América Latina entra en 2026 en un momento crítico. El Índice de Riesgo Político América Latina 2026, elaborado por el Centro de Estudios Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile (CEIUC) describe un contexto marcado por alta volatilidad interna y presión externa. ¿De qué debemos preocuparnos? En principio, impactos directos sobre la gobernabilidad, la inversión y la estabilidad democrática en la región.
El documento señala que esta dinámica global (marcada por tensiones estratégicas entre Estados Unidos, China y Rusia) afecta directamente a la región, condicionando su capacidad para tomar decisiones autónomas en política exterior, comercio e inversiones.
Los principales riesgos identificados
El informe organiza su análisis en diez factores de riesgo político que orientarán los desafíos de este año:
- Crimen organizado y captura del Estado: identificado como el principal riesgo de la región. El crimen organizado amenaza la seguridad ciudadana, erosiona la legitimidad de las instituciones y dificulta respuestas efectivas por parte de los gobiernos.
- Violencia política y erosión democrática: la violencia contra actores políticos y la debilitación de mecanismos democráticos ponen en riesgo los procesos electorales y la representatividad.
- Vulnerabilidad fiscal de los Estados: muchos países enfrentan presiones presupuestarias y niveles de deuda altos, limitando su capacidad de respuesta ante choques externos o internos.
- Instrumentalización política de la migración: el tema se ha convertido en un recurso utilizado con fines políticos, agravando tensiones sociales y polarización.
- Fragilidad ante el cambio climático: la región es especialmente vulnerable a eventos extremos, lo que no solo tiene impactos ambientales sino también socioeconómicos y políticos.
- Debilitamiento del sistema internacional y redefinición del comercio global: la erosión del multilateralismo complica la cooperación regional y la inserción de América Latina en las cadenas globales de valor.
- Creciente presión de EEUU y China: la rivalidad entre estas potencias redefine alineamientos estratégicos y plantea dilemas para los países latinoamericanos.
- Escalada de tensión regional: conflictos y disputas entre Estados de la región aportan un componente adicional de inestabilidad.
- Fragmentación regional y pérdida de peso global: la falta de una agenda integrada limita la influencia de América Latina en foros internacionales.
- Falta de capacidad frente a la inteligencia artificial: la rápida expansión de tecnologías disruptivas sin una preparación institucional adecuada representa un riesgo estratégico emergente.
Este esquema no solo ordena los riesgos cuantitativamente, sino que permite visualizar cómo estos factores se solapan. La inseguridad, la fragilidad institucional y las tensiones externas convergen y se refuerzan mutuamente.
Influencia de la segunda administración Trump
El contexto global en 2026 está siendo profundamente transformado por una recomposición del orden internacional. La evolución de la política exterior estadounidense bajo la segunda administración de Donald Trump ejerce la transformación global y condiciona las dinámicas políticas de América Latina.
Se identifica un debilitamiento del multilateralismo, una competencia estratégica más intensa entre potencias y el retorno de Estados Unidos como actor central bajo una lógica más unilateral y transaccional.
La Casa Blanca ha adoptado una nueva Estrategia de Seguridad Nacional que reinterpreta y actualiza la histórica Doctrina Monroe para el siglo XXI. Bajo esta lógica estratégica, América Latina deja de ser percibida simplemente como un socio o socio comercial. Vuelve a ser concebida por Washington como su zona de influencia, donde busca asegurar intereses de seguridad, económicos y estratégicos mediante una mezcla de incentivos y acción directa.
El informe interpreta el caso venezolano como la aplicación prácticade la Doctrina Donroeen un laboratorio político real, con efectos que van más allá de Caracas. La política exterior de EEUU apunta a garantizar el acceso a recursos estratégicos, imponer alineamientos geopolíticos y ejercer control directo sobre espacios considerados críticos para la competencia con China y Rusia.
[Lee: La Doctrina Monroe en acción]
La influencia de la segunda administración Trump introduce un factor de inestabilidad sistémica. Normaliza la intervención como instrumento político, subordina el respeto al derecho internacional a la lógica del poder, y propone una visión en la que la región debe navegar entre presiones externas crecientes sin perder autonomía ni debilitar sus instituciones democráticas. De todos modos, Trump enfrentará un año políticamente definitorio, marcado por las elecciones legislativas de medio periodo de noviembre. El proceso podría reconfigurar el control del Congreso y condicionar la capacidad del Ejecutivo para implementar su agenda durante la segunda mitad del mandato.
Año electoral decisivo en la región
El 2026 es parte del segundo año del superciclo electoral en la región, con comicios clave en países como Brasil, Colombia, Perú y Costa Rica que pueden redefinir equilibrios internos y dinámicas políticas.
El informe señala que las elecciones no solo definirán gobiernos, sino que actuarán como factores de amplificación del riesgo político en contextos ya atravesados por fragilidad institucional, violencia y polarización.
Los procesos electorales previstos se desarrollan en un escenario marcado por desconfianza ciudadana hacia las élites políticas, debilitamiento de los sistemas de partidos y creciente cuestionamiento a la legitimidad de las reglas democráticas. En este marco, las elecciones dejan de funcionar exclusivamente como mecanismos de canalización institucional del conflicto y pasan a convertirse, en algunos países, en focos de inestabilidad política y social.
El informe advierte que la violencia política asociada a los procesos electorales, que incluye intimidación, amenazas y asesinatos de candidatos o funcionarios. Este fenómeno pone en riesgo la integridad de los comicios y erosiona la capacidad del Estado para garantizar condiciones mínimas de competencia democrática.En este sentido, el informe sostiene que ganar una elección no equivale necesariamente a gobernar con estabilidad, especialmente en contextos de alta fragmentación política.
Te puede interesar
- La caída de Maduro y el futuro del eje bolivariano
- ¿Por qué el crimen organizado es cada vez más grave en América Latina?
- Democracia deslegitimada: ¿cómo enfrentar esta tarea en Latinoamérica?
Te puede interesar:
- ⁠ El plan de Estados Unidos en Venezuela: ¿cuáles son los obstáculos y cómo se pueden superar?
- ⁠ El mapa de los alineados: ¿cómo está la relación entre los países de Latinoamérica y los Estados Unidos?
- ⁠ Búmeran cultural: cómo el soft power latino está conquistando el mundo