Fernando Albán.

Fernando Albán | Foto: Facebook

«Hacemos del conocimiento de toda la comunidad nacional e internacional que el concejal del Municipio Libertador de Caracas Fernando Albán era un hombre de sólidos valores cristianos y compromiso con los pobres… La información dada hoy por el fiscal general de la República nos deja perplejos y llenos de dudas razonables ante la tesis de un supuesto suicidio no corroborado por una investigación profunda y objetiva. […] Hombre comprometido con la acción social de la Iglesia Católica. […] Hasta ayer se conoció que estaba sereno y tranquilo —inclusive— envió directrices a su equipo para que se mantuviese trabajando en favor de los más pobres», agregó la Arquidiócesis de Caracas en un comunicado oficial.

Sus amigos, familiares y quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo no tardaron en manifestar que de Fernando podrían esperarse muchas cosas, pero jamás claudicar. Su fortaleza espiritual, su testimonio de vida y lucha no dejaron margen de duda.

Pero por si todo esto fuera poco, la dictadura bolivariana de Nicolás Maduro no tardó en contradecirse en la versión oficial de los hechos dejando claro quiénes son los responsables de tan lamentable perdida.

Albán había estado en Naciones Unidas una semana antes de su muerte, denunciando, junto a una delegación, los abusos cometidos por el régimen de Maduro. El día viernes 5 de octubre, a su regreso, fue detenido en el aeropuerto de Maiquetía. En realidad fue secuestrado, una detención ilegítima y sin el debido proceso. «Las formas» hace rato que dejaron de cuidarse por allí.

El día sábado Fernando logró comunicarse con su esposa y le comentó que lo imputarían por traición a la patria y magnicidio, pues lo vincularon con otro hecho fantasioso de la dictadura de Maduro, el «atentado» en el que un drone «explotó» ante el tirano en un acto oficial. No hace falta ser perito ni muy experto, basta con ver el video, para notar lo absurdo de ese montaje, que sirvió además de excusa para detener a Juan Requesens, un joven diputado opositor privado de libertad hace más de dos meses, justo después de haber dado un enérgico discurso en la Asamblea Nacional, en donde repitió una y otra vez «Yo me niego a rendirme», en consonancia con el discurso de todos los líderes opositores venezolanos.

El día lunes Tarek Willian Saab, fiscal general de Venezuela informó que Albán se había suicidado arrojándose del décimo piso del SEBIN, luego de haber pedido permiso para ir al baño. Minutos más tarde, el ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol, escribió en su cuenta de Twitter que «encontrándose en la sala de espera del SEBIN, (Albán) se lanzó por una ventana de las instalaciones», evidenciando que la verdad de lo ocurrido estaba siendo escondida.

Foto: Guillermo Suárez

Foto: Guillermo Suárez

La muerte de Albán es una de los cientos de injusticias que se cometen a diario en Venezuela por quienes, no contentos con todo lo que han abusado y robado, se empeñan en someter a un pueblo, arrancándole hasta lo más básico, para que solo piense en qué comer y cómo vivir el día siguiente. La crisis humanitaria de Venezuela no es causada por mentes incapaces; es causada por almas despiadadas. No es que les falló el plan: les salió tal cual lo previeron. Es un monstruo que se alimenta de las desgracias, las necesidades, el exilio y el dolor.

Hay una sociedad que resiste, dentro de sus fronteras y fuera de ella. Hay una oposición que aun con las diferencias propias de tan compleja situación, se mantiene unida y se prepara para una transición. También hay un continente al que ya le tocó entender que tantas injusticias traspasan los límites territoriales y llegan a nuestros países encarnados en más de cuatro millones de migrantes que buscan un mejor porvenir.

Pero falta determinación e insistencia. Necesitamos que la comunidad internacional no deje margen de duda. Necesitamos que no se pase de largo una sola injustica más. Que, así como lo hizo Albán durante toda su vida, nuestros países den una muestra clara, con testimonio, denuncia y lucha, de que en la construcción de un continente democrático y libre, claudicar no es una opción.