La respuesta de la ciudadanía venezolana a la reciente consulta plebiscitaria organizada por la oposición ha sido inequívoca en favor de la libertad y la democracia.

Marco Antonio Adame junto a Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, en la jornada de consulta soberana, 17 de julio de 2017

Marco Antonio Adame junto a Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, en la jornada de consulta soberana, 17 de julio de 2017

Alegre y participativa, intensa y comprometida, pacífica y esperanzadora, así fue la inédita jornada de consulta soberana por la libertad y la democracia en Venezuela que se celebró el pasado 16 de julio.

Como testigo presencial, en mi calidad de observador internacional, pude constatar la fe democrática de un pueblo puesta en movimiento para organizar, con singular eficacia, una consulta plebiscitaria en la que más de siete millones de venezolanos, en el territorio nacional y alrededor del mundo, votaron por el a fin de rechazar la espuria convocatoria de Nicolás Maduro a una Asamblea Nacional Constituyente, para defender la Constitución y para renovar los poderes mediante elecciones libres.

La jornada se preparó en unos cuantos días y contó con la participación de más de 50.000 voluntarios, quienes, con la participación preponderante de jóvenes y mujeres, hicieron funcionar 1776 centros soberanos de votación donde se emitieron en tiempo récord las boletas de votación. Durante mi recorrido por plazas y parroquias de distintos barrios de Caracas, me percaté de los cuidados y el respeto a los votantes, en especial a los adultos mayores; lo que vi fue estremecedor, sin precedente para mí y para otros observadores, no solo por la agilidad para sufragar sino por el espíritu, la dignidad y la convicción democrática que posee el pueblo venezolano y que ha puesto de manifiesto en las calles, en los centros de votación y en la comisión organizadora y de garantes, estos últimos rectores de universidades venezolanas autónomas.

Pasada la consulta, las preguntas obligadas apuntan a las consecuencias para el presente y el futuro democrático de Venezuela. Por lo pronto, el plebiscito confirma la legitimidad de las demandas, ya históricas, que exigen la celebración de elecciones, la liberación de los presos políticos y la apertura de un canal humanitario para apoyar a la población más necesitada. Adicionalmente, la pérdida de legitimidad del gobierno y la amenaza de una Asamblea Nacional Constituyente para destituir a la Asamblea Nacional vigente, hace necesaria e inminente la renovación democrática de los poderes.

En esta hora crucial para este país hermano, es indispensable el apoyo de las naciones y de los organismos internacionales para reconocer la consulta y su resultado a fin de exigir que se cancele la Constituyente de Maduro. Mientras tanto, las acciones de resistencia continúan, como la exitosa huelga nacional que paralizó al país el pasado 20 de julio.

De no ceder a la voluntad popular, única depositaria de la soberanía, el gobierno venezolano expone a la población a mayores tensiones y violencia, y al país a sanciones políticas definitivas. En nombre de los derechos humanos fundamentales y la justicia debida, todos deseamos que el gobierno recapacite y que abra paso a la agenda democrática que merece Venezuela. Solo así se alcanzará la anhelada paz.

 

Marco Antonio Adame Castillo | @MarcoAdame
Coordinador de Asuntos Internacionales del Partido Acción Nacional de México