Desencuentro para el feminismo y el problema de las narrativas

Con la tendencia creciente de las nuevas derechas, el debilitamiento del multilateralismo y el extremismo político, la agenda feminista y de derechos se entiende desde un nuevo encuadre retórico que implica un quiebre con los consensos alcanzados.

Por: Agustina Lombardi 6 Mar, 2026
Lectura: 8 min.
Feminismo y narrativas políticas.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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¿El feminismo pierde fuerza en las retóricas públicas y narrativas políticas? Según el Barómetro de Juventud y Género de 2025 de Fad Juventud, publicado en febrero de 2026, la mitad (49,2%) de los jóvenes españoles, hombres o mujeres, creen que el feminismo es una herramienta de manipulación política. Otros datos: el 38,4% de los jóvenes se declara feminista, casi 12 puntos menos que en el máximo registrado en 2021 (49,9%). Además, cuatro de cada 10 hombres de menos de 30 años cree que el feminismo no es necesario porque ya existe igualdad.

Esta desconfianza respecto a los derechos de igualdad es palpable en la opinión pública, en los liderazgos políticos e influenciadores, y refleja una nueva tensión en el debate de la agenda de derechos

Péndulo discursivo: del consenso a la disputa

El siglo XXI mostró avances concretos respecto a la agenda de género: reconocimiento de la violencia de género como violación a los derechos humanos, tipificación del femicidio, legalización del aborto, transición de leyes de cupo a paridad en órganos de representación política. 

En los ámbitos políticos, la agenda de género se trataba como un consenso democrático, impulsado por organismos multilaterales como la ONU, ONU Mujeres, Unicef, Unesco. Con asesoramiento, estimulación y premiación, impulsaban a los Estados a priorizar la agenda feminista alrededor del mundo, en consonancia con los Objetivos 2030. Buscaban cambios a partir de metas de igualdad, indicadores de género y presupuestos con perspectiva de género. 

Pero, ¿por qué los jóvenes ya no creen en esta causa? ¿Falta autocrítica desde el feminismo? ¿Se presentó como monolítico, intransigente, extremista y por eso ahora se lo confronta? ¿Se llegó a un límite? Y, ¿esto implica un retroceso de los avances?

Beatriz Martín Padura, directora general de Fad Juventud, explica que los jóvenes están expuestos a “discursos contradictorios que influyen en su posicionamiento”. Y aunque la medición de opinión pública no necesariamente supone retrocesos lineales, sí evidencia “un escenario complejo donde conviven consensos amplios con percepciones divergentes”, añade.

Anna Sanmartín, directora de investigación y responsable del informe, explicó a El País que “la palabra feminismo está de capa caída”. Añade que el discurso triunfante entre los jóvenes es que “se ha invertido la discriminación, que ahora los hombres son víctimas y que la sociedad se ha pasado de frenada”. Según el estudio, el 50,8% “cree que los hombres están desprotegidos ante denuncias falsas por violencia de género” (frente al 44,2% en 2023), y el 44,6% considera que “se ha perdido la presunción de inocencia para los hombres” (37,3% en 2023).

“Entre la gente joven ha ido calando un argumentario, que determinados grupos políticos y líderes públicos sostienen y validan y que ha encontrado un altavoz en lo digital”, afirma la investigadora. 

Politización: de causa noble a wokismo 

El estudio de Fad Juventud no indica que la existencia de estos derechos haya cambiado, sino su estatus simbólico: de ser un acuerdo básico democrático, el feminismo pasó a ser una disputa cultural y política más amplia, un marcador identitario. En el ámbito político, hay una consolidación de liderazgos con una narrativa en oposición a la llamada agenda woke, asociada al progresismo, que engloba amplios derechos sociales, como los de la mujer. 

Figuras centrales de la política lo demuestran. Donald Trump promovió eliminar lenguaje asociado a lo woke, incluyendo el término “feminismo”, “discriminación” “injusticia”, “mujer”, “privilegio” y “equidad” de la comunicación gubernamental. Además de términos vinculados a la migración y el cambio climático, lo que pone nuevamente al feminismo dentro de la bolsa woke. También terminó los programas de diversidad, equidad e inclusión (conocidos como DEI) impulsados en distintos niveles de gobierno, reafirmando el cambio cultural. 

[Lee: ¿Es posible el feminismo fuera de la lucha ideológica?]

El caso de Javier Milei en Argentina es un ejemplo en América Latina. Su discurso desconfía del feminismo, lo cuestiona como imposición ideológica y relativiza las políticas de igualdad. 

En su discurso en Davos 2025, Milei asoció el concepto de “liberación mediante la intervención del Estado” con el “wokismo”; causas como el “feminismo”, “equidad”, “inmigración” y “ecología” serían para el presidente argentino “cabezas de una misma criatura cuyo fin es justificar el avance del Estado mediante la apropiación y distorsión de causas nobles”. El daño radica en la politización de la causa, dejando al feminismo parado en la vereda del enemigo de izquierda, lo que profundiza la polarización. 

El filósofo Miguel Pastorino explica: “Así como la izquierda monopolizó el tema de los derechos humanos, de la justicia social y el feminismo, la reacción juvenil más de derecha, a todos los temas que la izquierda monopolizó, por desconocimiento, los identifica como temas de izquierda”. Y ejemplifica: “Si Miguel habla de derechos humanos, es zurdo. Así causas nobles de lucha por la igualdad, se caricaturizan. El espacio público se ha transformado en un campo de exclusiones. El otro deja de ser interlocutor posible y se convierte en enemigo moral. Y cuando el adversario se convierte en enemigo, el lenguaje de los derechos deja de ser un puente y pasa a ser un arma arrojadiza”. En cierta medida, la apropiación de la izquierda hizo que la reacción al progresismo sea pegarle a la izquierda.

Milei agregó en Davos que el feminismo “en su versión más benévola es redundante, ya que la igualdad ante la ley ya existe en Occidente”, simplificando la problemática al equiparar igualdad jurídica con igualdad real (adquisitiva, violencia de género, distribución del poder). 

En otro plano, esta narrativa hace eco en influenciadores que comunican el tema desde la confrontación. Como Agustín Laje en Argentina y Andrew Tate en Estados Unidos.

El poder presidencial como termómetro

Actualmente solo tres mujeres ejercen el liderazgo presidencial en América Latina: Claudia Sheinbaum en México, Delcy Rodríguez en Venezuela (interina) y Jennifer Geerlings-Simons en Surinam. En mayo, la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández, se sumará a la lista. Tampoco hay mujeres liderando las preferencias ciudadanas del ciclo electoral actual en Colombia, Brasil y Perú. 

A nivel mundial, el liderazgo que más se destaca es el de la primera ministra de Italia, Georgia Meloni. De hecho, el parlamento italiano aprobó en noviembre de 2025 el delito de feminicidio, lo que desmitifica que el feminismo sea una causa con bandera ideológica. 

Encuadre y el problema de las narrativas 

El tema de la mujer, feminismo en la discusión pública, se volvió un campo de batalla ideológica y de poder. En las narrativas políticas predominantes, se deja de discutir cómo aplicar derechos y se cuestiona la legitimidad de la agenda, redefiniendo el conflicto. Este giro implica un cambio de encuadre respecto a la agenda feminista (y de derechos) y qué lugar tiene en la discusión y decisión pública. Es un quiebre político y cultural sobre la centralidad de esa agenda que, como analizaba la directora Fad Juventud, no necesariamente implica un retroceso jurídico. 

¿Corren un riesgo los derechos?  Puede ser algo difícil de proyectar. El entramado cívico y democrático de cada sociedad es diferente, y la capacidad para rever las normas varía según la cultura política del terreno.

[Lee: ¿Es posible el feminismo fuera de la lucha ideológica?]

Volviendo a los datos: que el 50% de los jóvenes españoles entrevistados crean que el feminismo es una herramienta política es un problema. En cierta medida, sugiere que lo ha sido. Ante esta situación, las mujeres, como objeto de la problemática, quedan fuera de foco. Pasa a ser más importante lo que la política, de izquierda o derecha, busca al utilizar el discurso feminista. 

En este momento, la confrontación del feminismo, como parte de la agenda woke, simbólicamente deja a las mujeres que buscan la igualdad en el lugar de la izquierda. Los discursos de estos liderazgos solo profundizan la zanja entre los campos ideológicos: si la agenda de derechos es de la izquierda, no es de la derecha.

Es un lógica discursiva que genera más polarización y más resentimiento entre hombres y mujeres. ¿La brecha ideológica de género es, al final, un tema identitario? 

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Agustina Lombardi

Agustina Lombardi

Editora adjunta de Diálogo Político Periodista. Licenciada en Comunicación por la Universidad de Montevideo. Cursando el Posgrado en Comunicación Política por la UM.

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