Saber lo que comemos. El derecho al etiquetado nutricional de los alimentos

En Uruguay, el pasado año el Gobierno decidió avanzar en la formulación de un etiquetado frontal de los alimentos. Esta propuesta buscaba orientar al consumidor, de forma rápida y eficiente, sobre si el producto aporta valores excesivos de calorías, azúcares, grasas o sodio. Algo que parecía ser un cambio prometedor, quedó en suspenso. Desde finales del 2017 este proyecto reposa en el escritorio del presidente Tabaré Vázquez aguardando por su firma.

Mientras se ignora el impacto y la relevancia que tiene esta decisión, el exceso de peso del uruguayo está aumentando. Hace diez años, uno de cada tres estaba excedido de peso; hoy en día, dos de cada tres se encuentran con un peso corporal por encima del recomendado. ¿Hasta cuándo se hará la vista gorda con estos asuntos? Se han tomado medidas para desalentar el consumo del tabaco y el alcohol. ¿Por qué no hacer lo mismo con algo tan básico y cotidiano como lo son los alimentos industrializados?

Para la determinación de los criterios del etiquetado, en Uruguay se optó por seguir las recomendaciones que establece la Organización Panamericana de la Salud en su documento «Perfil de nutrientes». La presentación de los productos industriales desafía el desconocimiento de quien no domina estos conceptos. Es de suma importancia que el consumidor logre comprender y pueda interpretar la información nutricional de los productos. Numerosos estudios avalan esta afirmación: quienes leen y comprenden el etiquetado nutricional tienden a elegir con mayor frecuencia productos saludables.

El ciudadano común generalmente desconoce qué contienen los productos o no sabe cómo interpretarlos. Elegir productos porque presentan los descriptores «light», «sin gluten» o «libre de colesterol» no garantiza que sean de una adecuada calidad nutricional. Casi siempre, estas declaraciones responden más a una estrategia de marketing que a cuestiones nutricionales.

La alimentación es un derecho; estar informados sobre lo que estamos comiendo, también.

Si se implementaron medidas disuasivas del consumo de productos no esenciales como el tabaco, entonces un camino similar debería buscarse con los alimentos y las bebidas que impactan en nuestra salud.

Alimentarse inadecuadamente enferma y afecta nuestra calidad de vida.

Leer y comprender el etiquetado debe dejar de ser algo complejo y tedioso. El consumidor debe acceder con facilidad a la información nutricional. Para lograr esto, es necesario regular la publicidad e incluir el etiquetado nutricional frontal en los productos industrializados.