De cara a las elecciones presidenciales en Brasil el 4 de octubre de 2026, el presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro aparecen empatados con 41% en un sondeo divulgado por Quaest y Genial Investimentos.
Pero las prioridades electorales han cambiado mucho en Brasil.
A principios de 2025, el presidente Lula atravesaba uno de los peores momentos de su mandato. La oposición lograba difundir la noticia falsa de que el sistema de pagos PIX estaría sujeto a impuestos. En realidad es 100% gratuito. La popularidad de Lula, que ya no era la mejor, cayó aún más y se mantuvo así durante bastante tiempo.
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Unos meses más tarde, uno de los hijos de Jair Bolsonaro, el diputado Eduardo Bolsonaro, se había autoexiliado en Estados Unidos siguiendo una falsa narrativa de persecución política. Mientras tanto, Eduardo consiguió acceso a la Casa Blanca, que impuso severos aranceles al comercio exterior brasileño, bajo la alegación de persecución política a los Bolsonaro. En consecuencia, las élites políticas, económicas y sociales se unieron. Con mucha dedicación por parte de la diplomacia brasileña, los aranceles se redujeron significativamente. Incluso hubo una reunión entre Lula y Donald Trump, algo inimaginable meses antes.
Los cielos de Brasilia han cambiado mucho desde entonces y el presidente Lula ha vuelto a ver cómo sus logros se reducían tras tres factores importantes. En primer lugar, la implicación de su hijo mayor en un escándalo de malversación de pensiones dentro de la Seguridad Social del Gobierno Federal. Segundo, la candidatura presidencial del senador por Río de Janeiro, Flávio Bolsonaro, el primero de los cuatro hijos de Jair Bolsonaro. Tercero, pero no menos importante, el desfile de una escuela de samba que rindió homenaje a Lula en el carnaval de Río de Janeiro el mes pasado. La Acadêmicos de Niterói, que acabó descendiendo a segunda división en el concurso, ironizó al público conservador brasileño. Este desfile vinculó la imagen de Lula a una crítica con la que él no se ha mostrado de acuerdo.
Puentes con el electorado evangélico
Desde el comienzo de su tercer mandato, Lula ha tratado de tender puentes con el electorado evangélico a un alto costo. Es un público que vota mayoritariamente a Bolsonaro. Poco a poco, ha logrado revertir una pequeña parte de este escenario, pero aún queda mucho trabajo por hacer. Y un desfile del carnaval de Río de Janeiro, sobre el que no tenía ningún control (pero que aprobó que se celebrara) lo echó todo por tierra. Así lo indican las encuestas de opinión, para desesperación del Gobierno.
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Pero lo que más ha asustado a la base gubernamental es la candidatura de Flávio Bolsonaro. Se consideraba un fracaso desde el principio, pero ahora se presenta como realmente competitiva para las próximas elecciones.
Flávio siempre ha sido considerado el hijo más moderado, el dialoguista, a diferencia de los demás Bolsonaro, mucho más radicales. Esto no significa que tenga ideas distintas a las del resto de miembros de la familia. De todos modos lleva el apellido tras un período político turbulento, con el intento de golpe de Estado, el encarcelamiento de su padre y los líos de su hermano en el extranjero. Nueve de cada diez analistas políticos creían que cualquier candidatura Bolsonaro estaría condenada al fracaso. Sin embargo, se equivocaron al ignorar que el antipetismo sigue siendo muy fuerte y que este votante, por muy centrista que sea, puede estar dispuesto a votar de nuevo a un Bolsonaro. Esto depende del barniz que se le dé durante la campaña electoral.
La estrategia de la tercera vía
Paralelamente, el PSD de Gilberto Kassab logró unir a tres de los cinco gobernadores precandidatos a la presidencia, en un gesto muy poco común de unión de la tercera vía. El acuerdo es que solo uno será el candidato, con las apuestas a favor de Ratinho Jr, gobernador de Paraná. ¿Dónde quedó Tarcísio de Freitas, gobernador de San Pablo y principal nombre de la oposición para las elecciones? Recogió sus cosas y volvió a su campaña de reelección. Al fin y al cabo, es el único mandatario estatal capaz de ser reelecto.
Tarcísio conoce el costo político-electoral de traicionar a la familia Bolsonaro y no quiere correr ese riesgo, sabiendo que no faltan personas que tienen los ojos puestos en su puesto. Prefirió, con mucha resistencia, declarar su apoyo a Flávio y presentarse a unas elecciones que están prácticamente garantizadas. Por lo tanto, en este caso, el pragmatismo prevaleció sobre la ambición inmediata.
Por su parte, el PSD ve la candidatura presidencial más como una forma de atraer votos para su bancada de diputados federales. La dualidad entre Lula y Bolsonaro es mucho más fuerte que la posibilidad de que una tercera vía de centroderecha crezca entre el electorado brasileño. Sin mencionar que, hasta ahora, no hay una definición clara sobre quién será el candidato (mientras Lula y Flávio ya están haciendo sus respectivas campañas).
La verdad es que Flávio Bolsonaro, a pesar de algunos problemas recientes con la justicia, como el reparto de los salarios de sus asesores cuando era diputado estatal en Río de Janeiro, o la controvertida compra de su mansión en Brasilia, parece ignorar el techo de cristal que le rodea a él y a sus familiares. Y el votante anti-Lula también.
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