Turquía en búsqueda de nuevos socios en América Latina

Después de alejarse políticamente de la Unión Europea, el presidente Recep Tayyip Erdoğan muestra su interés por América Latina.

Capadocia, en la región central de Turquía | Foto: pixabay.com
Capadocia, en la región central de Turquía | Foto: pixabay.com

Turquía queda lejos de América Latina y, salvo por el famoso cuento Las mil y una noches, es apenas conocida en el continente. Aparte de eso, varios países latinoamericanos experimentaron la migración de turcos después de la caída del Imperio otomano (1299-1923). En este contexto se produjo el genocidio armenio, conocido a través de los relatos de sobrevivientes que emigraron a Latinoamérica. En Uruguay, por ejemplo, vive una comunidad armenia bastante grande. Debido a la inmigración de turcos, principalmente, en América Latina se escucha por todas partes que se les llama turcos a los árabes, aunque existen diferencias idiomáticas, culturas y religiosas entre los dos grupos. En contraste con la percepción pública de Turquía en América Latina, la imagen de este país es muy diferente en Europa.

En los últimos tres años las relaciones entre Turquía y la Unión Europea (UE) se han tensado. Esto es el resultado del liderazgo autoritario del presidente turco Erdoğan, el abandono de la libertad de prensa y la detención de periodistas y críticos, y de algunos ciudadanos de países europeos. Este desarrollo incluye, hace solo algunos días, el desconocimiento de los resultados de las elecciones comunales.

Turquía juega un rol importante en la situación geopolítica en la guerra en Siria. La injerencia turca en esta guerra civil también es influida por la cuestión kurda dentro del país. Los kurdos representan una minoría significativamente importante en Turquía (son aproximadamente 13 millones del total de 82 millones de habitantes) y aspiran a hacerse independientes y formar un Estado propio. Obviamente, eso hace peligrar la integridad del Estado turco que, por esa razón, atacó a las milicias kurdas que combaten en Siria y exigen más derechos autonómicos. Más allá de eso, el país juega un papel esencial porque la llamada oleada de migrantes sirios que llega a Europa cruza Turquía y, además, acoge a numerosos refugiados sirios. Con respecto a la reducción de migrantes que llegan a Europa, la UE depende de cierto modo de las decisiones de Erdoğan. Últimamente, la cooperación en este asunto resulta bastante difícil debido a las tensiones actuales entre Turquía y Europa.

Debilitado el contacto con los socios europeos, Turquía está obligada a buscar nuevos socios, no solo en Rusia o China, sino también en algunos países de América Latina. Últimamente, esta tendencia se manifestó, por ejemplo, respecto a la crisis en Venezuela y el nombramiento de Juan Guaidó como presidente interino a principios de este año. Mientras que la mayoría de los países del continente americano (Estados Unidos, Colombia, Chile, Perú, Brasil, Paraguay, Argentina, Guatemala, Canadá, Panamá, Honduras, Bahamas) y los miembros de la Unión Europea reconocen a Juan Guaidó como presidente interino, Turquía apoya a Nicolás Maduro. Así, se alinea con Rusia, China, Cuba, Bolivia, Nicaragua, El Salvador y Sudáfrica, Palestina, Siria e Irán. El apoyo turco a Maduro puede ser interpretado una vez más como un alejamiento de la UE y de los valores y decisiones de Occidente.

Con esto en mente, parece lejano que a principios de este siglo Turquía haya tenido chances reales de convertirse en miembro de la Unión Europea. En aquel tiempo, se presentaba como un ejemplo para los países musulmanes, por ser un Estado en el que la democracia y el islam coexistían con considerable éxito.

El liderazgo autoritario del presidente Erdoğan, el alejamiento del Estado de derecho así como la abolición de la libertad de prensa (todo lo cual se intensificó, en particular, después del intento de golpe de Estado por el ejército) fueron causas del empeoramiento de las relaciones con la UE. Por esta razón, el presidente turco desde el 2000 mira a América Latina. En particular, le interesan países como Brasil, Chile o México, que cuentan con una economía floreciente y bastante fuerte. Turquía exporta sobre todo bienes manufacturados con tecnología media o baja hacia Latinoamérica. Otros exportaciones esenciales son frutas y comestibles, textiles, partes de automóviles y motores, hierro y acero. En los últimos diez años los intercambios comerciales entre Turquía y la región se han multiplicado. Brasil y México son sus socios comerciales más grandes en América Latina. Además, hay interés en firmar tratados de libre comercio (TLC), por ejemplo, con Perú, Ecuador y México. En 2011 ya se firmó un TLC con Chile. En México y en Colombia se establecieron oficinas de la Agencia Turca de Cooperación y Coordinación para fomentar la cooperación.

Aparte de la cooperación económica, la declaración del Latin American Year en 2006 es lo que subraya el mayor estatus de la política turca respecto al continente americano. Esto fue vinculado con un plan de acciones. Lo que siguió fueron visitas frecuentes de varios presidentes de Latinoamérica a Turquía entre 2009 y 2011, y la apertura de varias embajadas turcas en países latinoamericanos. Costa Rica, Venezuela y Cuba mostraron su interés por la colaboración con Turquía. En el pasado, Cuba apoyó a Turquía en asuntos varios, por ejemplo, en su candidatura para el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en la realización de la Expo en 2015. Además, en 2017, el exministro de Asuntos Exteriores de Costa Rica, Manuel González Sanz, alabó la buena relación con la República de Turquía y subrayó su importancia.

En vista de los desarrollos políticos actuales sigue siendo interesante ver cómo Turquía se va a posicionar en los asuntos internacionales. Más de allá de las situaciones coyunturales, ¿Latinoamérica se convertirá en un socio estratégico en las próximas décadas?