El día 4 de junio el Partido Unidad Social Cristiana de Costa Rica (PUSC) celebró su convención interna. Más de 100.000 socialcristianos eligieron a quien los representará en la carrera por la Presidencia de la República para el periodo constitucional 2018-2022.

Rodolfo Piza Rocafort, candidato electo del PUSC a la Presidencia de Costa Rica | Imagen de campaña

Rodolfo Piza Rocafort, candidato electo del PUSC a la Presidencia de Costa Rica | Imagen de campaña

Ya a las 9 de la noche de ese domingo, con 531 mesas escrutadas (42 %), el precandidato Rodolfo Piza Rocafort alcanzaba el respaldo de 50.666 votos (69 %), frente a su oponente Rafael Ortiz Güier, quien obtenía un 24 %. Un 7 % representaba la suma de votos nulos y blancos.

Dentro de ocho meses, el 4 de febrero de 2018, Piza Rocafort, abogado, excandidato presidencial en 2014 y extitular de la Caja Costarricense de Seguro Social —entidad emblemática de la seguridad social costarricense y del legado socialcristiano—, tendrá el desafío de alcanzar el respaldo electoral requerido para devolverle a su partido la conducción del Poder Ejecutivo, tras doce años de su última Administración.

No obstante la atención mediática y de la opinión pública centrada en la escogencia del aspirante presidencial, el Partido realizaba en simultáneo otras elecciones para iniciar la renovación de sus estructuras internas de representación legal y de representación sectorial.

Los electores tenían la posibilidad de votar delegados a las asambleas de cantón, instancia intermedia clave en la definición ulterior de quienes representarán a la agrupación en los comicios municipales previstos para el primer domingo de febrero de 2020. Aunado a ello, las asambleas de cantón elegirán cinco delegados de su respectivo cantón a las correspondientes asambleas de provincia y estas últimas designarán a los miembros de la Asamblea Nacional, autoridad superior del Partido.

Las asambleas de provincia jugarán un rol estratégico en agosto de 2017, cuando escojan las siete papeletas ofrecidas por el Partido en las elecciones legislativas, a celebrarse el mismo día en que se elija al próximo presidente de la República.

Además, las organizaciones partidarias de jóvenes, mujeres, profesionales, educadores y cooperativistas también comenzaron su proceso de renovación de liderazgos.

De cara a las elecciones nacionales, el PUSC tiene distintos desafíos que encarar. Algunos son compartidos con las restantes fuerzas del sistema de partidos costarricense: recuperar la credibilidad de un segmento importante de la población que muestra apatía hacia lo político, tiene baja adhesión a los partidos y es renuente a acudir a las urnas.

Distintos estudios de opinión sitúan en un rango de 50 a 70 % las personas que no se identifican con ningún partido político. Esto puede explicar en parte la consolidación de alrededor de un tercio del padrón electoral que se abstiene de ejercer el derecho al sufragio; en particular, este comportamiento es cada vez más frecuente entre los extractos más jóvenes de la sociedad.

A ello debe agregarse la distribución en muchas porciones, de reducido y similar tamaño, de quienes dicen respaldar fuerzas políticas con un pensamiento similar al socialcristiano, por cuya preferencia electoral compite directamente esta orientación doctrinaria-ideológica.

Finalmente, la emergencia de opciones electorales provenientes del ámbito no partidario, portadoras de un discurso con rasgos populistas pero atractivo a sectores disconformes e incluso molestos, deviene en una variable más que no debe menospreciarse y, mucho menos, ignorarse.

Hacia el interior del Partido, hoy su candidato presidencial y líder formal comporta retos que pasan por su reinvención como alternativa fresca y capaz de ir más allá de lo ofrecido en la contienda de cuatro años atrás, cuando consiguió alrededor del 6 % del total de votos válidos, muy lejos del 30 % conseguido por quien ganó la primera ronda y del 29 % de quien ocupó la segunda posición y se ubicó en el balotaje.

Ello implica encontrar elementos distintos, de orden discursivo y programático, que produzcan planteos atractivos para sectores poco afectos a su candidatura anterior, entre ellos, la población joven. Conlleva además generar la comunicación política apropiada que potencie su nivel de empatía y generación de confianza con un electorado cada vez más volátil, que privilegia tanto aspectos de orden emocional como de percepción al momento de construir su decisión de voto.

Incrementar el caudal electoral implica consolidar, en primer término, la unidad del Partido en torno a su liderazgo. Supone además la constitución de siete papeletas a diputados con la mayor armonía y representatividad interna posible, que manera tal que todos cierren filas en torno a la figura de Piza Rocafort y sean puntas de lanza en cada provincia en la ardua tarea de sumar votos a la causa común.

El desafío recién inicia para el PUSC. El 4 de junio significó un paso de página pero lo realmente fuerte está por venir.

 

Sergio Araya Alvarado
Politólogo. Coordinador de Proyectos del Área Política para Costa Rica de la Fundación Konrad Adenauer