Las instituciones importan: Uruguay, Canadá y la pandemia en las Américas

El surgimiento de la pandemia en casi todo el mundo en marzo 2020 creó una crisis exógena que mostró las fortalezas y debilidades de la instituciones en países en todo el mundo.

Por: Nicolás Saldías 3 Mar, 2021
Lectura: 5 min.
Instituciones y pandemia
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Se puede considerar a la pandemia como un experimento natural donde se puede comparar cómo los gobiernos de todos los tipos reaccionaron a una crisis. Para muchos países, el resultado para la calidad de la democracia y libertades individuales fue negativo. Según The Democracy Index 2020, publicado por The Economist, hubo un empeoramiento de la calidad de la democracia en todo el mundo, el peor desempeño desde que empezaron a medirla en 2006.

De todas las regiones del mundo (con la excepción de Norteamérica), América Latina y el Caribe refleja el más suave descenso en la calidad de su democracia en 2020. Un logro relevante considerando que la región fue la más negativamente impactada en términos económicos y sanitarios por la pandemia. Incluso, algunos países en la región han reflejado un aumento en la calidad de su democracia en el pasado año. Uno de ellos fue Uruguay, debido al manejo llevado a cabo por el gobierno del presidente Luis Lacalle Pou.

En muchos países en la región que aplicaron una cuarentena reduciendo algunos derechos básicos para evitar un incremento de casos. El gobierno de Lacalle Pou decidió que la manera de controlar la pandemia era evitar la cuarentena. Para ello apeló para ello a la responsabilidad ciudadana. Gracias a esa postura, Uruguay evitó una recesión severa. La estrategia de equilibrar la pandemia, la economía y los derechos individuales ha sido exitosa en gran medida por la confianza que los ciudadanos han mostrado en el gobierno y las instituciones.

Instituciones innovadoras: el GACH

Esa confianza surgió no solo por una cultura democrática con raíces profundas y un alto nivel de aprobación en el nuevo gobierno. También porque el gobierno ha dado un rol protagónico a la comunidad científica con la creación del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH). Otro factor clave fue el rol de la oposición en evitar la politización extrema de las medidas del gobierno. Según una encuesta hecha por FACTUM en enero de 2021, el 57 % de los uruguayos apoyaban el desempeño del gobierno en relación con la pandemia.

Canadá fue otro país en América que ha visto mejorar la calidad de su democracia en 2020. Como en Uruguay, el gobierno del primer ministro Justin Trudeau ha dado un rol protagónico a expertos en epidemiología para guiar las políticas del Estado. Canadá es un país federal y por esa razón las provincias desarrollaron sus propias políticas de cuarentena en un contexto donde, sin embargo, el gobierno nacional tuvo un rol central en la coordinación de las políticas para combatir la pandemia.

Es importante señalar que esa coordinación ha sido exitosa a pesar de que los mandatarios de provincias importantes como Ontario y Alberta son opositores del primer ministro (como comparación, en los Estados Unidos, un país con un federalismo paradigmático, fue pésima la coordinación entre el gobierno de Donald Trump y los estados gobernados por demócratas). Además, la respuesta fiscal del gobierno para mitigar el efecto económico y social de la pandemia fue la más importante en el G20 (18,5 % del PBI), con sustanciales transferencias a los hogares y personas desempleadas. Una encuesta del Pew Research Center muestra que el 88 % de los canadienses consideran que la respuesta del gobierno ha sido buena y el 66 % piensan que el país se encuentra más unido.

Cultura política pluralista

Según The Democracy Index, Canadá y Uruguay tienen una cultura política pluralista y tolerante. En Brasil, Argentina y los Estados Unidos hay un altísimo nivel de polarización, es decir, una percepción de la oposición como una amenaza a la integridad de la nación. Con esa mirada del otro, ningún gobierno puede convencer a un gran porcentaje de la población de que sus decisiones son tomadas con buena fe. A su vez, las redes sociales han creado universos informáticos hiperpolarizados. Estos han contribuido a potenciar un ambiente de falsas noticias que erosionan la autoridad del Estado y la credilbilidad de las instituciones. Canadá y Uruguay no son excepciones a estas tendencias pero, con una cultura política sana e instituciones fuertes, han podido evitar las peores consecuencias.

La respuesta eficaz de los gobiernos de Canadá y Uruguay a la pandemia muestra que democracias plenas pueden enfrentar desafíos sistemáticos respetando los derechos individuales y con una mirada científica. Es un buen antídoto para quienes argumentan que la pandemia justifica los modelos autoritarios o para quienes, desde el otro lado, argumentan que el Estado no debe limitar libertades individuales, incluso si eso beneficiara el bien común. A pesar de sus propios problemas, Canadá y Uruguay son ejemplos para las fuerzas democráticas en el mundo, entre otroas cosas por sus instituciones fuertes. Por esa razón, ambos países deben usar esta oportunidad para profundizar relaciones diplomáticas, científicas y económicas, y prepararse para crear un mejor mundo cuando termine la pandemia.

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Nicolás Saldías

Nicolás Saldías

Senior Fellow de CESCOS, Uruguay. Analista para América Latina de The Economist Intelligence Unit.

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