La noticia de la renuncia a su cargo del vicepresidente de la República Raúl Sendic, luego de un largo proceso de pérdida de credibilidad ante la opinión pública, la oposición y su propio partido, constituye un hecho excepcionalmente grave para el Uruguay.

Palacio Legislativo, sede del Parlamento en Montevideo, Uruguay

Palacio Legislativo, sede del Parlamento en Montevideo, Uruguay

Constituye una crisis política, qué duda cabe, con sus naturales consecuencias e incertidumbres, pero al mismo tiempo debe señalarse que no es una crisis institucional; por el contrario, la democracia uruguaya da señales de que goza de buena salud.

La figura de Raúl Sendic tuvo una caída casi tan fulgurante como su ascenso a los primeros planos de la política nacional. Gracias a su exposición como presidente de ANCAP y como ministro de Industria, Energía y Minería y una costosa y exuberante campaña en las internas de 2014, logró que su sector político estuviera entre los más votados de Frente Amplio. Gracias a ello, y a la bendición de Tabaré Vázquez y José Mujica, fue el candidato a vicepresidente del oficialismo, que fue reelecto en las últimas elecciones nacionales.

Ese fue el cenit de su carrera, porque casi desde el comienzo de la actual administración su popularidad se evaporó a la velocidad de la luz. Las noticias se sucedieron en una serie que no supo de pausas: la comisión investigadora del Parlamento sobre la situación de ANCAP, la recapitalización que debió recibir la empresa porque había quedado fundida, la mentira respecto a su título universitario, el mal uso que hizo de la tarjeta corporativa del ente y los viáticos que recibió se conjugaron con su incapacidad para explicar la situación, hundiéndose cada vez más a medida que intentaba justificarse.

Finalmente, este último fin de semana los hechos se precipitaron. Ante la divulgación de una dura condena que emitiría el plenario del Frente Amplio decidió adelantarse y, en la misma mañana del sábado, presentar finalmente la renuncia. Ya sin apoyos y con un deterioro que no tenía forma de revertirse se llegó al desenlace inevitable de una situación que se le fue yendo de las manos al propio vicepresidente y al partido de gobierno.

Desde el punto de vista político constituye una crisis. Es la primera vez en la historia que renuncia un vicepresidente de la República, lo que habla por sí mismo. El partido de gobierno es el que sufre esta crisis, no solo Sendic, lo que se evidencia en la parálisis que arrastra desde hace tiempo, en la incapacidad que mostró para atajar esta situación y en la caída pronunciada que evidencian las encuestas.

Por otro lado, debe señalarse claramente que no existe una crisis institucional. Lo que sigue a la renuncia del vicepresidente es lo que establece la Constitución y no existen dudas de que asumirá el cargo quien corresponde, que es la actual senadora Lucía Topolanski. También debe destacarse que los partidos de oposición, en especial, los partidos Nacional, Colorado e Independiente han actuado con responsabilidad institucional, como era de esperarse.

Queda por dilucidar cómo reaccionará el partido de gobierno, qué sanciones finalmente se aplicarán al vicepresidente (lo que quedó pendiente en medio de la incertidumbre del plenario del sábado), si recobrará la iniciativa que había perdido, si logrará mantener el apoyo parlamentario del sector de Sendic y se revertirá la situación de declive que ha mostrado en la opinión pública. Todos estos temas son muy relevantes pero, afortunadamente, están lejos de configurar una crisis institucional.

 

Hernán Bonilla | @Hernan_Bonilla
Economista. Director Ejecutivo del Centro de Estudios para el Desarrollo. Académico de número de la Academia Nacional de Economía. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales de la Universidad ORT. Columnista del diario El País de Montevideo.