En contra de lo que indicaban las últimas encuestas, Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), quedó casi dos puntos por delante del presidente Lula da Silva. Al mismo tiempo, el PL amplía considerablemente su poder en los estados y en el Congreso, sobre todo en el Senado.
Con esto, una reelección de Lula en el balotaje del 25 de octubre parece ahora menos probable. Sea cual sea el resultado, el Congreso, que se corrió claramente a la derecha, será un factor clave para la gobernabilidad futura.
Los cambios más marcados se dieron en el Senado. El PL ganó 19 de las 54 bancas en disputa. A partir de 2027, será el bloque más grande, con 28 de los 81 escaños. Independientemente del resultado del balotaje, el partido contará así con una posición muy fuerte para influir en la legislación, en las designaciones y en la agenda política del Congreso. Un panorama similar se observó en la Cámara de Diputados: el PL creció hasta 121 bancas y también allí será, por amplio margen, el partido individual más fuerte. En las asambleas legislativas estaduales el partido también avanzó con fuerza.
¿Por qué le fue bien a Bolsonaro?
El desempeño de Flávio Bolsonaro no puede explicarse solo por un posible “voto vergonzante” (voto envergonhado), en el que los electores ocultan su verdadera intención de voto y, por eso, se subestima el electorado en las encuestas. Es más probable que haya incidido una combinación de voto estratégico, una fuerte movilización del campo de la derecha y la alta abstención.
Ya en los últimos días antes de la elección se perfilaba una caída del apoyo a los candidatos más débiles. Muchos ciudadanos que en principio no preferían ni a Bolsonaro ni a Lula decidieron finalmente no “desperdiciar” su voto y apoyar, en cambio, al candidato que les generaba menos rechazo.
También llama la atención el alto número de abstenciones pese a la obligatoriedad del voto. Alrededor del 21% de los habilitados no fue a votar. Esto puede interpretarse, entre otras cosas, como expresión del desencanto con la política y del fuerte rechazo a los dos principales candidatos. La escasa movilización social durante la campaña y la presencia comparativamente débil de actividades políticas en el espacio público encajan en este cuadro. Si bien los abstencionistas no conforman un bloque político homogéneo, su elevado número probablemente haya influido en el resultado final. A la vez, pone de manifiesto las dificultades del centro político para movilizar votantes.
Statu quo versus cambio de rumbo
El deseo de cambio no se alimenta tanto de un tema puntual como de un cansancio político generalizado. Después de un total de 13 años —con interrupciones— de Lula en la presidencia, muchos votantes lo asocian cada vez más con el establishment político. Además, el gobierno no logró traducir una evolución macroeconómica en buena medida positiva en una sensación ampliamente percibida de mejora material. El aumento del costo de vida, el endeudamiento de los hogares y la pérdida de poder adquisitivo pesan más en la percepción de muchos ciudadanos que las cifras de crecimiento o de exportaciones.
A esto se suma la difícil situación de seguridad. De eso pudo sacar provecho Flávio Bolsonaro, que se posicionó como el candidato de la ley y el orden y como representante de un cambio de rumbo político. La oposición conservadora también se benefició de su mayor vínculo político con los temas de orden público, trabajo policial y combate firme al crimen organizado.
Legislativo versus Judicial
La lucha contra la corrupción fue uno de los temas centrales de la campaña. El debate cobró mayor visibilidad con el escándalo del Banco Master, que dio lugar a acusaciones contra élites políticas y económicas, así como contra algunos ministros del Supremo Tribunal Federal (STF).
El STF lleva años en el centro de la controversia política. Mientras el PT defiende al tribunal como garante del orden democrático, el PL reclama mayores límites al poder judicial. Sobre todo en el bolsonarismo, la corte es criticada con frecuencia como políticamente motivada desde los procesos contra el expresidente Jair Bolsonaro.
Es probable que el peso de este conflicto aumente a raíz del resultado electoral, en particular en el Senado. Esta cámara es la que confirma a los ministros del STF y tiene competencia en los procesos contra miembros del tribunal. Por lo tanto, el debate sobre el papel y las atribuciones de la corte probablemente gane aún más relevancia.
Independientemente del resultado del balotaje, la disputa entre el Poder Legislativo y el Judicial podría convertirse así en una línea de conflicto central de la próxima legislatura.
Debilidad del Centrão
La primera vuelta también muestra un debilitamiento del centro político. En la elección presidencial, ninguna candidatura alternativa logró generar una dinámica propia. A nivel del Congreso y de los estados, en muchos casos se impusieron candidatos de perfil más bien de derecha frente a representantes de los partidos tradicionales de centro y centroderecha o del PT. Incluso nombres muy conocidos del entorno del PT no lograron imponerse en algunas contiendas importantes. El éxito de candidatos conservadores a nivel federal, en el Senado y en los estados sugiere que no se trataría solo de una protesta coyuntural contra el gobierno de turno, sino de un desplazamiento programático más amplio del electorado hacia la derecha.
El Centrão, ubicado en el espectro político entre el PT y el PL, perdió peso y apenas logró sostener su posición. Pero sigue siendo imprescindible para la gobernabilidad del país. En la Cámara de Diputados, União Brasil, PP, PSD, MDB y Republicanos sumarán en conjunto 207 bancas, frente a las 226 actuales. Como ningún bloque político tiene mayoría propia, estos partidos seguirán siendo decisivos para formar mayorías parlamentarias. Se guían sobre todo por intereses pragmáticos y regionales, y pueden cooperar tanto con gobiernos de izquierda como de derecha.
Gane quien gane el balotaje, el próximo presidente dependerá de su apoyo. Si Lula ganara, probablemente tendría que ampliar aún más su ya amplia coalición de gobierno ante un Congreso más corrido a la derecha. Esto pondría bajo presión su gobernabilidad y dificultaría considerablemente la implementación de su propia agenda política. Flávio Bolsonaro tendría, gracias a la posición fortalecida del PL, condiciones de partida más favorables, pero tampoco podría construir una mayoría parlamentaria estable sin el apoyo de partidos del Centrão.
¿Lula todavía tiene chances?
La diferencia de 1,87% parece, a primera vista, acotada. Sin embargo, Lula llega al balotaje con una desventaja estructural. El campo de la izquierda ya se había nucleado en gran medida detrás de su candidatura en la primera vuelta, mientras que los votos de los candidatos eliminados provienen mayoritariamente del centro político o del espectro conservador. En términos puramente aritméticos, Bolsonaro tiene así un mayor potencial de movilización adicional.
Para Bolsonaro y el PL, el desafío central ahora es defender la ventaja y convertir el apoyo de los partidos conservadores en votos adicionales. Su punto de partida es favorable. En el balotaje, los ejes programáticos y las controversias personales probablemente tengan un papel más importante que en la primera vuelta.
Lula, en cambio, necesita ganar votantes del centro y de la centroderecha moderada sin desmovilizar a su propia base. En esto, su vicepresidente Geraldo Alckmin, que también va por la reelección, probablemente tenga un rol importante como puente hacia el centro político. Al mismo tiempo, el PT intentará movilizar a los abstencionistas y afinar sus mensajes sobre los temas centrales para muchos votantes. La advertencia contra el bolsonarismo por sí sola difícilmente alcance si no viene acompañada de una propuesta de futuro creíble. Será decisivo, por lo tanto, en qué medida el PT logre adaptar su estrategia de campaña para la segunda vuelta a la nueva situación.
En contra de las chances de Lula en el balotaje juega un precedente histórico. Desde la introducción del actual sistema de dos vueltas en 1989, ningún candidato que haya quedado segundo en la primera vuelta de una elección presidencial brasileña logró ganar el balotaje. A favor de Lula, sin embargo, juegan su enorme experiencia en campañas y su capacidad para tejer alianzas políticas.
Más allá del resultado del balotaje, ya está claro que el futuro presidente tendrá que gobernar con un Congreso de perfil mucho más conservador y, en particular, con un Senado más seguro de sí mismo. Una victoria de Lula llevaría probablemente a una convivencia difícil con un Poder Legislativo más escéptico frente a su agenda. Una victoria de Flávio Bolsonaro reforzaría la tendencia de triunfos electorales de la derecha y de la derecha populista. El verdadero punto de quiebre de esta elección no está tanto en la estrecha ventaja del candidato del PL como en el desplazamiento más amplio del poder institucional hacia la derecha, que se observa en varios niveles políticos.
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