El Partido Nacional de Uruguay es el más antiguo de América Latina. La agrupación que tuvo a Luis Lacalle Pou como presidente en el periodo pasado cumple 190 años este 10 de agosto.
Pocos partidos latinoamericanos pueden exhibir casi dos siglos de historia y mantenerse como una fuerza competitiva. Sumados el Partido Colorado de Uruguay, el Partido Liberal y el Partido Conservador de Colombia, forman el grupo de partidos fundacionales sobrevivientes en la región.
En entrevista con Diálogo Político, el presidente del Partido Nacional, Álvaro Delgado, reflexiona sobre las razones que explican la vigencia de “los blancos” —una referencia histórica que identifica a los integrantes del partido con la divisa blanca, usada en las guerras civiles del siglo XIX— y el futuro de la Coalición Republicana. Tras haber gobernado entre 2020 y 2025 como una alianza de partidos sostiene que la coalición “vino para quedarse”. Plantea que la discusión ya no pasa por su continuidad, sino por la forma en la que se presentará ante el electorado.


190 años
¿Qué explica que un partido fundado hace casi dos siglos aún sea una fuerza competitiva hoy?
—Primero, tener los mismos principios y los mismos valores fundacionales: defensor de las leyes y defensor de la libertad. Y después, ir variando la forma de defender esos valores, ir adaptándonos a los tiempos. El Partido Nacional ha sido un partido muy caudillista. Pasó de ser un partido revolucionario a un partido popular. Estuvo pocas veces en el gobierno, pero ordenó, proyectó y modernizó el país. Un partido liberal y solidario que, con el tiempo, se ha ido adoptando a los tiempos defendiendo aquellos mismos valores. Y cuando muchas veces el país está en situaciones bien complejas, tiende a buscar un partido como el Partido Nacional para que gobierne. Hoy, con otra realidad: liderando una coalición de varios partidos, algunos con los cuales competimos 190 años con el Partido Colorado. Por eso digo: nos sabemos adaptar a los tiempos, pero defendiendo lo mismo.
¿A qué se refiere con los mismos valores? ¿Cuál es el hilo conductor en la identidad política del Partido Nacional o, en otras palabras, qué significa ser blanco?
—Legalidad, libertad. Es un sentimiento de amor a la patria, un nacionalismo no exacerbado, un nacionalismo racional, un liberalismo solidario. Somos un partido liberal con sensibilidad social, un partido transversal a todos los sectores de la población, a todas las entidades políticas, económicas, religiosas, clases sociales. Es un partido nacional, de cercanía. Aunque somos oposición a nivel nacional, en la mayoría de los gobiernos locales tenemos más gobernantes que cualquier otro partido. Con lo cual, somos el partido más territorial del Uruguay. Eso nos da una gran oportunidad, pero también una gran responsabilidad.
En casi todo el mundo, la tendencia es que los partidos tradicionales pierden espacio frente a liderazgos personalistas y nuevos movimientos. Sin embargo, en Uruguay, los partidos tradicionales siguen siendo protagonistas. ¿Por qué piensa que eso sucede?
—Por lo menos el Partido Nacional se ha ido adaptando rápidamente a los cambios de época. Además, tiene muchas vertientes, que le dan dinamismo al partido sobre una base única. La unidad es una obligación. Somos un partido con una estrategia común, con valores comunes. En unidad, con diversidad. Y esa diversidad genera el catch all, que permite captar diferentes miradas, visiones, pero sabiendo que hay un común denominador.
¿No hay ahí alguna característica que tenga que ver con el sistema político uruguayo en un sentido más amplio, en el tamaño del país o en cómo se comporta el electorado?
—Los partidos políticos en Uruguay son, para la región, bastante estables en el tiempo. Al Frente Amplio lo componen partidos de principios del siglo XX, y como coalición es de 1971. Son pocos los ejemplos en el mundo, pero, realmente, los partidos que no se aggiornan se van achicando y perdiendo vigencia. Y el nuestro es al revés, permanentemente nos vamos renovando con camadas nuevas, con los mismos denominadores comunes, pero con estrategia de comunicación y de llegada nueva que hace que hoy el partido esté más vigente que hace cinco años. Más vigente en el dinamismo, en la movilización, en la cercanía, en la recorrida. En Uruguay, como país chico, con distancias cortas, más allá de los elementos tecnológicos de comunicación, que siempre ayudan, es intransferible el mano a mano.

El desafío de tener impacto
Conversamos de partidos tradicionales, y esa definición se asocia a la tradición democrática. Pero, ¿es lo mismo el centro político que la tradición partidaria, o los partidos tradicionales?
—El concepto de partidos tradicionales se asocia a partidos fundacionales en Uruguay. El Partido Nacional y Colorado nacieron seis años después de jurar la constitución y ser un Estado libre, independiente y soberano. Sobre la base de esos valores artiguistas se fundó el Partido Nacional. Se habla tradicional porque, en realidad, viene de las épocas de la fundación del Uruguay como país. Por eso algunos le dicen, y a mí no me no me desagrada, hablar de partidos fundacionales.
¿Y eso se vincula ideológicamente con el centro político?
—Yo no me defino ni de derecha ni de izquierda, me defino blanco, y eso está por encima del calibre de las definiciones ideológicas tradicionales. Blanco es un es un ser nacional, que es liberal, que es solidario, que tiene un sentido nacional de país, y no solamente montevideano. Defiende la libertad como principal factor de de definición del de un ser humano en el ejercicio más libre de todos sus derechos.
Los partidos tradicionales no suelen representar los extremos. Justamente hoy, Hoy los discursos más visibles, justamente, se ubican en los polos y perjudican a quienes buscan matices. ¿El Partido Nacional se preocupa por esto?
—Conseguir más aplausos no necesariamente significa más votos. Tiene que ver con muchas tendencias de cómo se informa la gente y cómo se canalizan titulares, que a veces no necesariamente es información chequeada, por ejemplo, en redes sociales.
El Partido Nacional, al tener diversidades, matices dentro del mismo y ser un partido catch all, tiene perfiles dentro de cierto margen. Pero no es un partido de extremos, es un partido de conciliación, que genera puentes, no es un partido que genera grieta. Obviamente, depende del rol que tenga, ser oposición es una cosa y ser gobierno es una otra.
Es verdad que en Uruguay los movimientos extremos aún son tan fuertes. Pero, ¿cómo piensan no perder el impacto mientras crecen los extremos?
—Eso en Uruguay es contrafáctico. Los partidos que se fundaron por coyuntura duraron una elección. Los outsiders duraron una elección. Uruguay es una sociedad relativamente chica, muy democrática, civilizada, que canaliza sus alegrías, esperanzas y también sus frustraciones a través de los partidos políticos. Fundamentalmente, en los partidos políticos estables. Más allá de algunos personajes que generan oportunismo político con mayor estridencia, ruido o demagogia, yo creo que a la larga termina siendo un voto marginal.
Como presidente del Partido Nacional, ¿tiene alguna idea sobre los criterios en el uso de las redes sociales y nuevos medios de comunicación desde el partido?
—Adaptarnos a la realidad. Estamos haciendo capacitación en Comunicación. Es muy importante saber cómo se informa la gente, a quien le interesa la política y a quien no, y ser parte de este juego que vino para quedarse. El partido tiene un grupo de comunicación permanente, un grupo de streaming manejado por los jóvenes del partido, obviamente con dirección política. También estamos en todas las plataformas porque un partido transversal tiene que llegar a toda la sociedad y a todas las formas de comunicación por las cuales la sociedad se informa.
Menciona que el Partido Nacional es un partido catch all, y muchas veces las elecciones se definen en el centro, porque ahí se concentran muchos de los votos. ¿Existe un costo electoral por intentar representar a un electorado más moderado?
—En otros países sí. Si le preguntás a la mayoría de los uruguayos cómo se ubican del uno al diez, siendo uno izquierda y diez derecha, todos te van a decir entre cuatro y seis. Las elecciones, por lo menos en las últimas, se ganan o se pierden por poquitos puntos, que, generalmente, no están en los extremos. A veces están en el sector más moderado, que entienden aquellas que le den más garantías, o un mejor programa o tengan una mejor performance y estrategia electoral. Obviamente, nosotros estamos permanentemente monitoreando eso. Es serio que el partido monitoree el estado de opinión pública, particularmente según su percepción ideológica. Pero Uruguay es un país que no tiene grandes desastres naturales ni grandes montañas, tampoco tiene grandes extremos.
La nueva estrategia: vivir en una coalición
Desde hace unos años, Uruguay entró en la lógica de las coaliciones. Por un lado, una coalición de izquierdas (Frente Amplio) y otra con partidos del centro hacia la derecha (Coalición Republicana). ¿Cómo ve el Partido Nacional cohabitando dentro de una coalición a largo plazo?
—El Partido Nacional, cuando gobernó (2020-2025), era una coalición de partidos. Creo que este proceso vino para quedarse porque (las coaliciones) representan a bloques ideológicos o modos de percibir la realidad, la coyuntura, el porvenir, los valores, y muchas veces las afinidades internacionales. Si vamos jurídicamente en lo formal como coalición o si vamos en lo instrumental como coalición, será tema de discusión interna de los partidos. Todos tenemos claro que vamos a gobernar juntos en coalición, una coalición liderada, en este caso, por el Partido Nacional.
En el fondo, ¿eso no refleja una nueva polarización de la sociedad? Porque antes teníamos varios partidos, con varias ofertas, y ahora se resumen cada vez más en dos polos.
—Cada vez hay más gente que dice: yo soy de la coalición. En las encuestas pasa. Creo que eso vino para quedarse. Después cada uno lo canaliza por algún partido político en función de lo que representa ese partido, sabiendo que hay un denominador común y un programa común de gobierno. Lo vamos a presentar ante las elecciones, asegurando mayoría parlamentaria, estabilidad en el parlamento y la posibilidad de gobernar juntos. Por eso yo espero que el Partido Nacional siga siendo el partido que lidere la Coalición Republicana.

Y habitar dentro de una coalición, ¿ayuda, de alguna forma, a que se diluyan las identidades partidarias?
—Estamos fortaleciendo la marca Partida Nacional. Este año están cumpliendo 190 años, y todo el año va a haber una cantidad de eventos que tienen que ver con fortalecer nuestra identidad.
Por encima de eso, hay una estrategia común de acceder al gobierno y gobernar con mayoría, que es con socios, por eso la coalición. No creo que en ningún caso se diluya la identidad. Creo que se agranda la oportunidad. Sí implica un esfuerzo adicional, de coordinar programas, congeniar propuestas, tener ámbitos de coordinación. Tuvimos un costo de aprendizaje en el gobierno pasado, porque fue la primera vez que gobernó el Partido Nacional en coalición con otros partidos, con el presidente Luis Lacalle Pou como líder, y con una pandemia por medio. El costo de apredizaje ya lo tuvimos. La próxima coalición, espero que gane en 2029 y suba un escalón más en este proceso de coordinación en coalición de gobierno.
Si se observa el Partido Nacional desde la región, es un partido que tiene las defensas altas. Pero hay otros partidos en Uruguay y la región que sí están de capa caída, es una tendencia en las democracias occidentales. Esos partidos, que pueden ser más pequeños, dentro de una coalición, ¿pueden terminar diluyéndose?
—Depende mucho de la lógica y la casuística de los partidos. En este caso, el aporte del Partido Independiente tiene un aporte que tiene mucho que ver con la socialdemocracia. Obviamente, el programa de gobierno termina siendo un vino de corte, porque congeniás con otros partidos un programa de gobierno que le presentás a la gente para gobernar juntos. En este caso, para el Partido Nacional la responsabilidad es ser la mayoría de ese proceso, con lo cual tiene un mayor porcentaje de incidencia en el programa de gobierno.
Todo el mundo cambia, y los partidos también en algún momento tienen que cambiar, ¿no? 190 años, un montón. ¿Qué tiene que cambiar el partido nacional hoy?
—Hay dos objetivos que tenemos bien nítidos: descentralizar el partido y capacitar gente. Capacitar militantes, capacitar jerarcas medio de gobierno, para darles mayor nivel de formación, y capacitar a una escuela de gobierno para cuando nos toque gobernar.
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