Argentina, el FMI y la crisis económica

El presidente Mauricio Macri anunció el 8 de mayo, en un mensaje breve y grabado, que negociará con el FMI en carácter preventivo por, según explicó, el impacto en el país de los temblores regionales y por la alta dependencia de la Argentina del financiamiento externo.

Presidente Mauricio Macri | Foto: Nahuel Padrevecchi/GCBA, vía Wikicommons

Presidente Mauricio Macri | Foto: Nahuel Padrevecchi/GCBA, vía Wikicommons

El equipo económico viajó a Washington. Fue en medio de las tensiones políticas por la suba del dólar, la suba de tasas por el Banco Central y el avance en la Cámara de Diputados del proyecto que la oposición unida impulsa para frenar la suba de tarifas en la luz, el agua y el gas.

En pleno torbellino en la city porteña, y antes de que el presidente Mauricio Macri anunciara la negociación con el Fondo Monetario Internacional el miércoles pasado, ya circulaban informes económicos en los escritorios de los principales CEO del país con todo tipo de ecuaciones econométricas. Claro, cuando un atisbo de desconfianza asoma en el país, la memoria de otras crisis se reactiva. Tal vez por eso mismo el primer mandatario también le habló a «toda la dirigencia» sobre las negociaciones con el FMI.

En el sector privado, las proyecciones que algunos economistas acercan a los poderosos directorios recalcan que un dólar cercano a $ 24 pondría, en este contexto internacional, los costos en un equilibrio similar al que hubiera habido si el presidente hubiera devaluado con fuerza apenas asumió. Claro que eso, en este presente, no desinflaría la mochila fiscal ni de los costos operativos.

En las industrias que pisan fuerte en la alimentación ya computan una baja del consumo cercano al 7 % —y sigue en picada— y aseguran que no hay margen para seguir trasladando a precios porque ya nadie compra. Sin embargo, los precios no paran de subir, en especial, en la inflación núcleo y en la canasta básica. Por ejemplo, en la consultora Ecolatina pronostican que el incremento de abril estará cercano al 3 %, según señaló el propio diputado por el Frente Renovador, Marco Lavagna. Es casi un número letal para los primeros cuatro meses de este año, que rozarían el 10 %, justo ahora que desde la cartera de Hacienda acaban de ratificar la meta del 15 % (que ya nadie cree ni siquiera como objetivo político).

Subir las tasas y devaluar con aumento de precios no es buena receta. Por eso el Gobierno trata de patear para adelante la suba en los combustibles que repercute en todo y pondera en torno al 0,5 del índice de precios al consumidor. También es receta vieja conocida la queja de algunos sectores industriales por la suba de tasa y su impacto en el nivel de actividad. Las grandes industrias están en silencio y acompañan el chubasco calculando que tendrán más pesos en sus balances y que la suba del dólar a lo mejor frena un poco las importaciones que tanto preocupan a algunas pymes. De todos modos, el inminente acuerdo con el FMI divide aguas en la mesa chica de la Unión Industrial, donde muchos admitieron que el Gobierno no tenía otra alternativa en esta coyuntura y muchos otros cuestionaron que este anuncio apunta a un mayor ajuste fiscal y menos incentivos productivos. La Fundación Observatorio Pyme acaba de difundir un dato demoledor. En base justamente a datos del Banco Mundial y del FMI, en la Argentina nace una empresa cada 2326 habitantes, mientras que en Brasil bautizan una nueva compañía cada 347 habitantes, en México cada 1064 y en Chile cada 125 habitantes. Esto habla de las pocas condiciones económicas argentinas para crear puestos de trabajo, no ya para la población económicamente activa sino para la mitad de los jóvenes que integran el 30% de pobreza en el país.

Desde una poderosa compañía internacional de servicios fueron directos en la metáfora: «estamos cruzando un río ancho; para atrás no podés volver, respirá y remá para adelante». Entre las multinacionales y las grandes compañías descuentan que habrá menor crecimiento a fin de año pero que la economía crecerá, al fin de cuentas, entre 2,5 % y 3 %, aunque ya no será un 5 %. También confían en que el Gobierno seguirá aguantando el temblor sin daños de terapia intensiva y que en esta nueva etapa habrá que ir a fondo con el recorte de la política en las provincias, donde muchos gobernadores siguen esquivos a gastar menos. En una petrolera admitieron que esta es la primera prueba de fuego en serio en materia económica para el Gobierno y le otorgaron crédito a este, en el sentido de que esto tiene que ver con haberse reinsertado en el mundo con asuntos domésticos aún en estado de resolución. En estas multinacionales admiten que en las casas matrices requieren más señales de independencia del BCRA respecto del equipo económico (son resabios de diciembre) aunque valoran las que se dan en torno a reducir el déficit y vetar el proyecto de tarifas si la oposición avanza en el Congreso.

Lo que cambió en las últimas horas no es solo la cotización del dólar, la suba de tasas o la vuelta al FMI. El Gobierno sabe que lo que se juega es caer un tercer escalón en su imagen. Así lo midió Javier Rosendo Fraga, quien consideró que al presidente lo golpeó la primera suba de tarifas de 2017, luego la reforma previsional, y ahora esta crisis (sin duda la más importante en materia económica desde que asumió Cambiemos) podría significar un nuevo cross de izquierda. Una encuesta de D’Alessio Irol sobre más de 1000 encuestados durante mayo que fueron consultados sobre un posible acuerdo con el FMI reveló que el 75 % de los entrevistados consideraron que pedirle ayuda al FMI es una medida inadecuada y solo el 18 % la veía adecuada pero resistida. Incluso un 58 % de personas que votaron a Cambiemos lo evaluaron como una decisión inadecuada. El mismo sondeo reveló que el 66 % cree que la suba del dólar fue producto de la política monetaria de este Gobierno.

Con todo, desde un sector de la Casa Rosada miran la situación en términos electorales y apuestan a que los temblores se terminarán en breve y que hay, luego, un año entero para remontar antes de las elecciones. Lo que parece no quedar tan claro es que el camino hacia la reelección esté tan allanado e indiscutido como hace tan solo diez días atrás. Eso no es ni la política ni la economía, en todo caso es más del bendito ADN nacional.