América Latina se encamina en el 2023 a otro año complejo y retador. El presente reporte revela la creciente percepción de inseguridad frente a un crimen organizado cada vez más extendido. El retroceso de democracias asediadas por el populismo, la polarización y propuestas autoritarias. También, riesgos de nuevos estallidos de malestar social ante una economía anémica y gobiernos incapaces de procesar de manera oportuna y eficaz las demandas ciudadanas. Una crisis migratoria que no cede. Y, finalmente, la aparición de temas como la inseguridad alimentaria, el aumento de ataques cibernéticos o la pérdida de competitividad para desarrollar la economía verde. Todo ello en una región que sufre de un eclipse diplomático que le resta visibilidad y protagonismo en el escenario global.
La sumatoria de estos riesgos configura un cuadro regional donde la gobernabilidad será crecientemente compleja, convirtiéndose junto con la inflación, la inseguridad y la incertidumbre en los mayores retos que deberán enfrentar un número importante de países latinoamericanos.
Riesgo Político América Latina 2023 anticipa que los tiempos nublados continuarán en la región, pero acompañados de nuevas oportunidades de crecimiento. En especial, en agricultura, minería, energía y nearshoring, que deben ser aprovechadas. En este escenario de alta inestabilidad, volatilidad y riesgo político, los gobiernos y empresas deberán seguir mejorando su capacidad de navegar en aguas agitadas. De igual forma, manejar incertidumbre y expectativas, implementar reformas que respondan a las demandas ciudadanas con responsabilidad fiscal y sin afectar el clima de inversión y, sobre todo, ofrecer resultados.
Características del riesgo político
Este año inicia con el regreso de la marea rosa a América Latina. Cinco de sus principales economías —Brasil, México, Chile, Argentina y Colombia— son gobernadas por fuerzas de izquierda. Una marea rosa consecuencia del voto de castigo en la región. Las 14 últimas elecciones (desde 2019 a 2022) los votantes castigaron al oficialismo, con la excepción de una Nicaragua sin democracia ni elecciones libres. Esta nueva marea enfrenta un escenario completamente distinto al de la década del 2000. Los perfiles de los gobernantes de izquierda son variados (sólo Lula repite). Muchos de ellos no tendrán mayorías o constituirán alianzas frágiles en el Congreso y no gozarán de la bonanza fiscal de hace dos décadas, producto del superciclo de los commodities.
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El 2023 será otro año complejo y desafiante para una América Latina que deberá enfrentar un contexto internacional volátil e incierto, con una desaceleración económica significativa, condiciones financieras más restrictivas y una inflación aún en niveles elevados.