“Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción. Pero también les diré que los demás países, en particular las potencias intermedias como Canadá, no son impotentes. Tienen la capacidad de construir un nuevo orden que integre nuestros valores”.
Mark Carney
El discurso del primer ministro canadiense Mark Carney en el Foro Económico Mundial de Davos de 2026 puso en relieve una alternativa para todos los países que no quieren o no pueden depender de las superpotencias globales. Con su acción, puso sobre la mesa a la corrección política como un tema relevante para discutir en la actualidad.
El impacto de su mensaje radicó en la transparencia: dijo en voz alta lo que muchos gobiernos asumen en privado. El primer ministro instaló un nuevo marco de interpretación. Hasta el momento, los líderes globales hablaban de crisis, tensiones y cambios respecto al orden internacional. Carney habló de “ruptura”.
Otros líderes se posicionaron en consonancia con Carney. Entre ellos, el canciller alemán, Friedrich Merz, legitimando la nueva narrativa con foco en el rol de las potencias medias: «La calma y la paz aquí arriba, en la “montaña mágica” de Davos, contrastan marcadamente con un mundo cuyo viejo orden se está desmoronando a un ritmo vertiginoso».
Nuevo encuadre: ruptura
Para Carney y Merz el orden internacional basado en reglas, instaurado en la segunda mitad del siglo XX como consecuencia de la sucesión de conflictos internacionales, llegó a su fin.
Según el primer ministro canadiensa el mundo vivía una “ficción útil” que buscaba el “beneficio mutuo a través de la integración” pero con normas aplicadas “de forma asimétrica”. Para el alemán, el orden internacional se trataba de un sistema que “siempre ha sido imperfecto”.
Ambos líderes plantean que el mundo viró hacia la rivalidad y el poder sostenido desde la fuerza por sobre la búsqueda de consensos. Un ejemplo cercano es el caso venezolano, donde Estados Unidos se involucra con intereses geopolíticos para recuperar su influencia en la región. La lógica es extrapolable a Gaza y Ucrania, como otros conflictos vivos y globales.
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Desde esta perspectiva que se aleja de la corrección política, se replantea la legitimidad del multilateralismo y el rol de los organismos internacionales en el futuro inmediato. También, se vuelve evidente la necesidad de no depender de un solo garante, como EEUU, para asegurar el intercambio económico y la seguridad de los Estados. Esto explica por qué el discurso fue especialmente bien recibido por las potencias medias, fuera del eje EEUU–China.
Jugada de las potencias medias
Ante la “ruptura” del orden (adjudicada a Donald Trump, aunque sin nombrarlo), lejos de un mensaje pesimista, Carney plantea una visión estratégica alternativa.
Los países, especialmente las potencias medias, deben fortalecer su autonomía estratégica (energía, alimentos, tecnología, defensa) en lugar de depender únicamente de grandes aliados o mercados. Como alternativa a las instituciones multilaterales debilitadas (ONU y OMC) propone formar coaliciones flexibles, basadas en intereses y valores compartidos, y la diversificación internacional como eje en política exterior.
Friedrich Merz, por su parte, propone reconocer el valor del poder europeo, basado en la seguridad, competitividad y unidad, y convertir a Europa en un jugador clave de nuevo. Plantea “invertir masivamente” en defensa, aumentar la competitividad económica europea y fortalecer la unión interna y entre los socios afines. El canciller afirma que Alemania trabaja en todas esas líneas.
En cuanto a América Latina, Merz lamentó la fragmentación europea ante el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur luego de firmarlo en Asunción. El Parlamento Europeo decidió enviar el acuerdo a revisión por la Justicia del bloque, obstaculizando la concreción de la mayor zona de libre comercio. Los sectores políticos más radicalizados votaron a favor de la revisión del acuerdo para demorarlo.

Alianzas entre iguales
Al reconocer la ruptura del orden internacional, tanto Carney como Merz abren la jugada hacia nuevas estrategias. Pero no proponen una acción política contraria al marco interpretativo ya conocido. Es decir, no ponen en cuestión la corrección política, sino que plantean un camino alterno. Para Carney, las potencias medias deben actuar juntas: “Porque si no estás en la mesa, estás en el menú”. Para Merz, la “mayor fortaleza” aún sigue siendo “la capacidad de construir asociaciones y alianzas entre iguales basadas en la confianza y el respeto mutuos”, en una agenda sin cabida para el proteccionismo.
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Sin apelar al radicalismo, el discurso de Carney marcó el encuentro en Davos este 2026. Como actor del sistema, mostró una postura autocrítica y escéptica del orden internacional al que él mismo pertenece: “Hemos alabado sus principios y nos hemos beneficiado de su previsibilidad”. Carney no es un outsider. Canadá es miembro del G7 y un socio importante de EEUU y Europa. No se trata de un reclamo del Sur Global o un rival sistémico. Su voz tiene credibilidad.
Su discurso le puso nombre a lo que ya sucede en la realidad: una guerra de Ucrania estancada, la rivalidad entre las potencias y sus zonas de influencia, el regreso de la lógica transaccional y el uso abierto de sanciones para negociar.
Con el fin de la corrección política y el reconocimiento de la realidad, un líder moderado logra ser escuchado.
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