¿Por qué Cuba no pacta con Washington?

La isla enfrenta un dilema histórico: resistir en nombre de la soberanía o negociar con su adversario para evitar el colapso. La negativa de La Habana no responde a terquedad ideológica, sino a la fragmentación del poder.

Por: Víctor Salmerón 16 Jun, 2026
Lectura: 6 min.
¿Por qué Cuba no pacta con EEUU?
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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Decidido a forzar cambios políticos y económicos en Cuba, Estados Unidos colocó al régimen de La Habana bajo una presión inédita que la está dejando sin margen de maniobra. Un punto de quiebre no luce lejano. 

La isla enfrenta un dilema: resistir hasta un caos incontrolable, que aumentaría la posibilidad de una intervención militar de Washington, o abrirse a un acuerdo que, como en Venezuela, contemple una transición lenta en lo político pero acelerada en lo económico y el cese de las relaciones con China y Rusia.

[Lee: Cuba colapsa y negocia. ¿El fin de la vaca sagrada de la izquierda?]

Tras la caída de Maduro, la isla perdió el petróleo a bajo precio que enviaba Venezuela. La amenaza de Trump, de imponer aranceles a quienes le vendan crudo, dejó a Cuba con un severo déficit de combustible que multiplica los apagones. En paralelo, las sanciones financieras contra el Grupo de Administración Empresarial S.A. (Gaesa) son un golpe demoledor. Este conglomerado en manos de los militares controla hasta el 40% del PIB, interviene en los sectores más lucrativos como el turismo y concentra las importaciones y exportaciones.

Colapso económico

Si bien desde los tiempos del embargo las medidas de Washington condicionan las relaciones de Cuba con otros países, la sanción a Gaesa introdujo un cambio decisivo. Por primera vez las empresas extranjeras que operan en la isla enfrentan el riesgo de perder acceso al sistema financiero estadounidense. El resultado es un éxodo empresarial. La canadiense Sherritt, socia en níquel, cobalto y gas, cesó operaciones, al igual que operadores hoteleros como Meliá y Blue Diamond. Visa y MasterCard cortaron sus servicios y las navieras que permiten importar podrían poner pausa.

El deterioro, que aún no refleja del todo el impacto, es evidente. El turismo, principal fuente de divisas, se derrumbó y el número de visitantes se redujo un 56% en los primeros cuatro meses del año. El peso cubano se deprecia velozmente en el mercado informal. Si el gobierno recurre a la emisión de dinero para cubrir el déficit fiscal, la inflación podría dispararse.

El régimen cubano ha superado crisis severas, como la que siguió al derrumbe de la Unión Soviética y a ciclos de mayor presión de EEUU. Pero el deterioro actual, sumado a la decadencia de la infraestructura, la emigración de los jóvenes que deja una población envejecida, y la ineficiencia del Estado, configura un entorno que va más allá de una recesión severa.

Pavel Vidal, economista y exanalista de la División de Política Monetaria del Banco Central de Cuba, advierte sobre la paralización de la economía. “Prácticamente, lo único que queda con algún grado de actividad son las remesas, los viajes de cubanoamericanos, las importaciones del sector privado y las ayudas humanitarias que se logren conseguir en el complejo escenario geopolítico actual”, dice.

En paralelo a la ofensiva económica, Washington añadió una orden de captura contra el expresidente Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de una organización de exiliados en 1996. Se suman además sanciones personales dirigidas a su entorno familiar y al del presidente Miguel Díaz-Canel.

La rigidez del sistema

Una semana después de las sanciones a Gaesa, el director de la CIA, John Ratcliffe, llegó a La Habana para dejar en claro que la posibilidad de una negociación seguía abierta. Mientras, el tiempo se agotaba y la amenaza de Trump de “tomar Cuba” debía tomarse en serio. Las demandas eran precisas: liberar a los presos políticos, permitir un giro drástico en la economía y reducir los vínculos con China y Rusia, mientras se avanzaba de manera progresiva en lo político.

En febrero, el secretario de Estado, Marco Rubio, ya había hablado sobre la gradualidad de la transición. “Cuba no tiene por qué cambiar de la noche a la mañana. Aquí todos somos maduros y realistas. Estamos viendo cómo se desarrolla ese proceso, por ejemplo, en Venezuela”, expresó.

Con Venezuela hay similitudes: el cerco económico y la orden de captura contra Castro, que insinúa una posible intervención militar con el mismo argumento utilizado contra Maduro. De todos modos, en la isla no aparece por ahora una figura equivalente a Delcy Rodríguez en Caracas, capaz de asumir el poder bajo el tutelaje de la administración Trump y preservar el orden. 

En A Deal With Washington Is the Island’s Best Hope, el historiador Michael Bustamente y Ricardo Herrero, director de Cuba Study Group, afirman que la negativa de La Habana a ofrecer concesiones sustanciales no responde solo a terquedad ideológica, sino a la fragmentación del poder. La autoridad se reparte entre cuatro núcleos: la familia Castro, Gaesa, los servicios de inteligencia y el aparato del Partido Comunista.

En este rompecabezas Gaesa busca preservar su dominio económico. Los servicios de seguridad buscan mantener sus vínculos con Moscú y Pekín. Y el Partido intenta evitar una apertura política mientras Castro considera cualquier salida como una amenaza existencial a su legado.

El desgaste

Como punto a favor de su sostenibilidad, el régimen cuenta con la ventaja de que en Cuba no existe una oposición organizada. Las protestas, que probablemente reaparezcan en el corto plazo, son espontáneas y carecen de conducción política. Pero intentar resistir hasta las elecciones de medio término en EEUU, bajo la expectativa de que una derrota de Trump lo obligue a replantear la política exterior y aceptar concesiones menores, puede ser autodestructiva. 

Cada día de parálisis aumenta el desgaste: se pierden fondos, se deteriora la infraestructura y se agota la tolerancia social, acercando la posibilidad de un colapso inmanejable. 

Herrero y Bustamante advierten que la única vía sostenible es un acuerdo negociado en el que La Habana haga concesiones lo suficientemente sustanciales para que Trump pueda presentarlas como una victoria. Solo así se evitaría un colapso humanitario y se abriría un camino de recuperación. Cualquier alternativa menor, señalan, abre la puerta a más agitación social y a una intervención militar estadounidense para contener una economía en ruinas a apenas 90 millas de Florida.

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Víctor Salmerón

Víctor Salmerón

Periodista. Autor de los libros Petróleo y Desmadre y La Economía del Caos.

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