Regiane Nitsch Bressan: “Que el gobierno esté cerca del centro ayudará mucho a que Lula logre la reelección”

La especialista brasileña en relaciones internacionales analiza que el panorama es polarizado y tanto Lula como Bolsonaro tendrán que capitalizar nuevos votantes ante lo que suceda previo al 4 de octubre. Destaca la injerencia de EEUU, el apoyo del Centrão, el ascenso de Augusto Cury y el tema de la inseguridad factores determinantes.

Por: Agustina Lombardi 8 Sep, 2026
Lectura: 13 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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A un mes de las elecciones presidenciales, Lula mantiene la ventaja en las encuestas, pero en un eventual balotaje las proyecciones son más estrechas.

Para Regiane Nitsch Bressan, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Federal de São Paulo y especialista en integración latinoamericana, la clave de la ventaja del presidente radica su cercanía con el Centrão, el bloque de centro que domina el Congreso. Ese vínculo quedó a prueba con la Propuesta de Enmienda a la Constitución, que elimina la escala laboral 6×1 y que fue apoyada por el Centrão. Aunque ya fue aprobada por la Cámara de Diputados y avanzó en comisión en el Senado, su votación en el plenario recién se realizará después de las elecciones. Por lo que Lula no llegaría a capitalizar votos por esta aprobación en las urnas del 4 de octubre. Además, la analista observa un bloque de derecha más fragmentado que al inicio de la campaña, por el surgimiento de nuevos candidatos, como Augusto Cury, que pueden disputar el apoyo a Bolsonaro en primera vuelta.

Por otro lado, la analista expresa que es crucial analizar el factor EEUU para identificar si infiere o no en los resultados electorales.

Punto de partida

¿Cuál es la situación económica, política y social en Brasil? ¿En qué contexto se desarrolla la campaña presidencial?

—Estamos a casi cinco semanas de las elecciones, en un momento bastante agitado. Brasil vive internamente un momento en el que la economía no es la misma que a comienzos de este siglo. Pero, por las circunstancias internacionales, Brasil está logrando superar buena parte de la crisis y de las dificultades económicas, incluso las que impuso EEUU. Es, obviamente, un momento crítico por las elecciones, pero en general Brasil está manejando bien la situación.

¿Por qué lo está manejando bien? ¿Cuál sería el factor clave ahí?

—Desde el tarifazo de Trump, el gobierno logró trabajar con las élites económicas. Por un lado, para mantener la soberanía y la autonomía de Brasil frente a EEUU, y por otro, para intentar amenizar y mitigar las dificultades impuestas por EEUU. Hay un esfuerzo muy grande por parte del gobierno para intentar que el tarifazo y la situación económica mundial no afecten tanto nuestra economía. Estamos logrando crecer, aunque sea menos, y mantener las cuentas públicas en orden.

La volatilidad del voto y las redes sociales

El presidente Lula parte con ventaja en las encuestas, pero la segunda vuelta aparece muy competitiva. ¿Cómo se explica esto en un escenario tan polarizado?

—Actualmente la democracia y la política están en un momento de crisis. Los políticos más tradicionales muchas veces tienen electores fieles. Pero en general el voto y la decisión son muy volátiles. Quedan cinco semanas, y estos números pueden cambiar, no drásticamente, pero sí bastante. Va a depender mucho de cómo trabajen los candidatos con el electorado hasta el 4 de octubre. Ya sabemos que Lula probablemente estará en la segunda vuelta con Flávio Bolsonaro.

Cómo vayan a capitalizar esos votos va a depender mucho de los esfuerzos domésticos, pero también de las circunstancias nacionales e internacionales. Tememos mucho que Flávio Bolsonaro busque apoyo de EEUU, y tememos la injerencia de EEUU en nuestras elecciones. En Brasil nos preguntamos mucho si EEUU está haciendo injerencia, incluso ayudando a candidatos en las redes sociales. Y sabemos que el factor de las redes sociales actualmente ejerce mucha presión sobre la polarización y sobre los votos.

Me gustaría profundizar un poco más en este punto: ¿por qué es un factor tan importante?

—Por ejemplo, vemos que en la tele los candidatos hacen el debate, pero están más preocupados por producir frases con efecto para las redes sociales que por conversar realmente con el otro. Preparan videos cortos para las redes sociales. La política pasa por ahí, y quien maneje mejor las redes sociales va a ganar más votos.

Lula viene intentando, desde hace más de uno o dos años, tener una mejor proyección en redes sociales, hablando con el lenguaje del pueblo. Incluso con videos muy graciosos donde un gato explica la política. A la gente más sencilla, a la gran masa, muchas veces le gusta ver este tipo de video. 

Pero también, y quiero subrayar esto, hay mucho temor por la influencia de EEUU. Hace uno o dos meses, el consulado de EEUU en Brasil convocó e invitó a personas con mucha influencia en redes sociales para hacer alianzas con tiktokers, gente con millones de seguidores. El consulado convocó a esta gente para trabajar juntos, y ya sabemos hacia dónde apunta esto.

¿Hacia la campaña de Flávio Bolsonaro?

—Más que a la campaña de Flávio Bolsonaro, para defender los valores e intereses de EEUU en Brasil. Aunque, de muchas formas, ahí también podemos incluir a Flávio Bolsonaro.

El Centrão 

Además de estos factores externos, ¿existe un centro político que pueda definir la elección?

El Centrão sería ese gran centro, que está cada vez más presente en el Congreso y en el Senado. En general es muy volátil: a veces está con la izquierda y a veces con la derecha. En este momento, que el gobierno converse y esté cerca del centro ayudará mucho a que Lula logre la reelección.

Es importante decir que, para el próximo mes, Lula ya tiene el apoyo del centro para la votación del fin de la escala 6X1. Los trabajadores en Brasil, en general, tienen que trabajar seis días y descansar uno. Desde hace más de un año hay una campaña para que el Congreso vote el fin de esta escala de 6X1, para que la persona trabaje cinco días y descanse dos. Si Lula logra pasar y aprobar esta medida ahora en septiembre, seguramente va a tener muchos más votos de la población. Y esto está alineado con el Centrão del Congreso. Hay una conversación cada vez más cercana entre el centro y el gobierno, para que apoyen al gobierno en políticas y medidas de su interés.

Lula en campaña por cambiar la escala 6x1. Foto: X de Lula da Silva
Lula en campaña por cambiar la escala 6×1. Foto: X de Lula da Silva

Para resumir, entonces, el centro vuelca su apoyo hacia Lula.

—Sí. Y esto es interesante. El centro piensa: “¿Quién tiene más chances de ganar? Lula. Entonces, vamos a seguir apoyando a Lula”. Es un pensamiento de doble vía: yo apoyo al gobierno porque sé que hay muchas chances de que continúe en el poder, y así yo también tengo más condiciones de continuidad. 

En 2023 el gobierno le dio muchos ministerios a políticos del centro. Entonces ahora es un momento en el que ese centro reacciona positivamente hacia el gobierno. Veo que el centro salió muy beneficiado, y esto es un problema, porque la izquierda, un poco más radical, reclama y cuestiona mucho las decisiones de Lula, justamente porque le dio muchos ministerios a liderazgos del centro.

Las identidades políticas 

¿Esta elección es una competencia entre ideologías, modelos de país o apellidos? 

—Actualmente no veo programas hablando tanto de un proyecto de país. Pienso que muchas veces la gente tampoco piensa ni internaliza mucho esa cuestión. Veo mucho más una disputa de polarización entre izquierda y derecha, y sobre todo de valores. Estamos en un momento de rescate de valores muy conservadores y tradicionales. Obviamente ahí la derecha está muy contemplada.

Quiero volver a un punto: Brasil también sufre el problema de la violencia y la seguridad pública. Por esta razón, tenemos candidatos de derecha que afirman que van a ser más duros con la violencia. Como lo hicieron gobiernos como los de Bukele, de la Espriella o Milei. Lula también tiene que abordar este tema. No es fácil para la izquierda, porque no le gustaría que EEUU catalogara al crimen organizado como grupo terrorista. Y hay una percepción de que el gobierno sería un poco más complaciente con el crimen.  

No todos los líderes llegan a reelegirse en el poder, menos aún cuatro veces. ¿Qué significa Lula da Silva para Brasil?

—Algo que le ha permitido a Lula estar en tantos mandatos es la percepción de que logra gobernar para todos. Tiene una interlocución muy buena con la población menos favorecida, pero también con las élites económicas y políticas. 

Ahora bien, si escuchamos a los políticos del propio Partido de los Trabajadores, hay una gran preocupación por lo que va a pasar cuando Lula ya no esté. Están, en cierto modo, de luto, porque ven que no lograron formar una segunda figura con la misma capacidad. Esto significa también que hubo una centralización muy grande en la figura de Lula, y que eso es un problema para la continuidad de sus políticas y del propio partido

Resumiría esto en dos aspectos. Logró estar en un cuarto mandato porque es un demócrata que se relaciona bien con otros países. A partir de sus esfuerzos se aprobó el acuerdo Mercosur-Unión Europea. No solo por él, pero convenció a la industria brasileña de que ese acuerdo le convenía. Logró hablar muy bien, internamente, con los países del Mercosur, incluso en medio de las disputas entre Lula y Milei, y también con la Unión Europea. Tiene un pragmatismo, una forma de trabajar, que contempla muchos intereses distintos.

La llegada de Flávio Bolsonaro, ¿cambió el bolsonarismo como movimiento? ¿Logró construir una identidad política autónoma o sigue ligado a la figura de su padre?

—Hace muchas referencias a su padre, entonces lo veo mucho más como una continuidad. Y a la gente le gusta, hace esa relación directa entre el padre y el hijo. Pero, como Flávio Bolsonaro disputa la derecha con otros candidatos, posiblemente veamos una dispersión del voto de la derecha. Cuando empezaron las encuestas vimos mucha más centralización en la figura de Flávio Bolsonaro, y ahora están surgiendo otros liderazgos. Incluso podríamos sorprendernos en las elecciones de octubre por esta dispersión.

¿Alguno que valga la pena mencionar?

Augusto Cury nos está sorprendiendo mucho. Es un escritor de autoayuda, muy reconocido por sus libros y sus obras. De manera sorprendente se candidateó y en pocos días subió cinco o seis puntos porcentuales en las encuestas. Surge como una tercera vía más moderada frente a Flávio Bolsonaro. Parece estar capitalizando ahora los votos de una derecha más moderada, de gente mayor, de gente que desea una tercera vía.

Situación regional

En la región han asumido nuevos presidentes de derecha. ¿Cambiaron las demandas del electorado en Brasil?

—Estamos muy atentos a la situación con EEUU. Obviamente todos sufrimos la cuestión de la inseguridad y del crimen organizado, que actualmente actúa de manera transnacional. No sirve de mucho que un país combata el crimen por separado. 

Pero lo que nos ocupa mucho ahora es entender cómo se va a posicionar Brasil frente a la política tan incisiva, tan intervencionista, de EEUU. Hay mucha gente que defiende la soberanía y la autonomía frente a EEUU, y hay gente que defiende una participación más grande en los BRICS, o incluso con la Unión Europea. Y hay un punto que quiero mencionar: el sistema de pago PIX entró en una discusión muy grande porque la gente lo incorporó totalmente a su vida cotidiana. Esto compite directamente con las tarjetas Visa y Mastercard. Sabemos que hay un proyecto, el BRICS Pay, para llevar ese mismo formato de PIX a los países del bloque. Desafía incluso el patrón del dólar de Bretton Woods. Esta cuestión de economía internacional y otra disputa entre Brasil y EEUU. 

Que el mapa político regional esté casi totalmente pintado de azul, ¿tiene alguna implicancia para Brasil?

—Siempre digo que este gobierno tiene una conducción muy pragmática de la política exterior. Vemos muchos países de la región con relaciones cortadas, arruinadas. Y Brasil, a pesar de todo lo que pasó, ha logrado sostener la relación con Venezuela. Brasil aún mantiene su representación diplomática. Ahora pasó algo similar con Argentina, pero, más allá de tener un continente pintado de «azul», creo que Brasil debe mantener una relación muy pragmática, con los países de la región. 

Celso Amorim —asesor especial para asuntos internacionales de Lula— ha dicho que la fibra óptica, la infraestructura, no tienen ideología. Hay muchos asuntos de interdependencia que siempre vamos a enfrentar. A pesar de tener muchos países gobernados por la derecha, se dificulta muchísimo una integración regional o alianzas políticas más amplias para una actuación internacional conjunta. Pero Brasil debe seguir con relaciones pragmáticas. No pasa por la cabeza de Itamaraty ni de nuestro cuerpo diplomático romper relaciones, o hacer lo que está haciendo Milei, de darle la espalda a ciertos países. 

Pero, si gana Bolsonaro, ¿podría cambiar la política exterior?

—Si gana Bolsonaro, el problema sería la forma en la que el cuerpo diplomático actuará en relación con el gobierno. Con su padre, Itamaraty quería algo y el presidente otra cosa: no conversaban, no había diálogo. El Itamaraty quedó muy aislado. Pero ellos tienen casi una autonomía respecto del gobierno, actúan según líneas muy pragmáticas y tradicionales. El cuerpo diplomático es muy cerrado. El problema sería otro: cómo conduciría Flávio las relaciones. Imagino una disputa interna sobre las prioridades de la política exterior.

Para terminar, ¿qué impacto tendría un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro sobre el Mercosur?

—Tenemos esta teoría del regionalismo líquido: la institucionalidad del Mercosur sería cada vez más floja, cada vez menos institucional, para convertirse en una iniciativa bastante volátil, muy enfocada en los intereses del gobierno de turno. Esto es lo que está pasando, por ejemplo, con Prosur, el Grupo de Lima, e incluso con la Alianza del Pacífico. El Mercosur tendería a perder institucionalidad, y a ser mucho más una alianza con menos compromisos políticos y sociales para los países del bloque.

Agustina Lombardi

Agustina Lombardi

Editora adjunta de Diálogo Político Periodista. Licenciada en Comunicación por la Universidad de Montevideo. Posgrado en Comunicación Política por la UM.

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