Vivimos una época donde las narrativas extremas dominan el escenario político. Las redes premian la hipérbole, las emociones se privilegian por encima de los argumentos y los discursos que apelan al miedo o la furia parecen ser los únicos capaces de movilizar masas. En ese contexto, la centroderecha enfrenta un dilema existencial: ¿cómo ser competitiva sin renunciar a sus valores?, ¿cómo hablar con el lenguaje de la sensatez en un entorno gobernado por el ruido?
El relanzamiento reciente del Partido Acción Nacional (PAN) en México representa una apuesta inusual: actualizar imagen, discurso y presencia mediática sin ceder a la tentación de polarizar. En un continente donde las opciones políticas tienden a radicalizarse, el caso mexicano ofrece una señal clara: es posible construir una narrativa de centroderecha que resulte atractiva, actual y coherente. Es posible —aunque no fácil— que el sentido común vuelva a tener valor político.
La paradoja de la centroderecha: pensar sin gritar
La centroderecha, entendida no como una ubicación aritmética en el espectro ideológico sino como una tradición filosófica y política, se ha caracterizado históricamente por su defensa de la libertad individual, el Estado de derecho, la propiedad privada con responsabilidad social, la subsidiariedad y los derechos humanos. Se basa en el principio de gradualidad como forma de transformación y en el respeto a las instituciones como marco de cambio.
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Sin embargo, estas mismas características la colocan hoy en una posición compleja. En un entorno saturado de relatos confrontativos, la propuesta de “mejorar sin destruir”, de “avanzar sin desmantelar”, parece menos seductora. En contraste con los discursos autoritarios, los populismos de derecha en ascenso o la narrativa victimista de las izquierdas radicalizadas, la moderación suena aburrida. Defender derechos humanos cuando Estados Unidos expulsa migrantes en masa o cuando regímenes autoritarios en Latinoamérica encarcelan sin debido proceso, es percibido por muchos como ingenuidad, cuando en realidad es una afirmación civilizatoria.
La paradoja es evidente: la centroderecha posee una oferta sólida en términos éticos y prácticos, pero le falta una narrativa que la vuelva culturalmente relevante. De ahí la importancia del caso mexicano.

El relanzamiento del PAN: imagen, narrativa y sentido
El relanzamiento del PAN en México no fue únicamente un ejercicio de diseño gráfico o mercadotecnia política. Si bien se actualizaron elementos visuales —logotipo, tipografía, espectaculares, presencia digital—, el cambio más profundo fue narrativo: contar de nuevo una historia sin alterar la esencia. Y es que el reto de una organización como el PAN —que lleva más de 86 años siendo partido— no es renunciar a sus valores, sino, narrarlos en un lenguaje contemporáneo.
La narrativa construida parte de una premisa simple pero poderosa: cambio sin traición. No se trata de un nuevo PAN”que niegue su historia, sino de un PAN que retoma sus raíces para proyectarse al futuro. En lugar de competir en el terreno del escándalo o de replicar los modos de comunicación de los extremos, el PAN busca reivindicar el terreno de la sensatez y del compromiso institucional.
En términos narrativos, esto supone una sofisticación importante: el PAN no adopta una narrativa tecnocrática. Adopta una centrada en valores que siempre han sido del PAN y de la centroderecha: patria, familia y libertad. En otras palabras, no comunica soluciones, comunica sentido. Además todo el concepto se engloba bajo un concepto épico: defender a México.
Esta narrativa se estructura a partir de causas y valores, no de ideas abstractas. Apuesta por el ciudadano común y no por el mesías político. Se centra en problemas reales —seguridad, salud, educación, medio ambiente, justicia— y no en etiquetas ideológicas. Presenta a los liderazgos como personas con historia, con rostro, con voz humana. Se recupera el principio de que la política debe ser razonable, no ruidosa. Emocional, pero no amarillista.
A la par, se abre un camino de participación a patir de una aplicación (App) para teléfonos móviles desde donde puedes afiliarte, participar e incluso inscribirte como posible candidato.
Este relanzamiento no es espontáneo. Es el resultado de más de un año de trabajo en la redefinición del discurso político panista, articulado en torno a una doctrina viva, actualizable, pero inalterable en sus fundamentos. El análisis profundo de los resultados electorales de 2024 fue básico ya que se hicieron escuchas de militantes, análisis electorales, comparativos con otros partidos y estrategias similares en el mundo, estudios axiológicos y reuniones con los principales académicos de México.
La apuesta no es por un partido que diga lo que el algoritmo exige, sino por uno que represente un ethos reconocible: el del México responsable, trabajador, democrático y solidario, el ethos del esfuerzo.

Una propuesta para América Latina: centroderecha con alma
Lo iniciado por el PAN en México no debe verse únicamente como un caso nacional, sino como una propuesta extrapolable a otras realidades latinoamericanas. En buena parte del continente, la centroderecha enfrenta dos tentaciones: o renunciar a su identidad para adaptarse a la polarización, o refugiarse en una tecnocracia que desconecta del electorado. El relanzamiento panista muestra una tercera vía: mantener principios, renovar narrativas, y humanizar la política.
Este modelo rescata la noción de una política de sentido común, en la que la libertad no se confunde con el egoísmo y el orden no equivale al autoritarismo. Una política que defiende instituciones porque reconoce que son las únicas garantes de la libertad individual. Una narrativa que no es reactiva, sino propositiva. Que no vive de la denuncia, vive del anuncio.
América Latina necesita partidos de centroderecha que no sean meras marcas electorales, sino plataformas de pensamiento político. Necesita proyectos que hablen más claro y no griten más fuerte. En este sentido, el PAN ofrece una ruta: un partido con identidad doctrinal, con causas claras, con estrategias de comunicación modernas y con capacidad de renovación interna.
Aunque no abundaré en el presente texto al respecto, el relanzamiento narrativo también incluye otros dos temas sumamente relevantes: la defensa de los gobiernos panistas y el manual de voceros para tener semántica y sentido homogéneo. Uno de los grandes problemas de la centroderecha es que no suele tener una comunicación organizada y por ello no suele posicionar términos o marcos conceptuales.


Cuando el centro tiene rostro
La batalla política de nuestros días no es únicamente electoral, también es una batalla narrativa. Se libra en el campo de las ideas, de las emociones, de los imaginarios colectivos. En ese campo, la centroderecha ha estado ausente o mal representada. Pero el caso mexicano puede iluminar y demostrar que es posible presentarse con fuerza, con rostro humano y con relato coherente.
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El PAN ha decidido volver a contar su historia: una historia de libertad responsable, de gradualismo reformador, de humanismo político. Lo ha hecho con imagen fresca, con estructura comunicacional renovada, con un equipo de voceros jóvenes y con un compromiso inalterable con sus valores. Eso, en sí mismo, ya es una buena noticia para México. Pero también lo es para América Latina.
Porque si el futuro es de quienes logren contar mejor sus causas, entonces es hora de que el centro vuelva a tener voz, y sobre todo, rostro.