El silencio del Estado cubano sobre los contactos con sus homólogos en Estados Unidos terminó el 13 de marzo a primera hora de la mañana. El presidente del régimen, Miguel Díaz-Canel, confirmó lo que la prensa y el gobierno de Donald Trump venían comentando abiertamente semanas atrás: el gobierno cubano negocia con la Casa Blanca para llegar a un acuerdo que le permita salir del bloqueo petrolero. Este hito en las relaciones de ambos países, desde 1959 a la fecha, impulsa tres preguntas: ¿acordar qué?, ¿qué significa esto?, ¿cuánto cambia en la región?
En concreto, Díaz-Canel dijo que estos contactos buscan: “Identificar cuáles son los problemas bilaterales que necesitan una solución y cuál es la solución”; “determinar la disposición de ambas partes de concretar acciones en beneficio de los pueblos de ambos países”; “identificar áreas de cooperación para enfrentar las amenazas y garantizar la paz y seguridad de ambas naciones” y “de la región de América Latina y el Caribe”. Por su lado, el gobierno de Donald Trump, que ha encargado al secretario de Estado Marco Rubio este tema, mantiene una línea discursiva desde hace meses indicando que en Cuba habrán cambios y que es un Estado fallido.

El nuevo deshielo
¿Es la primera vez que hay una acción de alta tensión entre ambos países? No. ¿Es primera vez que existe un deshielo (aun prematuro) de las relaciones? Tampoco. ¿Cuál es, entonces, la particularidad de este hecho? El contexto. Cuba llega a este escenario minada por la escasez de aliados internacionales y la pérdida desde el 3 de enero de su principal benefactor: el régimen de Venezuela. Con el bloqueo naval a los envíos petroleros, que antes recibía continuamente desde Venezuela, Rusia y México, Cuba desciende en el pedestal de la geopolítica. Difícilmente ascienda a la prioridad de otros aliados autoritarios que están en situaciones iguales o peores, como Rusia, Irán, o, en un ámbito diferente y ocupada de otros asuntos como China.
¿Qué se busca negociar? Donald Trump ha sido enfático en que las cosas en la isla deben cambiar y para acelerar el proceso cercó el mar territorial cubano. Las aerolíneas siguieron funcionando, aunque la escasez de combustible redujo su operativa al máximo. El Papa León XIV fue una de las voces globales que solicitó un diálogo sincero y eficaz. En consecuencia, La Habana anunció la liberación de 51 de un total de 1214 presos políticos el 5 de marzo de 2026.
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Algunos escenarios se abren. En los tres la coincidencia es la aparición de Alejandro Castro Espín, hijo de Raul Castro y coordinador del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional. La figura de Castro Espín concita diversas especulaciones sobre la posibilidad de un gobierno cubano más abierto, sin Díaz-Canel, el sucesor de Raúl Castro en 2021. Algunos analistas hablan de las siguientes posibilidades: transición pactada desde arriba (salida negociada); colapso controlado y transición desde abajo; y endurecimiento autoritario y transición postergada.
La vaca sagrada de la izquierda
Además de ser la isla más poblada y de mayor proporción territorial en el Caribe, Cuba es un ícono del comunismo global y la vaca sagrada de la izquierda progresista occidental. El régimen cubano tiene adeptos en todo el mundo, principalmente en América y Europa. Cierto que cada vez menos, porque su debacle como modelo ha sido notorio.
De igual forma, Latinoamérica dio un giro. Ahora, con más gobiernos ubicados hacia la derecha, salvo las potencias de México y Brasil, el resto está en una posición de regular a muy alineados con la nueva política de los Estados Unidos. El colapso económico, empujado por el bloqueo del suministro de petróleo, ha visibilizado la vulnerabilidad del sistema cubano y la nula posibilidad de hacer frente a su enemigo de todas las horas, con el que construyó una narrativa influyente en la política, la cultura y la academia.
La revolución cubana como modelo no hubiera sido posible sin la asistencia internacional de sus principales patrocinadores.
Un sistema económico disfuncional
En su ascenso al poder en 1959, el movimiento liderado por Fidel Castro se declaró como nacionalista y popular, no como comunista. Esto sucedió después. Su giro explícito al socialismo ocurrió en abril de 1961, poco antes de la fallida invasión de Bahía de Cochinos. Rápidamente se digitó una alianza con la Unión Soviética. Esto permitió acceso a recursos, petróleo, importaciones de bienes, donaciones y una cooperación clave para la URSS por su ubicación estratégica frente a EEUU.
Con la caída del Muro de Berlín y el posterior colapso soviético, el periodo especial (1990-2000) mostró la cara más dura de un sistema económico disfuncional. El entramado de partido único, al igual que otras experiencias comunistas, solidificó un sistema piramidal de élites donde los que están más arriba tienen acceso a mayores y mejores bienes y servicios. En esa década, el Maleconazo de 1994, una serie de protestas contra las precarias condiciones humanitarias de la isla, evidenció el descontento social y la represión. No fue hasta el año 2000, con el ascenso de Hugo Chávez en Venezuela, que Cuba encontró un nuevo aliado con ingentes recursos petroleros. Esto catapultó nuevamente la influencia de la isla en la región enquistándose en el gobierno venezolano hasta el punto de controlar la guardia presidencial.
Impacto en la democracia latinoamericana
Este modelo estatista, restrictivo, militarista, autoritario y profundamente dependiente de la asistencia internacional, no fue impedimento para una idealización por parte de la izquierda desde los 90 hasta la actualidad. Si bien hubo divisiones de diverso tipo, con disidentes internos y externos duramente perseguidos y criticados, La Habana mantuvo la coherencia de propagandear libertad y una apertura de la que no gozaban sus ciudadanos.
Cuba estuvo involucrada en varios atentados contra gobiernos democráticos. Sin embargo, persistió en la retórica de faro democrático aun cuando en la práctica un actor político serio no podría dejar de evidenciar el carácter restrictivo y dictatorial.
| Años 60: exportación de la revolución en América. Tras 1959, Cuba impulsó guerrillas y complots en varios países latinoamericanos, buscando derrocar gobiernos proestadounidenses (incluso algunos elegidos democráticamente) mediante la acción armada. Entrenó y armó a miles de insurgentes, movimientos y partidos de toda la región, lo que motivó rápidas condenas y sanciones de la OEA. | Años 70: intervenciones militares con apoyo soviético. Cuba proyectó su influencia global aliándose con la URSS: desplegó tropas en África (Angola, 1975) y siguió apoyando a guerrillas latinoamericanas (Nicaragua, El Salvador). Alimentó la conflagración de la Guerra Fría en terceros países. |
| Años 80 y 90: conflictos en Centroamérica y apoyo a terrorismos. En los 80, Cuba fue un pilar de insurgencias centroamericanas, unificando grupos armados (FMLN en El Salvador) y brindando refugio a organizaciones insurgentes de diversas latitudes (FARC, ELN, ETA, M-19, Panteras Negras, etc.). Estas acciones acarrearon la persistente designación de Cuba como “Estado patrocinador del terrorismo” por EEUU (desde 1982). | Siglo XXI: legado y controversias. El legado de sus acciones encubiertas perdura en el panorama diplomático. Cuba ha servido de mediadora en conflictos (proceso de paz colombiano), pero también enfrenta señalamientos de injerencia en países como Venezuela, con intervención en el sistema policial y militar, y de seguir albergando a fugitivos y guerrilleros. |
El desmoronamiento de un símbolo
Varias generaciones de occidentales crecieron sabiendo que muy cerca de la Florida, en la costa sur de EE.UU., una dictadura socialista ofrece un relato de resistencia antiimperialista y de llamado a la sublevación de los pueblos libres del mundo, so pena de condenar al suyo a un régimen de partido único donde las libertades se encuentran clausuradas desde 1959. Esta narrativa, todavía atractiva para una parte del espectro político, es la que ha perdido densidad. Ahora se somete al escrutinio de la historia cuando el régimen, sucesor de los míticos Castro, anuncia que, en un contexto de debilidad y crisis, accedió a negociar con EE.UU.
De lo que ocurra de esa serie de contactos se desprenderá el desmoronamiento del principal símbolo ideológico de buena parte de la izquierda progresista. Más especialmente de los partidos comunistas del mundo. Sin fundamento real, aún abrazan la idea de que Cuba ha representado las aspiraciones democráticas de un pueblo que, en cambio, ha optado por el exilio y la protesta.