Uruguay: el camino a las internas partidarias y las dificultades del oficialismo

El reciente índice de The Economist Intelligence Unit’s Democracy Index para 2018 confirmó a la República Oriental del Uruguay como la democracia plena con mayor desarrollo en América Latina. Este ranking basado en indicadores relacionados a la participación política, libertades civiles, cultura democrática, funcionamiento del gobierno y procesos electorales, que establecen una valoración del cero al diez, ubicó al pequeño del Sur con 8,38 puntos, en el puesto 15 de las 20 democracias plenas del mundo.

Este anuncio, que fue recibido con beneplácito por la clase política uruguaya, sirve de espaldarazo para que el país se plantee metas a largo plazo acompañado de su arquitectura institucional fuertemente afianzada en valores republicanos tradicionales y en un sólido sistema de partidos que destaca entre los más antiguos. Sin embargo, a pesar de que Uruguay cuenta con esta calificación que lo distancia enormemente de las democracias del vecindario, y que solo consigue parecido con Costa Rica, que está detrás con 8,07 puntos del ranking, tiene diversos retos en su agenda que han venido marcando el debate político a medida que se acercan las elecciones internas partidarias fijadas para el 24 de junio de 2019.

El Frente Amplio (FA), coalición progresista que aglutina a casi toda la izquierda y centroizquierda uruguaya, ha gobernado ininterrumpidamente los últimos 15 años con mayorías parlamentarias y un apoyo popular relevante fundamentalmente en Montevideo, capital que cuenta con la mitad de la población del Uruguay. En el interior, el FA cuenta con 6 de las 19 intendencias departamentales; el Partido Nacional, principal referente de la oposición con 12; y el Partido Colorado con una. No obstante, el contexto para el próximo evento electoral que decidirá la Presidencia, Vicepresidencia y la formación de ambas cámaras del Parlamento nacional, es el menos alentador para el oficialismo desde llegó al poder en 2005. Ante eso, la oposición se ha plantado con una agenda crítica y generando una movilización de la opinión pública alrededor de temas difíciles de responder por parte del gobierno.

De cara a las internas partidarias

El oficialismo ha votado un plan conjunto de gobierno para el periodo 2020-2025 y cuatro candidatos se disputan la interna: el actual intendente de Montevideo, Daniel Martínez; la exministra de Industria y Energía, Carolina Cosse; el exministro de Economía y Finanzas, Mario Vergara; y el líder del sindicato de trabajadores de la construcción, Óscar Andrade. Luego de que se confirmara que el expresidente José Mujica no competiría en la interna frenteamplista, y que quedara descartada la participación del exvicepresidente y actual ministro de Economía Danilo Astori, por primera vez en 15 años ninguno de los grandes referentes de la coalición progresista correrá en la interna.

La oferta opositora al gobierno es sumamente diversa; sin embargo, son pocos los que se perfilan como reales contendores a relevar a la administración progresista. Haré un repaso por los principales nombres en la palestra. El Partido Nacional (PN), principal referente, cuenta con la candidatura de su anterior contendor, el senador Luis Lacalle Pou, que aglomera nuevamente un apoyo destacable en la interna de su organización. Le sigue el senador Jorge Larrañaga, quien acompañó como candidato a vicepresidente al anterior en la fórmula que compitió en 2014. Los dos mencionados concentran la atención de la interna nacionalista, pero existen otras figuras que se presentaron a la primaria: el exdiputado Carlos Lafigliola, el intendente del departamento de Maldonado, Enrique Antía, y el empresario Juan Sartori, que acaba de sumar el apoyo de la excandidata Verónica Alonso.

En el Partido Colorado (PC), la interna se encuentra disputada por el expresidente de la República, Julio María Sanguinetti, el economista Ernesto Talvi y el senador Jorge Amorín Batlle, con una actuación sobresaliente del primero toda vez que su popularidad lo ha posicionado como una opción con grandes expectativas de triunfo. El Partido Independiente (PI), que congrega a exdirigentes demócratas cristianos y socialdemócratas que operan principalmente en el Poder Legislativo, lleva nuevamente la candidatura del senador Pablo Mieres, recientemente separado de la coalición La Alternativa, una plataforma creada en noviembre de 2018 por el PI, los sectores ex-PC Batllistas Orejanos y Avanza País, y Navegantes, integrado por dirigentes ex-FA.

El resto de los partidos que han presentado candidaturas son: el Partido de la Gente (PG) con el empresario Edgardo Novick; el Partido Ecologista Radical Intransigente con el dirigente de izquierda Carlos Vega; el Partido de los Trabajadores con el sindicalista Rafael Fernández; el Partido Asamblea Popular (alianza de sectores radicales de izquierda Unidad Popular) con el profesor e historiador Gonzalo Abella; y Cabildo Abierto, recientemente fundado y que lleva la postulación del polémico militar Guido Manini Ríos, ex comandante en jefe del Ejército destituido por el presidente Vázquez a principios de abril de este año.

El diálogo Sanguinetti-Lacalle Pou

En diciembre de 2018, Sanguinetti, quien no había anunciado formalmente su candidatura, distinguió a Luis Lacalle Pou luego de una reunión entre ambos, como «prepresidente». El hecho no pasó bajo la mesa y generó diversos comentarios en la prensa y en la esfera política. Sanguinetti dejaba entrever que su sector dentro del PC podría conseguir un eventual acuerdo con el senador nacionalista. En marzo de 2019, el dos veces presidente del Uruguay anunció formalmente su candidatura en la interna colorada y se posicionó rápidamente como favorito. No ha sido muy difícil para analistas y observadores aventurar una hipótesis de posible coalición entorno a la figura de ambos dirigentes para suplir al FA en el poder. No obstante, para esta definición hace falta el resultado final de las internas partidarias el próximo 30 de junio.

Los outsiders

Aun en el republicanismo uruguayo existen las candidaturas outsiders y, más allá de ser testimonio del momento, buscan abrirse un espacio en el sistema político como expresión de un sector de la población que no comulga con los partidos o con la vieja política. Así, el empresario Juan Sartori, que ha confesado no haber votado nunca en una elección dentro de su país, donde además la Constitución establece el voto obligatorio, ingresó al PN para presentar su candidatura, cumpliendo con los requisitos exigidos y logrando una visibilidad notoria en la prensa que lo ha llevado a generar incomodidades y controversias en su nueva organización política. Por otro lado está el empresario Edgardo Novick quien, siendo ajeno al tradicionalismo partidario, pudo competir por el cargo de intendente de Montevideo en 2015 con el Partido de la Concertación y que ahora desde el PG busca ganar espacio. Ambos tienen la intención de conseguir bancas en el Parlamento para su sector y, de lograrlo, pueden terminar generando nuevas dinámicas en las Cámaras incorporando nuevos grupos a la discusión y los acuerdos. Por último se sumó Manini Ríos a este grupo de candidatos fuera del sistema de partidos tradicionales. Este hecho ha traído vientos de diversas latitudes en un país donde el recuerdo de la dictadura militar sigue presente.

Partidos en campaña, Montevideo, 20 de abril de 2019 | Foto: Ángel Arellano
Partidos en campaña, Montevideo, 20 de abril de 2019 | Foto: Ángel Arellano

El oficialismo ante la elección

Algunos puntos que considero prioritarios para comprender el escenario planteado en el marco de las primarias: desgaste de la gestión de gobierno, escasa oferta programática electoral oficialista, contexto económico complejo, aparición de nuevas figuras y el papel del gobierno uruguayo en la crisis política y humanitaria de Venezuela.

1. Desgaste de la gestión de gobierno: 2018 cerró con una disminución considerable en la popularidad de la fuerza política gobernante, cuatro puntos porcentuales por debajo del Partido Nacional que gozaba de un 34%. Salvo el Partido Colorado (11%), el resto de las organizaciones con candidatos presidenciales (Partido Independiente, Partido de la Gente y Unidad Popular) sumaban apenas 5% entre todos. En marzo de 2019 el FA tuvo una ligera recuperación; sin embargo, no existen grandes diferencias con su principal contendor. En el actual momento las internas partidarias tienen referentes claros, y, aunque los segundos lugares han tenido movimiento, las diferencias en los sondeos permiten inferir que los líderes podrían mantenerse como favoritos hasta junio: el senador Luis Lacalle Pou en el Partido Nacional, el intendente de Montevideo Daniel Martínez en el Frente Amplio y el expresidente Julio María Sanguinetti en el Partido Colorado. Sin embargo, en medio de este marco de referencia que permite tener un panorama más o menos claro de la primera ronda presidencial, el gobierno luce desgastado: el 20 de diciembre de 2018, una encuesta realizada por Equipos Consultores mostró que la desaprobación del gobierno de Tabaré Vázquez estaba en 51%. Los números pueden variar pero lo cierto es que la administración ha tenido diversos retos que la someten a un constante examen en la opinión pública: el incremento de la inseguridad (las rapiñas aumentaron un 54% y los homicidios un 46%) y la desaceleración económica materializada en el cierre de importantes empresas en Uruguay son situaciones complejas que han incrementado la crítica desde la oposición y diversos sectores de la sociedad. Si bien el gobierno ha organizado algunas iniciativas para afrontarlas, las respuestas son consideradas insuficientes por los bandos adversos, que insisten en solicitar la renuncia del ministro del Interior [1] y la reforma del plan económico. Ante esto último, la respuesta del presidente ha sido muy elocuente: «Es la evolución natural de cualquier país; hay empresas que terminan su vida útil y cierran». Dentro de la fuerza política también se reconocen los problemas. Martínez, el favorito para la interna frentista, lo ha dicho hace poco https://brecha.com.uy/es-un-error-decir-que-la-gestion-es-secundaria/ en un periódico de tendencia izquierdista: «En Uruguay, en los últimos 25 años, ha crecido permanentemente la inseguridad, las rapiñas; ha habido piquitos de disminución frente a medidas puntuales. Pero la tendencia en la nube de puntos, en la asíntota, es que ha habido un crecimiento permanente».

2. Escasez de innovación en la oferta programática: algunos compromisos centrales en el plan de gobierno nacional 2015-2020 no fueron cumplidos. Los más cuestionados son el no incremento de los impuestos que, al contrario, han aumentado considerablemente en este lustro, ubicando a Uruguay como uno de los países más caros de la región, y la promesa de invertir el 6% del PBI en educación dentro del llamado «cambio del ADN de la educación». Sobre esto último, durante el periodo no solo no se llegó al 6% que se mantuvo en el reclamo de sectores sindicales, docentes y estudiantiles, sino que los indicadores de desempeño educativo de Uruguay, fundamentalmente en primaria y secundaria, muestran números preocupantes (60% de deserción en secundaria, por ejemplo). En ese sentido, la oferta programática del gobierno ha estado enfocada en preservar los logros de la agenda de derechos aprobada en los primeros años del FA; empero, en la actualidad se evidencia una escasez en la chispa de antaño para potenciar adhesiones y proponer innovaciones. Ahí se ha anclado parte del discurso de la oposición: el gobierno «se quedó sin agenda». Un ejemplo claro es la disposición oficial a rehabilitar una parte de la línea de transporte férreo, gasto público mediante, para la instalación de una segunda megaplanta de producción de celulosa de la finlandesa UPM como única macropropuesta para la creación de puestos de empleo. Por el contrario, existen resistencias de movimientos ambientalistas y vecinales que no apoyan la idea y plantean al gobierno un escenario de conflicto lleno de complejidades.

3. Contexto económico: aunque el desempeño económico de Uruguay ha sido positivo en los últimos años, con un crecimiento que resalta en medio de la difícil situación que atraviesa el vecindario y un sistema financiero estable que ha mantenido los indicadores macroeconómicos controlados, existen tres elementos preocupantes para el gobierno: deterioro del empleo (desempleo en 8,7%), poca inversión privada (crecimiento del PBI previsto en 1,9%) y elevado déficit fiscal (4% del PBI, el mayor en un par de décadas). Este panorama exige al Ejecutivo pensar en medidas que le permitan subsanar el déficit e impulsar el empleo y la inversión. El año electoral inició y al momento poco se ha dicho al respecto. Uruguay es considerado como un país muy caro. El alto costo del combustible, la carga impositiva sobre las personas y las empresas, el elevado gasto público y el incremento de la deuda pública son discusiones que afloran en las internas partidarias y que seguramente estarán en el centro de la campaña.

Dos ejemplos transparentes de las dificultades en el país son el descenso del turismo y la crisis del agro, los dos sectores más importantes en términos de ingreso. El cierre de algunos vuelos desde y hacia Montevideo que han decidido algunas aerolíneas por considerar baja la rentabilidad de operar en Uruguay en virtud de los altos precios, y el surgimiento de un movimiento social diverso (Un Solo Uruguay o autoconvocados), que reclama mejoras económicas para la producción en el campo, son signo del momento.

4. Nuevas figuras en la escena política: como es previsible en el preámbulo de una campaña electoral, nuevas figuras se muestran como opción. Algunos outsiders; otros, partidos nuevos e independientes. Se amplía la oferta electoral: en el lado oficial compiten dos exministros, un dirigente sindical y el actual intendente de Montevideo; en la carrera de la oposición hay senadores, diputados, un intendente, un expresidente, un empresario devenido en político que incursiona por primera vez en la candidatura presidencial con plataforma propia [Partido de la Gente], un militar retirado y un joven millonario que se afilió al Partido Nacional para competir. En el marco de esta elección también aparecen los movimientos sociales, no como promotores de candidaturas (al menos no todavía) pero sí como movilizadores de la sociedad en torno a una causa puntual. En esto último, encontramos a Un Solo Uruguay, que congrega a las asociaciones rurales, cámaras empresariales vinculadas a la actividad agrícola y otros rubros que operan en el campo. Este movimiento crítico con el gobierno es el que ha tenido mayor prensa e impacto en la opinión pública desde su creación el 23 de enero de 2018. No obstante, Uruguay, una de las democracias con un sistema de partidos de los más antiguos del mundo, filtra a los favoritos en tres organizaciones tradicionales: Partido Nacional, Frente Amplio y Partido Colorado. Como hemos afirmado en un texto anterior, no será en esta elección donde se vea un despunte de alguna figura ajena al sistema [2]. La novedad de la elección reside en el rol que juegan las redes sociales. Si bien ya en la campaña de 2014 hubo un uso importante de este canal, en la actualidad es requisito indispensable tener un apoyo en el mundo digital que permita a los candidatos difundir sus mensajes en medio del océano de opiniones provenientes de todos los sectores de la sociedad. [3]

5. Crisis de Venezuela: las posiciones con respecto al rol del Estado uruguayo ante la crisis política y humanitaria que vive Venezuela es un tema que ha ganado relevancia de primer orden y que no solo genera una división oposición-gobierno, sino que dentro de la fuerza política oficial muestra divergencias sobre el papel de Uruguay cuando todo el continente, salvo Bolivia, Nicaragua, Cuba y México, han decidido participar activamente en la condena al régimen de Nicolás Maduro y el apoyo al gobierno interino declarado por la Asamblea Nacional. Sectores del Frente Amplio apoyan a Maduro, otros lo critican pero prefieren una posición neutral, y otros no lo critican y solo respaldan los comunicados oficiales. El gobierno ha tenido varias posturas. El pasado 6 de febrero apoyó el Mecanismo de Montevideo, una propuesta conjunta con México para impulsar un diálogo sin condiciones entre las partes en pugna en Venezuela. Un día después suscribía el acuerdo del Grupo de Contacto establecido con la Unión Europea, en el que se hablaba del proceso de diálogo pero con la condición de convocar elecciones y libres y con garantías. Varias jornadas después, el presidente Vázquez se reunía, sin presencia de la Cancillería, con su par argentino Mauricio Macri para reiterar lo acordado con la UE. Las idas y vueltas sobre el tema Venezuela, tan seguido por la prensa y por la conversación política uruguaya, suma peso al gobierno.

Sin duda, quien gane las elecciones presidenciales tendrá la responsabilidad de formular un plan de acción con reformas que permitan lidiar con varias tareas pendientes como el déficit fiscal, las mejoras en el sistema educativo, la inseguridad y los macroproyectos económicos como el de la eventual instalación de la segunda planta industrial de UPM.

Las internas de cada partido son el escenario para la movilización de la militancia y de aquellos ciudadanos que, motivados por un actor político, acuden a votar. A diferencia del resto de las elecciones en Uruguay, estas no son obligatorias, y ponen a prueba la maquinaria de las organizaciones en la capital y en el interior del país. Algunos analistas afirman que la competencia será muy reñida y que, en virtud de eso, es probable que las encuestas terminen equivocándose.

 

Notas

[1] Eduardo Bonomi es ministro del Interior desde marzo de 2010. Exdirigente del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, participó en la primera administración de Tabaré Vázquez (2005-2009) como ministro de Trabajo.

[2] Arellano, A. (2018). Sociedad y partidos políticos: ¿divorcio o relación en picada?, Diálogo Político, 2018-1, pp. 114-123. con versiones en alemán e inglés publicadas en Auslandsinformationen (nov. 2018).

[3] Destacamos la aplicación móvil VotoUy, proyecto desarrollado por la Fundación Konrad Adenuaer con el apoyo de la Universidad de la República, la Universidad Católica del Uruguay y la Universidad de Montevideo, para seguir el pulso de las internas y las elecciones nacionales.