La revolución de los vices

Cristina Fernández (Frente por Todos) y Miguel Ángel Pichetto (Juntos por el Cambio), precandidatos a la vicepresidencia de Argentina | Fotos: Flickr, WikiCommons.
Cristina Fernández (Frente por Todos) y Miguel Ángel Pichetto (Juntos por el Cambio), precandidatos a la vicepresidencia de Argentina | Fotos: Flickr, WikiCommons.

Luego de una larga pasarela de alianzas teóricas y fotos bienintencionadas, Argentina definió los espacios políticos que aspiran a la presidencia. La concreción de las fórmulas, particularmente la elección de los candidatos a la vicepresidencia, viene marcando el ritmo del ciclo noticioso.

Cristina Fernández (Frente por Todos) y Miguel Ángel Pichetto (Juntos por el Cambio), precandidatos a la vicepresidencia de Argentina | Fotos: Flickr, WikiCommons.
Cristina Fernández (Frente por Todos) y Miguel Ángel Pichetto (Juntos por el Cambio), precandidatos a la vicepresidencia de Argentina | Fotos: Flickr, WikiCommons.

Primero fue el anuncio de Fernández-Fernández, luego la elección de Miguel Ángel Pichetto como compañero de fórmula del actual presidente. Dos jugadas simétricas que causaron revuelo político y tuvieron una alta repercusión mediática. Sin embargo, su impacto concreto en la elección resulta más difícil de apreciar y requiere espera.

¿La elección de las fórmulas tendrá impacto en la intención de voto? Rara vez un candidato a vicepresidente sirvió para dinamizar el caudal electoral de un espacio político. El caso excepcional fue la elección de Chacho Álvarez como compañero de Fernando De la Rúa en 1999. Pero el contexto actual es diferente. Hasta este punto, la selección de los candidatos se ha llevado a cabo no tanto pensando en la opinión pública, sino contemplando la construcción política. En el caso de Pichetto, el dato esencial es que el senador cuenta con muchos años de experiencia política y un amplio abanico de relaciones de las que el presidente carece. Para sus defensores es un hombre de Estado, y para los críticos es alguien que ha estado con todos. El discurso de la necesidad política, en el interior de Cambiemos, plantea que Pichetto transmite un gesto de apertura a otros espacios y brinda un reaseguro de gobernabilidad.

Estas intenciones muestran cierto paralelismo con la elección de Alberto Fernández en la vereda de enfrente. La búsqueda de una fórmula que aporte moderación parte de un diagnóstico compartido de que el próximo gobierno necesitará un despliegue más amplio para construir consensos. Esta despolarización de la política tiene dificultades para concretarse más allá del discurso, ya que a los efectos prácticos las dos fórmulas mayoritarias han servido para licuar el espacio del centro.

La hipótesis actual es que los dos grandes polos electorales (Frente por Todos y Juntos por el Cambio) irán aspirando lentamente la intención de voto del tercer espacio. Es una estrategia magnética, adaptada al sistema electoral argentino, que consta virtualmente de tres vueltas. Entre turno y turno electoral, se buscará recolectar los frutos de los árboles caídos. Vamos así a una elección de dos frentes y medio, en las primarias de agosto, para llegar en octubre a dos frentes y un cuarto. La pregunta en estos días es cuál es la utilidad del tercero en discordia; el oficialismo prefiere que la tercera fuerza subsista, como tapón necesario para restarle votos a la oposición; la oposición prefiere que desaparezca.

Cualquiera sea el caso, la estrategia está marcada por la restricción de opciones y por el armado político antes que la apelación a la ciudadanía. Centrada en reducir la oferta antes que ampliar la demanda. Estrategia amparada en un sistema electoral que favorece la coordinación de la oferta y el voto estratégico. El corset institucional aprieta y fuerte.

Fuera de los pasillos de la política, donde las fórmulas presidenciales fueron recibidas con euforia y detallados análisis tácticos, el contexto electoral que prevalece está marcado por la desilusión, hastío e indiferencia. Las alternativas electorales resultan poco atrayentes, y la intención de voto se ordena más por antipatías que por simpatías. No hay opciones para todos los gustos; de hecho, hay muy pocas opciones para muchos gustos.

La clase dirigente, una vez más, se apalanca en la restricción del mercado político. Las mismas estrategias dirigidas —al menos, en teoría— a cerrar la polarización no han hecho más que acentuarla, y el tercio neutral de la sociedad se verá obligado a elegir entre un pasado que no lo entusiasma y un presente que lo decepciona. Dos opciones subóptimas, pero las únicas que se presentan con posibilidades de ganar. Una campaña que deja sabor a poco y que se encamina a una elección residual.