Un puente de esperanza

«Guárdate tu miedo y tu ira porque hay libertad, sin ira, libertad», cantaban los jóvenes españoles en 1976 en pleno periodo de transición sin saber muy bien qué les depararía un futuro al que miraban inquietos pero ilusionados. Hoy también estamos en transición. Una transición distinta a la de aquellos días pero con un denominador común: la incertidumbre.

Puente Romano de Salamanca, España | Foto: Castellar Granados

Puente Romano de Salamanca, España | Foto: Castellar Granados

Las transiciones no son necesariamente periodos de inestabilidad. Implican el agotamiento de un modelo y la necesidad de mutar hacia algo nuevo; algo que se adapte a los imperativos que rigen las transformaciones políticas y económicas de un mundo en constante transformación. No todo puede perdurar para siempre, pues eso conllevaría que no evolucionaríamos como sociedad y nuestro tejido acabaría erosionando. Al igual que los sistemas socioecológicos, la sociedad posee un carácter adaptativo. En esencia, el cambio es bueno. Como canta un uruguayo, «si quieres que algo se muera, déjalo quieto».

Hoy nos encontramos en transición. Sin embargo, no es la primera vez que la sociedad en su conjunto se enfrenta ante una época de cambios inciertos. Sin ir más lejos, hace 40 años, tanto en España como en América Latina, nuestros padres y abuelos se lanzaban temerosos hacia una transformación incierta que no sabían qué les depararía. La diferencia es que, mientras que en el pasado recibían esperanzados esa incertidumbre abrazando la conciliación, hoy, temerosos ante el cambio, confiamos en quienes pretenden enemistarnos y arrebatarnos el estandarte más valioso de nuestra historia: la democracia.

Para Alexis de Tocqueville la democracia, además de constituir una estructura política, también debía entenderse como un estado social. En medio de una época de transición y tensiones entre el conservadurismo del Antiguo Régimen y un liberalismo incipiente, Tocqueville miraba ilusionado hacia Estados Unidos, soñando con poder aplicar ese modelo que combinaba la igualdad con la libertad individual también en Europa. Hoy, la democracia está en crisis y los ánimos para defenderla parecen haberse escondido tras otras épicas de tintes populistas y nacionalistas.

Los que defendemos el centro somos tachados de monótonos e inapetentes por los defensores de los extremos, quienes hoy se postulan como los únicos merecedores de legitimidad. Sin embargo, ahora más que nunca es cuando los demócratas debemos unirnos e ingresar en este nuevo capítulo de la historia con seguridad. Por eso, desde Diálogo Político recibimos la incertidumbre de esta época de transición con esperanza y es bajo esta tónica que tuvo lugar hace unos días en Uruguay nuestro taller estratégico de redacción.

Queremos reafirmar el compromiso democrático

En esta nueva etapa de la historia se nos presenta gran oportunidad para reafirmar lo que como demócratas es nuestra responsabilidad. La democracia es una creencia militante y combativa. «La tradición democrática es activista», escuchamos en el debate ¿La democracia sigue vigente? donde presentamos la nueva edición de nuestra publicación. Así, como humanistas debemos movilizar nuestra identidad democrática y, para ello, debemos ser conscientes de que como ciudadanía, la combinación de unidad y pluralidad en los objetivos genera poder.

Buscamos la reflexión profunda

No pretendemos ser meros transmisores de información. No somos un medio de efemérides sino un canal que busca incitar la reflexión y el pensamiento crítico. Queremos formar mentes dispuestas a mirar con confianza ante la inseguridad de lo incierto. Buscamos cerebros inquietos. Aquí caben todos. Los jóvenes que se lanzan al abismo de la hoja en blanco por primera vez. Los que cantaban «libertad sin ira» en el 76. Los que somos testigos de cómo los extremistas crecen en las encuestas de nuestros países. Todos tenemos algo en común: amamos la democracia y no estamos dispuestos a dejarla caer. Tenemos la misión de sembrar la semilla de la inquietud en nuestros lectores y, para ello, nuestra arma es la pluma. Un arma que no dispara ira, solo conocimiento.

Apostamos por el centro

Mientras que los extremos crecen en intención de voto con discursos fervientes y provocadores, nosotros preferimos la moderación y la centralidad, aunque eso suponga que nos observen como neandertales. Adoptamos una postura moderada y, como aprendimos en el taller realizado en el Instituto SARAS, queremos ser un puente que una caminos diferentes pero al mismo tiempo los ayude a dialogar. Somos conciliadores y amparamos la libertad; una libertad que no es antónimo de igualdad, tal y como Tocqueville entendía la verdadera democracia. Queremos gritarle al centro que nosotros confiamos en él, que no hay razón para esconderse. Nuestro diálogo es político pero también consensual. Para nosotros, la política está en el centro y en el centro está la democracia.

No somos comerciantes de la desesperanza

Diálogo Político es una ventana a América Latina y, como tal, queremos que los que se asomen a ella encuentren motivos para la esperanza. Queremos que los que transiten nuestro puente lo hagan apreciando el paisaje y entendiendo que en la incertidumbre también cabe el entusiasmo. Nos lo demostraron en el pasado: «guárdate tu miedo y tu ira porque hay libertad» entonaban los españoles, «la alegría ya viene» gritaban los chilenos. ¿Por qué no rescatar ese ánimo también en esta, nuestra transición? Desde esta plataforma no queremos comerciar con la desesperanza sino enseñar que debemos vivir con alegría en el presente y confianza en el futuro.

Por eso, desde el equipo de redacción de esta publicación animamos a transitar nuestro puente. Un puente que une América Latina con Europa, a los jóvenes con los adultos, a la ciudadanía con la verdad. Esto es Diálogo Político, un espacio donde intercambiar reflexiones y recibir, sin ira, pero con libertad e ilusión, esta nueva época de transición. Bienvenidos a este puente de esperanza. ¡Viva la democracia!

 

* En memoria de Claudio Agurto, colega y compañero que nos ayudó a construir nuestro puente y nos enseñó a enfrentar la incertidumbre con alegría.