La inteligencia artificial es omnipresente, como promesa o pesadilla. Se la asocia con las perspectivas de resolver problemas tediosos, de aprovechar mejor los recursos materiales y ahorrar tiempo. A la par, surgen preocupaciones de que sustituya a los seres humanos, ocasione desocupación masiva y liquide la creatividad y la libertad.
Muchos ven amenazada la sociedad por algoritmos que pueden potenciar, pero también manipular y sustituir a la inteligencia humana. Si definimos democracia como un debate, una conversación sobre ideas, ¿qué impacto tendrá el que nuestro interlocutor sea una máquina, un dispositivo sin sentimientos? ¿Cómo negociar sobre planes de gobierno y asignar recursos con un artefacto sin pasado ni responsabilidad respecto al futuro?
La inteligencia artificial irrumpe en tiempos signados por la amenaza de la guerra en un contexto de problemas ambientales, energéticos y civilizatorios globales. La ia se presenta como herramienta de una mejor gestión, pero exige una toma de conciencia sobre los riesgos que conlleva su aplicación sin respaldo institucional.
Desde nuestro compromiso con la democracia, en Diálogo Político queremos animar a un intercambio fundado en diversas perspectivas. Para esto invitamos a una decena de expertos internacionales. «Para prosperar en la era digital, las democracias deben fomentar una cultura de pensamiento crítico y alfabetización mediática entre sus ciudadanos», afirma la politóloga estadounidense Sarah Kreps, que analiza en este número la incidencia de la ia en elecciones mediante la utilización sistemática de deepfakes. El director ejecutivo de Transparencia Electoral,
Jesús Delgado Valery, agrega que el uso de la ia puede transformar las campañas mediante herramientas que permiten identificar grupos de votantes y apropiarse de sus datos personales.
El filósofo Daniel Innerarity duda de que «los algoritmos puedan hacerse cargo de todo el proceso político, con la eficacia que a veces prometen y con la legitimidad que debería justificar ese nuevo régimen». Para resolver esto tenemos que examinar las expectativas de la gobernanza algorítmica y sus límites.
«El poder transformador y el potencial disruptivo de la ia requieren de una gobernanza ética. La anticipación responsable y el uso alfabetizado Democracia artificial del futuro son elementos clave en la formulación de políticas», sostiene la experta Lydia Garrido.
La ia es parte de una transición que es necesario regular. Ximena Docarmo, de InnovaLab, pone la mira sobre algunos modelos normativos posibles.
Por otro lado, Denisse Rodríguez-Olivari expone sobre el potencial de la ia en la lucha contra la corrupción que aqueja a la institucionalidad democrática. El análisis eficiente de grandes cantidades de datos permite identificar rápidamente anomalías y actuar en consecuencia.
Otro tema que afecta a las democracias en el continente es la seguridad. Gustavo Flores-Macías y Bárbara Hernández destacan en su capítulo la necesidad del uso de la ia en forma responsable y ética para maximizar sus beneficios y mitigar los riesgos que plantea a las libertades civiles en las democracias latinoamericanas.
El filósofo Miguel Pastorino advierte sobre el potencial de secuestrar la verdad y la libertad de los seres humanos. En la misma línea, Christoph Nehring, experto del programa Disinformation, de la kas, explora los efectos y las implicaciones de la desinformación generada por la ia y el especial rol de influencers y periodistas en la identificación y combate de este fenómeno.
La democracia aprende de los errores y crea un marco para dirimir diferencias y conflictos. En la transparencia en la búsqueda de soluciones, de los procesos de toma de decisión y en la rendición de cuentas se basa su legitimidad. Esto requiere de una ciudadanía informada y activa. Como dice nuestro entrevistado, el experto Lars Zimmermann, «La tecnología no nos eximirá de las tareas de la democracia».