A cuatro días de haber iniciado su gobierno, el 13 de noviembre de 2025, Rodrigo Paz declaró que había encontrado una “cloaca de dimensiones extraordinarias” para referirse a la situación del país y la herencia de dos décadas del izquierdista Movimiento Al Socialismo (MAS) en el poder.
A partir de ese momento muchas de las acciones del nuevo presidente se enfocaron en fiscalizar la gestión de los exmandatarios Luis Arce, actualmente detenido, y Evo Morales, resguardado por sus seguidores, en la región del Chapare, y con una orden de captura activa. Esta “autopsia administrativa”, como la llamó Paz, fue develando supuestos casos de corrupción que ahora están en investigación.
Como era de esperarse, este arranque dejó en claro que el gobierno movería muchas fichas para cimentar su nueva visión de país y dejar en el recuerdo el “Estado Plurinacional” que el MAS se empeñó en defender.
Diplomacia de puertas abiertas
La principal expectativa recae en el restablecimiento de los embajadores de Bolivia y Estados Unidos, luego de una ruptura de 18 años. El anuncio es oficial y se espera que pueda concretarse a la brevedad. Sin embargo, esto no significa un distanciamiento con China, principal financista bilateral de la deuda externa, con 1.240 millones de dólares invertidos principalmente en carreteras e infraestructuras mineras.
Con Chile, el ambiente propiciado entre Rodrigo Paz y el presidente electo José Antonio Kast proyecta un óptimo acercamiento. Este hecho sería histórico considerando que desde 1978, debido al diferendo marítimo, ambas naciones no cuentan con embajadores.
Respecto a Perú se hizo efectivo el restablecimiento de relaciones diplomáticas, luego de tres años de ruptura durante la gestión de Luis Arce. Y Brasil no estuvo al margen, pues se dieron acercamientos para potenciar acuerdos estratégicos de comercio, energía e infraestructura.
[Lee: El mapa de los alineados: ¿cómo está Latinoamérica y Estados Unidos?]
En la lógica de mantener las puertas abiertas a todos, Bolivia también reanudó relaciones diplomáticas con Israel, tras haberlas roto en octubre de 2023 debido a la ofensiva en Gaza.
Estas son las señales más fuertes del viraje anunciado en política exterior para reemplazar la denominada “diplomacia de los pueblos”, que mantuvo la izquierda en consonancia ideológica con los regímenes de Venezuela, Nicaragua e Irán.
El objetivo de Bolivia es cambiar su imagen ante el mundo, pero también presentarse como un interlocutor válido para la financiación en la palestra internacional.

Salvataje económico
Uno de los mayores desafíos para la administración de Paz es sin duda salir de la crisis económica. Para esto, la medida más radical que asumió fue la eliminación de la subvención de los combustibles, un paso que según el gobierno significó un ahorro fiscal de 400 millones de dólares (Bolivia tuvo en 2025 un gasto público de unos 42.610 millones de dólares).
Sin embargo, esta decisión estuvo acompañada de alta conflictividad que solo se logró apaciguar con algunas negociaciones y concesiones a los entes sindicales que protagonizaron las protestas. “Hemos hecho una revolución sin un tiro. Estamos cambiando la economía sin un tiro, con diálogo, con consenso y con una cultura de la confianza”, dijo el presidente Paz en una entrevista con El País.
Por otro lado, el salvataje en gran parte se está consolidando a través del financiamiento externo, aunque Rodrigo Paz durante su campaña había prometido un plan de estabilización sin necesariamente tomar este camino. Bolivia logró asegurar más de 8.000 millones de dólares con diferentes préstamos que buscan reactivar sectores productivos y fortalecer las finanzas públicas. Las críticas no faltan, pero el mandatario defiende su postura asegurando que es un “endeudamiento productivo”.
Inflación y recesión
Sin embargo, la inflación sigue siendo un problema importante. En enero alcanzó el 1,3%, con una acumulada a 12 meses del 19,64 %.
Además, quedan pendientes reformas estructurales en materia fiscal y cambiaria. Es decir, la implementación de políticas que impulsen el crecimiento económico y no solo atiendan la contención de la crisis.

Si bien los números y algunas calificaciones internacionales pueden ser optimistas respecto a las medidas económicas, la incertidumbre es una constante en la ciudadanía, que siente con más peso estas decisiones en aspectos claves de su economía familiar como el aumento de transporte público y el alza de los precios de productos básicos.
En su primer informe de 2026, el Banco Mundial advirtió que Bolivia será el único país de Sudamérica con su economía en recesión.
Transparencia cuestionada
El 21 de enero se conoció que una exdiputada ingresó a Bolivia en un vuelo chárter con más de 30 maletas provenientes de Miami, haciendo uso irregular de un pasaporte diplomático y evadiendo controles de la Policía y Aduana. A la fecha, las investigaciones sobre los presuntos hechos de narcotráfico y corrupción judicial avanzan con lentitud y sin las aclaraciones necesarias de las autoridades. Mientras tanto, la exlegisladora y un juez fueron encarcelados.
Según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional para 2025, Bolivia ocupa el puesto 136 de 182 países, con una puntuación de 28 sobre 100, la misma de 2024. El combate a este flagelo podría ser uno de los grandes problemas de Paz en este año.
El otro caso que ya se califica como escándalo es la comercialización de gasolina de “mala calidad” por parte del Estado. Centenares de vehículos sufrieron daños en sus motores con afectaciones económicas variadas y ahora buscan negociar con el Ejecutivo una compensación por los daños. Las versiones del gobierno se manejaron de manera improvisada y fueron contradictorias generando el enojo de los choferes que exigen transparencia.
Algunos datos apuntan a la falta de mantenimiento en tanques de almacenamiento, pero también surgió la narrativa gubernamental de un posible sabotaje interno por funcionarios ligados a administraciones previas del MAS, que aún se mantienen en esta gestión.

Aprobación de Paz y oposición de su vicepresidente
El vicepresidente Edmand Lara ha dado más que hablar por sus arremetidas contra Rodrigo Paz, que por sus propias labores como el segundo al mando del país. Desde la declaración de enemigo o la acusación de corrupto, hasta el pedido de un diálogo para superar sus diferencias, los mensajes de la autoridad, emitidos en TikTok, se han caracterizado por la incongruencia y la falta de pruebas.
La aparente sinergia de esta dupla, que ganó las elecciones de 2025 con el 54,96%, quedó desvanecida a pocos días de iniciar el gobierno. Actualmente Lara es el mayor opositor del gobierno, aunque resulte paradójico.
Con este distanciamiento también se pone en juego el funcionamiento del Legislativo que evidencia un fraccionamiento tras estos primeros 100 días. Si el oficialismo no cuenta con mayoría en el Congreso, se prevé dificultades para la aprobación de reformas trascendentales. Entre estas: leyes de inversiones, hidrocarburos, energía y minería.
Según un estudio realizado por la empresa Ipsos- Ciesmori, entre el 16 y el 28 de enero, los bolivianos que viven en ciudades del eje central aprueban la gestión del presidente Paz en un 65%.
El gobierno suma expectativas, pero todavía le persigue el pasado de la izquierda hegemónica y el desafío mayor de la estabilización económica y social con un manejo transparente.
Lo que viene
Las elecciones locales del 22 de marzo 2026 serán decisivas para garantizar la gobernabilidad de los próximos años. En estos comicios se elegirán los gobiernos y asambleas legislativas de los 9 departamentos de Bolivia y sus 336 municipios. En total, unas 4962 autoridades políticas entre titulares y suplentes.
Te puede interesar:
- ⁠ Bolivia, sin lugar para la izquierda
- ⁠ El fin de la hegemonía y regreso de la democracia pactada en Bolivia
- ⁠ La trayectoria de la democracia en Bolivia