Cuando el 10 de agosto de 1836 el presidente constitucional Manuel Oribe decretó que las fuerzas defensoras de las instituciones llevaran una divisa blanca en sus sombreros o en sus frentes con la inscripción «Defensores de las leyes» para enfrentar a los golpistas que se agrupaban bajo el mando del general Rivera en la batalla de Carpintería, dudo de que haya imaginado que estaba firmando la carta de nacimiento de uno de los partidos políticos más longevos y fuertes del mundo occidental, el Partido Nacional.

Jóvenes del Partido Nacional de Uruguay | Foto: Castellar Granados

Jóvenes del Partido Nacional de Uruguay | Foto: Castellar Granados

De los 192 años de vida independiente de nuestro país, 181 se desarrollaron bajo el influjo de la lucha de sus partidos políticos, que se convirtieron prontamente en los pilares fundamentales sobre los cuales se fue moldeando una cultura cívica y democrática que es un distintivo fundamental hasta el día de hoy del Uruguay.

Naturalmente que el devenir histórico de la novel república, nacida del choque de intereses y fuerzas imperiales y coloniales, no estuvo exento de turbulencias; de hecho fueron esas luchas intestinas, violentas y apasionadas las que le dieron forma a la identidad nacional que, como si se tratara de una lógica existencialista, no precedía al nacimiento de la patria sino que fue su consecuencia.

El último tramo del siglo XIX y los albores del XX estuvieron marcados por las luchas revolucionarias, que fueron sucediéndose en diferentes momentos y que sentaron las bases que hasta hoy definen los principios sobre los que se sostienen los partidos de Oribe y de Rivera.

Este clima de agitación intestina es un caldo de cultivo para una juventud finisecular deseosa de romper los moldes conservadores al extremo heredados por la oligarquía naciente de los viejos aristócratas coloniales. La influencia de las ideas llegadas de una Europa que comenzaba a convulsionarse y de la América continental con sus movimientos independentistas ya maduros, forjaron una juventud absolutamente compenetrada con la realidad nacional. El militarismo colorado generó una masiva adhesión de los jóvenes al Partido Nacional que, aunque se caracterizó por un fuerte principismo ilustrado, tomó parte y fue la vanguardia de las revoluciones saravistas de 1897 y de 1904.

Conquistada la paz en el naciente siglo y abandonados los métodos decimonónicos de enfrentamiento, la tribuna política fue copada por una camada de jóvenes nacionalistas que, como Herrera, Acevedo, Ramírez, Ponce de León o Roxlo, fueron llamados a liderar al partido en la primera mitad del siglo XX.

Muerto Herrera y abandonadas las pasiones revolucionarias, la segunda mitad del siglo XX fue la cuna de una naciente juventud que cambió por completo el rumbo de la lucha política, apuntando a la preparación de cuadros dirigenciales capaces de liderar un país que luchaba por lanzarse a la modernidad y convencido de que la vía democrática era la única alternativa.

El golpe de Estado del 73, en manos del presidente colorado Juan María Bordaberry y las fuerzas armadas, sumergió al país en un período de oscurantismo y de veda a la actividad política legal. Pero como por la libertad lucharon los partidos desde la fundación misma de la patria, este nuevo escenario de violación de la Constitución y de la libertad no hizo más que impregnar el alma de los jóvenes nacionalistas de un deseo de lucha para recuperar las libertades perdidas conjuntamente con la democracia.

Superado el trance de la hora más aciaga del país y recuperado nuevamente el pleno goce de los derechos y libertades cívicas, la democracia se consolida en el Uruguay y nuevamente se transforma en ejemplo para la región y el mundo.

Entrado el siglo XXI, los jóvenes nacionalistas entienden que es hora de organizarse y de crear un espacio de participación política ajeno a las influencias de la política tradicional, que se hace necesario e imperioso superar. En el año 2007, con el aval y el impulso de los líderes partidarios se convocaron las primeras elecciones de jóvenes del Uruguay, y más de 50.000 nacionalistas de entre 14 y 29 años eligieron a sus representantes en todo el país.

El nuevo camino emprendido por la juventud del Partido Nacional fue ganando espacios y consolidándose notoriamente hasta llegar al año 2012, cuando se convocaron las segundas elecciones generales, se renovaron las autoridades departamentales y nacionales de la Juventud y esta pasó a integrar el máximo órgano de decisión del Partido, el honorable Directorio Nacional.

El cambio más importante y profundo que ha logrado este proceso es haber instalado en el país una tribuna de opinión, formación y participación de cuadros políticos jóvenes, como no se veía en el país desde comienzos del siglo XX. Actualmente, la juventud del Partido Nacional se ha convertido en una referencia ineludible a la hora de marcar posicionamientos en todos los temas inherentes a la sociedad. A través de su presidente, el economista Gonzalo Baroni, se ha instalado una nueva visión sobre el quehacer político sin ningún tipo de tabúes ni de vedas, generando discusión y formando opinión en todos los temas de la agenda política.

El próximo 2 de setiembre los jóvenes nacionalistas de entre 14 y 29 años volverán a concurrir a las urnas para renovar sus autoridades. Más de 22.000 candidatos integran las listas que en todo el país buscarán un lugar para representar a tantos otros jóvenes que hoy han sido olvidados y silenciados por un gobierno avejentado y carente de ideas.

En tiempos donde se habla de una «crisis» de participación, son los jóvenes del Partido Nacional los que salen, una vez más, casi como cumpliendo con un mandato histórico que está en la esencia misma de esta fuerza política, a demostrar que la juventud del nuevo siglo está más activa y presente que nunca y que son las formas de participación tradicionales las que tienen que cambiar para que podamos seguir construyendo democracia entre todos.

Las condiciones del continente americano son propicias para que se repliquen este tipo de experiencias porque a lo largo y ancho de nuestro continente hay miles de jóvenes capacitados, preparados, interconectados y seguros de que son ellos quienes deben incidir en la transformación de sus países.

A pesar de que nuestras realidades son muy distintas, hacemos el llamado para que sigan con atención el camino que han transitado los jóvenes del Partido Nacional del Uruguay y que sea esta una herramienta más para luchar por una libertad y una democracia que, aunque sean firmes en nuestro pequeño país, tambalean en muchos lugares del continente.

 

Diego Silveira Rega | @Diegosilveirar
Director de la Comisión Nacional de Jóvenes del Partido Nacional de Uruguay