En menos de diez años, las redes balcánicas, con la mafia albaneses a la cabeza, expandieron el tráfico de cocaína desde puertos del sur de América hacia Europa y Asia. Despegaron por el aumento de la demanda y aprovecharon la debilidad institucional de Ecuador para convertirlo en su centro de operaciones criminales. Desde entonces se convirtieron en la gran plataforma de envío de drogas hacia el Viejo Continente.