¿Qué significa para América Latina la nueva Knéset de Israel?

Netanyahu gana, pero tiene que negociar para seguir en el poder. Su continuidad también define el futuro del eje que Israel, Estados Unidos y la nueva derecha latinoamericana construyeron en 2026.

Por: Agustina Lombardi, Sara Bachino 28 Oct, 2026
Lectura: 8 min.
Benjamin Netanyahu, 27 de octubre, tras votación en Jerusalén. Foto- AFP
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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Israel eligió ayer a los 120 miembros de la Knéset (parlamento unicameral). Es la primera votación desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Con el 84,5% de las urnas escrutadas, el Likud de Benjamín Netanyahu es el partido más votado, con 27 escaños, seguido por Yashar, de Gadi Eisenkot, con 22. Pero ningún bloque llega a los 61 necesarios para gobernar: el de Netanyahu suma 54 y el de Eisenkot, 49. El resultado contradice a las últimas encuestas, que daban a Yashar como el partido más votado.

Para la región, el resultado llega justo cuando la Cancillería de Israel declaró a 2026 como «el año de América Latina», con nuevos acercamientos con el país de Medio Oriente. Ese acercamiento no se explica solo en clave bilateral. En una región donde la derecha ganó buena parte de las últimas elecciones, estrechar lazos con Israel es también, para varios gobiernos, una forma de alinearse con Washington. Se perfila un eje de afinidades políticas entre la administración de Donald Trump, el Israel de Netanyahu y gobiernos latinoamericanos de la ola azul. La pregunta es si ese eje tiene raíces propias o depende de que coincidan los mismos liderazgos.

Cómo leer el mapa ideológico

Israel tiene un sistema proporcional puro: todo el país es una sola circunscripción y los partidos necesitan el 3,25% de los votos para entrar al parlamento. Ninguno gobierna solo, así que el poder se define en la negociación posterior en el próximo mes.

En América Latina, la línea entre izquierda y derecha suele trazarse por el papel del Estado en la economía. En Israel la ordenan sobre todo la seguridad, el conflicto con los palestinos y la relación entre religión y Estado. Por eso, en el mapa israelí, un partido de centro puede ser tan duro en seguridad como uno de derecha.

Los dos partidos más votados muestran esa lógica. El Likud de Netanyahu es la derecha tradicional y lidera el bloque que gobierna desde 2022. Yashar, de Gadi Eisenkot, se ubica en el centro, aunque algunos análisis lo inclinan a la centroizquierda y otros a la centroderecha. Rechaza un Estado palestino, igual que el Likud; lo que lo separa de Netanyahu es la reforma judicial, la investigación del 7 de octubre y el servicio militar de los ultraortodoxos.

Ahí entran los partidos ultraortodoxos, Shas y Judaísmo Unido de la Torá, que son la bisagra de la negociación. Con 14 escaños entre los dos, pueden inclinar la balanza: sin ellos, el bloque de Netanyahu quedaría en 40, y con ellos el de Eisenkot llegaría a 63. Su apoyo depende de que se mantengan la exención militar de sus estudiantes y los fondos para la educación religiosa, lo que hoy los acerca a Netanyahu y los aleja de una oposición que promete el servicio militar para todos.

Qué prometen el Likud y Yashar

¿Pueden gobernar juntos? En los números, sí: el Likud y Yashar suman 49 escaños y, con Juntos, llegarían a 61. En la política es difícil. Eisenkot dijo durante la campaña que no integrará un gobierno encabezado por Netanyahu, ni siquiera mediante un acuerdo de rotación, y que si eso ocurriera renunciaría. Aun así, no descartó un gobierno con el Likud: su línea roja es Netanyahu. Del otro lado, Itamar Ben-Gvir, de la derecha religiosa y socio de Netanyahu, ya advirtió contra un gobierno de unidad nacional, es decir, una alianza del Likud con partidos de centro como Yashar, que podría dejar afuera a su sector. Por eso, hoy el Likud y Yashar son alternativas, y solo podrían ser socios en un escenario sin Netanyahu al frente del Likud.

El Likud y Yashar coinciden en lo que más pesa hacia afuera: ambos rechazan un Estado palestino y ven a Irán como la principal amenaza. Esa coincidencia indica que, gane quien gane la negociación, no hay en el horizonte un giro hacia la creación de un Estado palestino.

Las diferencias están en el método. Netanyahu presenta sus campañas militares como una «guerra de redención» y amenaza con reanudar la guerra contra Irán, destruir su programa nuclear y derribar a su gobierno. En Gaza, su campaña defiende preservar los logros militares con presión sostenida. Eisenkot, exjefe del Estado Mayor, propone en Gaza reemplazar a Hamás, mantener un corredor de seguridad israelí y avanzar en la reconstrucción de forma gradual a medida que avance el desarme. Frente a Irán habla de una solución duradera y verificable del programa nuclear, y plantea estrechar la relación con EEUU y ampliar los acuerdos de paz regionales. Sus propuestas sugieren que un gobierno de Netanyahu prolongaría la presión militar en varios frentes, mientras que uno encabezado por Eisenkot sería igual de duro en seguridad, pero con más peso de la diplomacia regional.

Se separan en cómo gobernar Israel puertas adentro. Likud pretende continuar la reforma judicial mientras que Yashar la rechaza. Respecto a la investigación del 7 de octubre, Netanyahu la prefiere en manos de una comisión designada por el gobierno, y, Eisenkot, por una comisión estatal independiente. En cuanto al servicio militar de los ultraortodoxos, Yashar promete «servicio para todos», y el Likud, que gobernó con los partidos ultraortodoxos, ahora también habla de más reclutamiento. En economía, el Likud promete menos impuestos y Yashar, abrir importaciones, combatir monopolios y priorizar a quienes sirven y trabajan.

La emigración de israelíes durante la guerra estuvo presente en el debate, pero no fue un eje de las plataformas. Según la Oficina Central de Estadística, 82.700 israelíes dejaron el país en 2024 y 69.500 en 2025, de acuerdo con sus datos provisionales. Un estudio de la Universidad de Tel Aviv, basado en datos de esa oficina, contó cerca de 270.000 israelíes que salieron por al menos tres meses entre 2023 y 2025. No parece haber propuestas específicas del Likud ni de Yashar sobre el tema. Lo más cercano es el plan de Yashar para jóvenes, que promete aumentar un 15% el sueldo de los conscriptos y crear mecanismos de protección para inquilinos.

Elecciones en Israel 2026
Elecciones en Israel 2026, Benjamin Netanyahu y Gadi Eisenkot.

Qué significa para América Latina

La Cancillería israelí bautizó 2026 como «el año de América Latina»: lo anunció el canciller Gideon Saar y lo reafirmó en diciembre de 2025 Amir Ofek, subdirector general para América Latina y el Caribe. Argentina lanzó con Netanyahu los Acuerdos de Isaac en abril; Colombia restableció relaciones e inauguró su embajada en Jerusalén el 14 de octubre; Chile volvió a tener embajador; Bolivia restableció relaciones y Paraguay tiene su embajada en Jerusalén desde 2024. En noviembre de 2023, en cambio, Bolivia había roto relaciones y Chile y Colombia habían llamado a consultas a sus embajadores.

El resultado tiene dos lecturas para la región.

Si Netanyahu logra formar gobierno, podría conservar su acercamiento con los gobiernos de la región que apostaron por él, con el primer ministro israelí como mismo interlocutor. Pero un Netanyahu más dependiente de sus socios de derecha religiosa, como Itamar Ben-Gvir, puede tensar esa relación en sociedades donde la imagen de Israel sigue siendo mayoritariamente desfavorable.

Si la negociación se estanca o el poder cambia de manos, lo que estaría en juego no es la relación en sí. La cuestión es cuánto depende el vínculo de la sintonía personal entre Netanyahu, Donald Trump y la nueva derecha latinoamericana.

¿La aproximación responde más a procesos políticos internos de cada país latinoamericano o es una estrategia de Israel? El acercamiento se dio luego de las últimas elecciones en América Latina. Por lo que no se puede descartar que vuelvan a cambiar en próximos periodos.

El acercamiento también tiene límites que no dependen de Israel. El giro de los gobiernos no se tradujo en más apoyo a Israel en las sociedades latinoamericanas. Para buena parte de la nueva derecha regional acercarse a Israel es también una forma de alinearse con Washington.

Qué mirar en las próximas semanas

El proceso sigue así: cuando el Comité Central de Elecciones publique los resultados oficiales, el presidente Isaac Herzog consultará a los partidos y encargará formar gobierno a quien tenga más apoyos. Esa persona tiene poco más de un mes. Si nadie lo logra, Israel volvería a votar y Netanyahu seguiría como primer ministro interino hasta entonces.

Además, se espera aún el resultado oficial. Falta contar los votos de doble sobre, entre ellos los de los soldados. Con márgenes de pocos escaños, ese conteo puede mover el equilibrio entre bloques.

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Agustina Lombardi

Agustina Lombardi

Editora adjunta de Diálogo Político Periodista. Licenciada en Comunicación por la Universidad de Montevideo. Posgrado en Comunicación Política por la UM.

Sara Bachino

Sara Bachino

Asistente de redacción de Diálogo Político. Periodista. Licenciada en Comunicación por la Universidad Católica de Uruguay.

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