Colombia, Perú y Brasil son escenarios de un mismo fenómeno: narrativas de fraude sin sustento encuentran en las redes sociales un amplificador capaz de debilitar la legitimidad electoral.
La transparencia en tiempo real no es un lujo procedimental, es el fundamento mismo de la legitimidad. Seis episodios de empate técnico en los últimos veinte años, tres de ellos en Perú.