¿Hacia dónde se mueve el ELN?

Con territorio expandido, nuevas alianzas y el impacto en la política regional entre Colombia, Venezuela y Ecuador, la organización parece combinar dos estrategias paralelas: mantiene su capacidad militar y control territorial mientras intenta proyectarse como un actor con propuestas políticas dentro del debate público.

Por: Andrea Valdelamar 30 Mar, 2026
Lectura: 9 min.
ELN. Foto: InsightCrime
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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El Ejército de Liberación Nacional (ELN) atraviesa uno de los momentos de mayor transformación estratégica desde la firma del acuerdo de paz con las FARC en 2016. La salida de la antigua guerrilla del mapa del conflicto dejó vacíos de poder en varias regiones del país que el ELN ha aprovechado para expandir su presencia territorial y fortalecer su estructura organizativa. Al mismo tiempo, la organización ha consolidado una capacidad de operación cada vez más transfronteriza, vinculada al control de economías ilícitas y a la fragilidad institucional en las zonas de frontera.

Hoy, el ELN no puede entenderse únicamente como una insurgencia colombiana. Distintos estudios han señalado que se trata de una organización armada con proyección regional, con presencia estable en zonas de Colombia y Venezuela y con conexiones emergentes en redes criminales que operan en Ecuador.

Organización armada híbrida

En este contexto, varios centros de análisis han comenzado a caracterizar al ELN como una organización armada híbrida. Combina elementos propios de una insurgencia política con dinámicas características del crimen organizado. Esta hibridez se refleja en su capacidad para mantener un discurso ideológico y estructuras de mando de inspiración guerrillera, mientras participa activamente en economías ilícitas como el narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando. Esta doble lógica le permite al grupo mantener presencia territorial, asegurar fuentes de financiación y adaptarse a contextos políticos y criminales cambiantes.

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De acuerdo con estimaciones de la Fundación Ideas para la Paz, el ELN cuenta actualmente con alrededor de 6.800 integrantes entre combatientes y redes de apoyo, lo que lo convierte en la segunda organización armada ilegal más grande del país después del Clan del Golfo. Esta expansión ha estado acompañada de una creciente inserción en economías ilícitas, particularmente en territorios vinculados al narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando.

Expansión territorial y control de economías ilícitas

Tras la desmovilización de las FARC, el ELN logró ocupar espacios estratégicos en distintas regiones del país. Según Ideas para la Paz, el grupo mantiene presencia en más de 200 municipios de Colombia y en al menos 22 departamentos, especialmente en zonas de frontera y territorios con economías ilícitas consolidadas.

Entre las regiones donde el grupo mantiene mayor influencia se encuentran el Catatumbo, Arauca, el Chocó y el sur de Bolívar. Estas zonas comparten una característica fundamental: su ubicación estratégica dentro de corredores utilizados para el tráfico de drogas y otras economías ilegales.

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El contexto del narcotráfico ha reforzado esta dinámica. De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Colombia registró 253.000 hectáreas de cultivos de coca en 2023, la cifra más alta de su historia reciente. Este crecimiento ha intensificado la competencia entre grupos armados por el control de territorios vinculados a la cadena del narcotráfico.

En este contexto, el ELN ha consolidado una estrategia basada en el control territorial y la regulación de economías ilícitas. Como señalan distintos análisis sobre crimen organizado en Colombia, el grupo combina una narrativa política insurgente con prácticas propias de organizaciones criminales, lo que le permite mantener legitimidad en ciertos territorios mientras diversifica sus fuentes de financiación. Esta combinación de insurgencia, control social y economías ilegales ha llevado a varios analistas a describir al ELN como uno de los ejemplos más claros de hibridación entre insurgencia y crimen organizado en América Latina.

Expansión territorial del ELN. Foto: InsightCrime
Expansión territorial del ELN. Mapa: InsightCrime

El impacto geopolítico de la captura de Maduro

El equilibrio regional cambió de forma abrupta tras el operativo del 3 de enero de 2026, en el que fuerzas estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro en Caracas para enfrentar cargos judiciales en Estados Unidos. Este hecho alteró profundamente el escenario político en Venezuela y generó nuevas incertidumbres para los actores armados que operan en la frontera colombo venezolana.

Durante años, distintos informes han documentado la presencia del ELN en territorio venezolano. Investigaciones de InSight Crime indican que la organización mantiene presencia en al menos ocho estados venezolanos, incluyendo Zulia, Táchira, Apure y Bolívar, donde participa en economías ilegales como la minería y el contrabando. De acuerdo con diversos medios, el ELN ha consolidado en Venezuela una retaguardia estratégica que le ha permitido entrenar combatientes, refugiar mandos y controlar rutas de movilidad a lo largo de la frontera.

La captura de Maduro alteró este equilibrio. Ante el riesgo de una mayor presión internacional, informes de seguridad señalaron que algunas estructuras del ELN comenzaron a reorganizar sus movimientos en la frontera y a reforzar su presencia en zonas estratégicas del lado colombiano.

Al mismo tiempo, el nuevo escenario abre la posibilidad de una mayor cooperación internacional contra el grupo. Analistas han advertido que la reorganización política en Venezuela podría facilitar operaciones coordinadas entre EEUU, Colombia y un eventual gobierno venezolano en transición, orientadas a debilitar las redes armadas que operan en la frontera.

Sin embargo, materializar este tipo de cooperación no será sencillo. La detención de Nicolás Maduro y la posible reconfiguración del poder en el vecino país abren interrogantes sobre las implicaciones que este nuevo contexto podría tener para la seguridad de Colombia. Diversos análisis señalan que buena parte del Comando Central y de la Dirección Nacional del ELN se desplaza o mantiene presencia en territorio venezolano, lo que ha convertido históricamente a ese país en una retaguardia estratégica para la organización. En ese sentido, aunque un cambio político en Caracas podría aumentar la presión internacional sobre la guerrilla, también es probable que el proceso genere un periodo de incertidumbre en el que las dinámicas del conflicto en la frontera permanezcan volátiles y difíciles de prever.

Disputas territoriales y transformación del conflicto

La expansión del ELN también ha generado disputas con otros grupos armados ilegales, especialmente con disidencias de las FARC.

Uno de los principales escenarios de estas confrontaciones es el Catatumbo, una región que concentra una parte significativa de los cultivos de coca del país y que constituye un corredor estratégico hacia Venezuela.

La Fundación Ideas para la Paz ha documentado que estas disputas han generado desplazamientos forzados, confinamientos de comunidades y episodios recurrentes de violencia en distintas zonas de Norte de Santander.

Estas dinámicas reflejan una transformación más amplia del conflicto armado colombiano. Según el International Crisis Group, las economías ilícitas se han convertido en uno de los principales motores de la violencia contemporánea en el país.

Varias personas caminan por una carretera del Catatumbo junto a un camión con la frase 'FARC 33', el 16 de agosto de 2023. Foto: Efe
Varias personas caminan por una carretera del Catatumbo junto a un camión con la frase ‘FARC 33’, el 16 de agosto de 2023. Foto: Efe

El cálculo político del ELN frente a las elecciones en Colombia

Mientras enfrenta nuevas presiones regionales, el ELN también ajusta su estrategia frente al contexto político colombiano. El ciclo electoral de este 2026 abre una ventana de oportunidad para que la organización intente reposicionarse como actor político.

Históricamente, el ELN ha buscado mantener una identidad política que lo diferencie de organizaciones criminales puramente económicas. Esta narrativa se refleja en su insistencia en promover procesos de diálogo y acuerdos políticos que, según el grupo, deberían abordar problemas estructurales del país.

En el contexto actual, la organización parece combinar dos estrategias paralelas. Por un lado, mantiene su capacidad militar y su control territorial en regiones estratégicas. Por otro, intenta proyectarse como un actor con propuestas políticas dentro del debate público.

Conexiones emergentes con Ecuador

La expansión regional del ELN también se manifiesta en sus vínculos con redes criminales en Ecuador. Aunque el grupo no mantiene allí una presencia estructurada comparable con la de Colombia o Venezuela, diversos informes han identificado alianzas operativas con organizaciones criminales ecuatorianas vinculadas al narcotráfico.

La creciente violencia asociada al narcotráfico en Ecuador refleja la importancia de estas rutas. Según datos recopilados por InSight Crime, el país pasó de registrar 6,9 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2019 a más de 45 por cada 100.000 en 2023, una de las tasas más altas de América Latina.

Cuando las fronteras dejan de contener el conflicto

La evolución reciente del ELN confirma una tendencia cada vez más evidente en la región andina: la transformación de los actores armados en organizaciones híbridas, capaces de combinar objetivos políticos, control territorial y participación en economías ilícitas.

Con cerca de siete mil integrantes, presencia en más de doscientos municipios y capacidad de operar en territorios fronterizos, el ELN se ha consolidado como una de las organizaciones armadas más resilientes del país.

Su presencia en Venezuela y sus conexiones con redes criminales en Ecuador reflejan una organización capaz de adaptarse a entornos geopolíticos cambiantes y aprovechar las oportunidades que ofrecen las economías ilícitas regionales.

Este escenario plantea desafíos importantes para la seguridad regional. Las estrategias centradas exclusivamente en el ámbito nacional resultan cada vez menos eficaces frente a organizaciones que operan a través de múltiples fronteras. En este contexto, la cooperación regional en materia de inteligencia, control fronterizo y lucha contra el crimen organizado será cada vez más determinante para contener la expansión de estos grupos armados.

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Andrea Valdelamar

Andrea Valdelamar

Magíster en seguridad y defensa nacional de la Escuela Superior de Guerra y politóloga de la Pontificia Universidad Javeriana. Egresada del Curso Integral de Defensa Nacional. Actualmente es coordinadora de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer en Colombia. Es fundadora de ATHENA, red de mujeres en seguridad y defensa impulsada.

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