En las últimas décadas, Chile se ha convertido en un destino importante para migrantes, principalmente de América del Sur y el Caribe, alcanzando cerca de un millón de residentes extranjeros. Sin embargo, el país enfrenta desafíos sociales como el racismo, la xenofobia y la intolerancia, que amenazan tanto la convivencia democrática como un proceso migratorio seguro y ordenado. Aunque las migraciones enriquecen la vida social, económica y cultural, parte de la sociedad chilena mantiene prejuicios y desconfianza hacia quienes llegan desde otros países.
El racismo y la discriminación racial, basados en características como el color de piel o el origen étnico, vulneran derechos fundamentales y la dignidad humana. Estos prejuicios se alimentan de miedos como la pérdida de identidad nacional o la competencia por recursos, reforzando actitudes xenófobas, clasistas y aporofóbicas. Tales percepciones pueden derivar en hostilidad y crímenes de odio. La historia migratoria de Chile, que también ha visto a millones de chilenos emigrar en busca de refugio o mejores oportunidades, contrasta con el rechazo actual hacia los extranjeros, a quienes algunos culpan de problemas como el desempleo o las deficiencias en salud y educación.
En este contexto, el gobierno ha implementado políticas para “ordenar la casa” y regularizar la migración, priorizando la seguridad por sobre la inclusión. A nivel educativo, el Ministerio de Educación creó en 2018 la Política Nacional de Estudiantes Extranjeros para garantizar el derecho a la educación y fomentar la inclusión, respetando principios de calidad y equidad. Paralelamente, diversas organizaciones y la Iglesia chilena promueven un enfoque solidario, inspirado en la idea de que “todos somos hermanos”, como respuesta humanista y cristiana a un fenómeno migratorio global que exige empatía, justicia y respeto por la dignidad de todas las personas.
Año: 2018
A cargo de: Instituto Católico Chileno de Migración – INCAMI
Dirección de edición y redacción Periodística: Gloria Labbé Romero