La sorpresiva reivindicación libertaria de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas, solo mencionada de compromiso en diciembre de 2023, tomó cuerpo desde que el presidente de EEUU, Donald Trump, se fastidió con el Reino Unido por no colaborar en su cruzada contra Irán. La internacionalización de la causa Malvinas buscó capitalizar ese enojo que, a la postre, se demostró volátil como siempre.
El propio Milei lo padeció recientemente en Nueva York, cuando participó de la asamblea general de la ONU y no recibió ni siquiera un guiño para acercarse a Trump. De hecho, el presidente norteamericano hizo todo lo contrario. Mantuvo una cumbre bilateral con el primer ministro británico, Andy Burnham, a quien le terminó facilitando el ámbito para declarar que no está en sus planes negociar la soberanía de las Malvinas con la Argentina.

Giro diplomático
Así como Trump pareció demostrarle a Milei que la estrategia la fija él, en función de sus necesidades, y que sus aliados no están invitados a subirse a esas alturas de la geopolítica global, los ingleses aprovecharon la inestabilidad trumpista para mostrar que se sentían ofendidos con la voltereta de Milei. Es que la diplomacia argentina pasó en cuestión de días de la Doctrina Plaza —en nombre a la actual canciller, con foco en los negocios— a la Doctrina Drago.
La primera doctrina era la que la Cancillería argentina venía aplicando desde que Milei desembarcó en la Casa Rosada. Su instrumentadora es la embajadora argentina en Londres, Mariana Plaza, quien vio cómo se desmoronaba su trabajo de los últimos años cuando el Foreign Office la convocó para presentarle una protesta formal por la nueva estrategia de Buenos Aires y advertirle que la Argentina pasaba a la categoría de “socio no confiable”.
La doctrina Drago está vinculada al nacionalismo y reconoce su surgimiento en una acción del canciller Luis María Drago en 1902, cuando el país era gobernado por el general Julio Argentino Roca. Fue una reacción diplomática ante un ataque conjunto del Reino Unido y Alemania al puerto de La Guaira, en Venezuela, para cobrar de facto las deudas que Caracas tenía con empresas de ese origen. De una doctrina a la otra hay un abismo ideológico y conceptual.
Los embajadores argentinos, en su mayoría, están desconcertados con la pirueta de Milei. “Así tenemos el peor de los costos, porque hasta ahora teníamos una relación razonable en lo comercial, con atracción de inversiones inglesas, se trabajó en los primeros dos años para ser buenos amigos, pero con este giro inesperado rompieron todo eso sin ganar un centímetro en lo otro, que es el reclamo de soberanía”, deslizó por lo bajo un diplomático de trayectoria.

“Arbitraje”
Embanderada, la Cancillería argentina envió un mensaje a las embajadas del país en el exterior. La comunicación aclaró que la presentación ante la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar no tiene foco en el reclamo de soberanía de las Malvinas, sino en que un tribunal arbitral declare la ilegalidad de la autorización unilateral del Reino Unido para la explotación de los recursos naturales en los espacios marítimos circundantes a las Islas.
Las acciones en la ONU podrían chocar con el clima antiargentino que generaron en el organismo internacional los recientes cuestionamientos de Milei a su desempeño. No obstante, en la Casa Rosada confían en mantener el apoyo de EEUU, puesto que la Argentina adhirió a la iniciativa del Escudo de las Américas. Washington, además, viene dando señales de su interés por el emplazamiento de una base naval en Tierra del Fuego.
En tren de apoyos para la Argentina, no aparece tan clara la postura del gobierno de Israel. Milei se reunió con Benjamín Netanyahu en Nueva York, pero ninguna de las dos partes informó si el presidente argentino había planteado en esa cumbre el caso de Navitas, la petrolera de origen israelí involucrada en el proyecto Sea Lion, a 200 kilómetros al norte de las Malvinas, junto a la británica Rockhopper, cuyas acciones cayeron en las últimas semanas.
En la región, en tanto, la cruzada de Milei por las Malvinas encuentra resistencias en Chile, pese a que el presidente José Antonio Kast mantiene una buena sintonía, en términos de rumbo económico, con el referente libertario. Es que el ministro de Defensa trasandino, Fernando Barros Tocornal, reconoció el principio de “autodeterminación de los pueblos” para los isleños. Los vínculos comerciales entre Malvinas y Punta Arenas también influyen.
La historia pesa en el posicionamiento de los países. En Sudamérica, Brasil, Uruguay, Perú, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Colombia, Venezuela y Guyana acompañan el reclamo argentino para iniciar negociaciones diplomáticas por las Malvinas. También lo hacen México, Cuba, Nicaragua, Guatemala, Panamá, Antigua y Barbuda, Santa Lucía y Bahamas en Centroamérica y el caribe. Lo mismo pasa con organizaciones como la OEA, la CELAC y el Mercosur.
En el plano interno
La “causa nacional” argentina tiene sus complejidades internas. Una de ellas deriva de la tragedia de la última dictadura (1976-83), que utilizó a las Malvinas como un recurso desesperado cuando se resquebrajaba su sistema de control y terror. No obstante, el reclamo de soberanía es transversal dentro de la sociedad y volvió a encenderse cuando los jugadores de la Selección agitaron aquella bandera improvisada en el mundial de EEUU.
El Gobierno de Milei decidió entonces que esa bandera no podía ser una insignia de la oposición y anunció con bombos y platillos vía cadena nacional un proyecto de soberanía. Despierta prevenciones por su tendencia a imitar la doctrina de seguridad nacional de EEUU y limitar la libertad de expresión, algo que ya fue denunciado en el Congreso y despertó el rechazo público de periodistas y editores de medios a nivel nacional.
En suma, la estrategia del jefe libertario está más dirigida a tener impacto interno, donde el año próximo estará en juego su reelección, antes que a ampliar su influencia a nivel regional y continental. En los hechos, esa influencia la obtiene más directamente por encarnar un modelo económico opuesto al del progresismo que había dominado la región, y por estar alineado al trumpismo sin tapujos, que por su sorpresiva conversión a la causa de Malvinas.
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