El retorno de las esferas de influencia y el nuevo desorden de la política global

Si estas nuevas reglas del juego se consolidan, las potencias tendrán una ventaja estructural para proyectar su poder ante los Estados medianos y pequeños.

Por: Vladimir Rouvinski 9 Feb, 2026
Lectura: 7 min.
Geopolítica, esferas de influencia.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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La operación estadounidense en Venezuela en enero de 2026 no debe considerarse un incidente aislado. Más bien, es sintomática de un cambio más profundo y estructural en el sistema internacional.

El mundo se adentra en una fase de retorno de las esferas de influencia política, en la que el poder se redistribuye entre las grandes potencias. Este cambio desafía directamente la universalidad del derecho internacional, socava la ya debilitada cooperación multilateral y erosiona la soberanía de los Estados que no son potencias, incluidos los de América Latina.

Del orden liberal a la lógica territorial del poder

Durante décadas tras el fin de la Guerra Fría, el orden internacional basado en reglas, al menos a nivel normativo, funcionó como un sistema de principios universales. La soberanía estatal formal, el derecho internacional público y los mecanismos multilaterales de cooperación y resolución de conflictos se consideraban sus bases. Aunque estas normas se han violado ocasionalmente, estas acciones se han presentado típicamente como excepciones, con costos políticos y críticas internacionales para sus impulsores.

Sin embargo, a principios de 2026 se hace evidente que se produce un cambio cualitativo. El derrocamiento de Nicolás Maduro y la posibilidad, abiertamente discutida, de establecer el control estadounidense sobre Groenlandia deben interpretarse como señales claras de un retorno a la lógica de las esferas de influencia. Independientemente de las justificaciones utilizadas, el mensaje es claro: se reafirma la idea de que las grandes potencias tienen un derecho especial a intervenir directamente y a tomar decisiones sobre territorios formalmente soberanos.

La Carta fundacional de la ONU se firmó el 26 de junio de 1945. Foto: ONU/Yould

Un legado histórico que resurge

La política de esferas de influencia no es un fenómeno nuevo. En los siglos XIX y XX sirvió como pilar de las relaciones internacionales, basándose en la idea de que la estabilidad del sistema dependía del reconocimiento de los intereses particulares de las grandes potencias en determinadas regiones. Una gran potencia se definía principalmente por su poderío militar, complementado por su influencia económica y política, así como por su capacidad de proyectar poder más allá de sus fronteras.

En el siglo XIX, esta lógica se manifestó en la expansión colonial y en el equilibrio de poder europeo. En el siglo XX, adoptó la forma de bloques, alianzas y acuerdos explícitos o implícitos sobre zonas de responsabilidad, particularmente durante la Guerra Fría. Durante este período, las esferas de influencia sirvieron simultáneamente como territorios de confrontación global y como mecanismo de contención, ayudando a evitar enfrentamientos directos entre las superpotencias.

¿Una lógica desaparecida?

Muchos analistas sostienen que la lógica de las esferas de influencia nunca ha desaparecido por completo. En Europa, Rusia, incluso antes de la llegada al poder de Vladimir Putin, insistió en la existencia de su propia esfera de influencia en el llamado «exterior cercano», que abarcaba el espacio postsoviético. En este contexto, Moscú justificó su guerra contra Ucrania argumentando que Kiev intentaba ignorar esta realidad geopolítica. Al mismo tiempo, China fortaleció constantemente su posición en Asia y el Pacífico, siguiendo una estrategia claramente orientada a la formación de una esfera de influencia regional.

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En este contexto, la novedad no reside tanto en la existencia de estas prácticas, sino en la forma en que fueron interpretadas en el orden internacional anterior. Tanto la guerra de Rusia contra Ucrania como la política de expansión regional de China fueron ampliamente condenadas como violaciones de las normas internacionales. En el caso ruso, los costos fueron particularmente elevados: sanciones, la exclusión de múltiples formatos europeos e internacionales y un profundo aislamiento político. Estas reacciones se explican en gran medida porque la imposición de una esfera de influencia mediante el uso abierto de la fuerza seguía considerándose una transgresión inaceptable del orden normativo vigente.

Hoy, sin embargo, ese consenso se erosiona: el mundo está cambiando y, con él, los límites de lo que se considera políticamente tolerable.

Rusia y China en la región

El regreso de la lógica de las esferas de influencia al hemisferio occidental tendrá consecuencias para las políticas de Rusia y China en América Latina. Su ventaja relativa es que no se trata de una lógica nueva: ambos actores la conocen y la han practicado.

En este contexto, Rusia puede volver a estrategias de reciprocidad bien conocidas de la Guerra Fría, basadas en la acción indirecta mediante el apoyo y la movilización de sectores políticos, sociales y mediáticos críticos con EEUU. En términos operativos, ello implica reforzar su presencia informativa y simbólica. Herramientas como Russia Today, Sputnik Mundo y sus plataformas asociadas se consolidan como canales clave de influencia, orientados a fragmentar el consenso público. A diferencia de la diplomacia tradicional, estas prácticas resultan más difíciles de regular y de hacer plenamente visibles.

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Para China, la lógica de adaptación es distinta, aunque se inscribe en la misma dinámica estructural. Pekín también enfrentará el aumento de los límites a su presencia política directa en la región, pero dispone de palancas económicas considerablemente más poderosas. A medida que se normalicen las esferas de influencia, es previsible que China intensifique el uso de instrumentos económicos para fomentar dependencias y lealtades sostenibles sin recurrir a una confrontación política abierta con EEUU. A diferencia de la influencia informativa rusa, la estrategia china se apoya en incentivos materiales y en una interconexión económica asimétrica, lo que la hace menos visible, pero potencialmente más eficaz para mantener el equilibrio de poder basado en la lógica de las esferas de influencia.

Presidente chino visita el Canal de Panamá. 2024. Foto: Xinhua Net
Presidente chino visita el Canal de Panamá. 2024. Foto: Xinhua Net

2026, el punto de inflexión

Este año podría ser un punto de inflexión. Las esferas de influencia dejarán de percibirse como excepciones condenables y comenzarán a normalizarse como las nuevas «reglas del juego». Si este proceso se consolida, la arquitectura global experimentará una profunda transformación. Los Estados con una capacidad sostenible para proyectar poder obtendrán una ventaja estructural, mientras que el margen de maniobra de las potencias medianas y pequeñas se reducirá drásticamente.

El panorama inmediato se presenta sombrío. La pregunta central ya no es si las esferas de influencia están regresando, sino cómo los Estados que no pertenecen a las grandes potencias se adaptarán a un orden internacional en el que el poder vuelve a ocupar un lugar central y abierto. Aún no hay una respuesta clara. Para muchos países, en particular en América Latina, el desafío clave será preservar al menos elementos mínimos de autonomía en un sistema cada vez más jerárquico y menos universalista.

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Vladimir Rouvinski

Vladimir Rouvinski

Profesor del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Icesi (Cali, Colombia). Su principal área de especialización son las relaciones de Asia y Rusia con América Latina y el Caribe.

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