Santiago Peña: del alineamiento con EEUU a la visibilidad internacional

El presidente paraguayo profundiza el vínculo con los republicanos incluso antes de gobernar. Utiliza este instrumento como una estrategia de proyección internacional, con una reducción del margen de autonomía en favor de mayor previsibilidad política como socio internacional.

Por: Julieta Heduvan 9 Mar, 2026
Lectura: 7 min.
Donald Trump y Santiago Peña. Foto: AFP
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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En un escenario regional donde los países latinoamericanos intentan redefinir cuál es el margen de maniobra posible en un sistema internacional cada vez más hostil y fragmentado, oscilando entre la búsqueda de autonomía relativa y distintas formas de alineamiento estratégico, Paraguay parece ya haber tomado una decisión. En este contexto, la figura de Santiago Peña adquiere una relevancia particular.

Desde la llegada de Santiago Peña a la Presidencia en agosto de 2023, la política exterior paraguaya ha atravesado un proceso de reposicionamiento. Aunque no se modifica sustancialmente el peso estructural del país en el sistema internacional, sí se incrementó de manera visible su proyección política y su acceso a espacios de alto nivel. Más que buscar equilibrios entre actores internacionales en competencia, el gobierno de Peña consolidó un alineamiento definitivo con Estados Unidos. Busca aumentar la presencia de Paraguay en la agenda política de Washington y abrir puertas en el plano internacional.

De la crisis al alineamiento

El punto de partida estuvo lejos de ser favorable. Antes de asumir el cargo, el nuevo gobierno debía gestionar las consecuencias diplomáticas derivadas de la designación por corrupción significativa aplicada en 2022 por el Departamento de Estado de Estados Unidos al expresidente y líder del oficialismo, Horacio Cartes. La medida introducía tensiones inevitables en la relación bilateral y proyectaba incertidumbre sobre el rumbo político del vínculo entre ambos países.

Frente a este escenario, la administración Peña evitó transformar la situación en un conflicto diplomático abierto. Durante el tramo final del gobierno de Joe Biden, Paraguay optó por una estrategia de manejo simultáneo de niveles políticos. Por un lado, preservó una relación institucional estable con la Casa Blanca, manteniendo la cooperación técnica y los canales interestatales tradicionales. Por otro, comenzó a fortalecer vínculos con actores relevantes del Partido Republicano, a partir de una lectura pragmática del sistema político estadounidense, donde los cambios de administración suelen redefinir prioridades de política exterior.

En ese proceso cobró especial importancia la relación con el entonces senador Marco Rubio. Se identificó como una figura influyente en la agenda hemisférica republicana y con fuerte presencia en debates vinculados a seguridad regional. Este acercamiento no respondió necesariamente a una estrategia sofisticada de largo plazo, sino a una práctica diplomática orientada a ampliar interlocutores en un contexto político incierto.

Santiago Peña en la cumbre Peace in the Middle East el 13/10/25. Fuente: RCC Noticias
Santiago Peña en la cumbre Peace in the Middle East el 13/10/25. Fuente: RCC Noticias

¿Cuándo y por qué el cambio?

El cambio de escenario llegó con el triunfo electoral de Donald Trump. La llegada de Rubio al Departamento de Estado permitió que Paraguay interactuara con una dirigencia con la que ya existían canales políticos. A ello se sumó un elemento contingente pero significativo: el nombramiento de Christopher Landau como vicesecretario de Estado. Su historia personal, vinculada a Paraguay, contribuyó a facilitar un clima de interlocución particularmente fluido.

El fortalecimiento del vínculo, sin embargo, no fue inmediato. Durante los primeros meses persistió cierta cautela por parte de Washington. Paraguay no recibió inicialmente apoyos decisivos en espacios multilaterales. Se evidenció en la falta de respaldo a la candidatura de su canciller, Rubén Ramirez Lezcano, para la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos. Tampoco ocupó un lugar destacado en los primeros eventos políticos asociados al inicio del nuevo gobierno estadounidense. Más que un alineamiento automático, el proceso respondió a una acumulación progresiva de señales políticas.

Christopher Landau, vicesecretario de Estado de Estados Unidos. Foto: Wikimedia Commons

Socio, ¿a qué costo?

Con el tiempo, Paraguay comenzó a consolidar una imagen de socio confiable mediante posiciones coincidentes con prioridades de la política exterior estadounidense. Algunas de estas coincidencias representaban continuidades históricas. El respaldo diplomático a Taiwán, sostenido por Paraguay durante décadas, adquirió una nueva relevancia en un contexto regional marcado por la expansión económica y tecnológica de China. Declaraciones cruzadas con el gobierno de Beijing y decisiones regulatorias que limitaron la participación de empresas chinas en proyectos vinculados a infraestructura tecnológica sensible, especialmente en el ámbito del 5G, reforzaron esa convergencia política.

El respaldo sostenido a Israel en foros internacionales también marcó una posición más disruptiva y contribuyó a profundizar afinidades con sectores influyentes de la política estadounidense. En la misma línea, el propio Santiago Peña manifestó recientemente su apoyo a la revitalización de la Doctrina Monroe impulsada por la administración de Donald Trump. Esta señal política refuerza la identificación del gobierno paraguayo con la visión hemisférica promovida desde Washington.

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Paraguay ha sido tradicionalmente de los socios más estables de EEUU en América del Sur. Sin embargo, el período actual muestra un grado de convergencia política más amplio. La creciente coincidencia en votaciones multilaterales, posicionamientos diplomáticos y acuerdos bilaterales de cooperación en seguridad y migración, como la firma del Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas y el Acuerdo de Tercer País Seguro, sugieren una reducción del margen de autonomía tradicional en favor de una mayor previsibilidad política como socio internacional.

Visibilidad y previsibilidad como punta de lanza

En paralelo a estas definiciones, Peña desarrolló una intensa diplomacia presidencial orientada a reposicionar la imagen internacional del país. Viajes frecuentes, participación en foros económicos y políticos, entrevistas internacionales y reuniones bilaterales formaron parte de un esfuerzo sostenido por mejorar la receptividad hacia Paraguay en espacios globales donde su presencia había sido históricamente limitada.

Este proceso contribuye a explicar su participación en instancias diplomáticas impulsadas por Washington. Por ejemplo, encuentros vinculados a iniciativas de diálogo en Medio Oriente como la Cumbre por la Paz realizada en Egipto y la nueva Junta de Paz promovida por el gobierno de Trump. La presencia del mandatario paraguayo como único líder latinoamericano en algunos de estos espacios refleja la consolidación de una relación política basada en un crecimiento de su imagen internacional que proyecta previsibilidad, estabilidad y alineamiento. También permite entender por qué otros dirigentes regionales cercanos a Washington, como Javier Milei o Nayib Bukele, no necesariamente han ocupado los mismos lugares en determinadas instancias diplomáticas.

La evolución reciente del vínculo bilateral incluyó además señales de reciprocidad política. Como la normalización progresiva del clima bilateral y la reducción de presiones sobre figuras centrales del oficialismo paraguayo, evidenciada en el levantamiento de sanciones que afectaban a Horacio Cartes. Desde la perspectiva del gobierno de Peña, el objetivo parece claro: traducir la cercanía política en oportunidades económicas, atraer inversiones y asegurar una mayor presencia del país en la agenda estratégica estadounidense.

Santiago Peña en la Junta de la Paz en Washington el 19/02/26. Foto: Presidencia Paraguay

La estrategia de adaptarse al cambio

Más que una transformación profunda del lugar de Paraguay en el sistema internacional, lo que emerge es un ajuste en su forma de inserción externa. Paraguay no incrementó significativamente sus capacidades materiales ni su influencia estructural. Pero sí logró posicionarse con mayor frecuencia dentro de circuitos políticos relevantes. El gobierno combinó oportunidades de contexto, afinidades políticas y una diplomacia presidencial activa para proyectar una imagen de estabilidad y confiabilidad.

El caso paraguayo ilustra así una dinámica recurrente en la política internacional contemporánea. Para los Estados de menor escala, la relevancia no siempre deriva del poder material, sino de la capacidad de interpretar cambios en el entorno internacional y ofrecer previsibilidad en un sistema cada vez más volátil. Bajo el gobierno de Santiago Peña, Paraguay ha apostado precisamente a esa lógica. Convierte el alineamiento político en un instrumento de visibilidad internacional cuyas consecuencias y límites solo podrán evaluarse plenamente en el mediano y largo plazo.

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Julieta Heduvan

Julieta Heduvan

Internacionalista y magíster en estudios latinoamericanos por la Universidad de Salamanca. Autora del libro “Paraguay, Política Exterior e Integración Regional. Un recorrido hacia la contemporaneidad” con Intercontinental Editora S.A. (2019). Coordinadora de ALADAA Paraguay.

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