Acuerdo Mercosur-UE, un paso cierto del comercio libre

banderas Mercosur y Unión Europea

Tantas veces anunciado cuantas veces postergado, llegó un acuerdo entre Europa y el Mercosur.

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El 28 de junio pasado se cumplieron justo dos décadas de las duras negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea. Ese día se logró dar un paso cierto hacia el libre comercio con la firma de un acuerdo estratégico entre ambos bloques.

Este acuerdo estratégico iniciará un largo recorrido hasta su concreción definitiva. De manera inevitable, deberá atravesar un ciclo de seis meses para los ajustes técnicos (áreas sensibles en ambos espacios) y, luego, la aprobación legislativa en todos los países, que hace presumir el 2020 como plazo mínimo (el máximo es incierto) para su puesta en vigencia.

Sin dudas, la coyuntura actual ha favorecido este acuerdo inicial. Las desenfrenadas políticas proteccionistas de Estados Unidos y China en la disputa de la hegemonía global impulsaron a Europa a lanzar una ofensiva mundial para mantener su liderazgo. Los acuerdos con Canadá y el Japón anteceden a este megaacuerdo con el Mercosur, que solo tiene un parangón planetario con el Transpacífico. Se genera así la posibilidad de construir un mercado de más 780 millones de personas y una asociación con el 30 % del PBI mundial, que proyecta consecuencias positivas para el intercambio comercial, industrial y de servicios, sin olvidar los efectos geopolíticos que originan las alianzas estratégicas de esta magnitud.

Para el Mercosur, a punto de caer en la irrelevancia o su extinción, es el oxígeno vital que alimenta aquellas iniciativas fundacionales de montar una plataforma regional que nos integre al mundo, con múltiples ventanas de oportunidades que permitan un desarrollo sustentable de nuestras economías. Este acuerdo exigirá al Mercosur a instalar una obligatoria mejora institucional en la toma de decisiones y que, de una buena vez, se superen nuestras barreras internas, porque sin resolver las asimetrías intra-Mercosur será imposible mejorar la competitividad en el orden laboral, empresarial y fiscal que, con seguridad, nos impondrá la calidad de los indicadores europeos.

Si bien la voluntad política está sellada con el acuerdo político celebrado en Bruselas, aún existen variados sectores que se oponen y resisten a los avances definitivos. En ambos espacios comunitarios surgen las disidencias, producto de los sectores subsidiados y de aquellos que adhieren a las políticas proteccionistas, por ideologizar los intereses en pugna o bien por quienes son incapaces de gestionar actividades emprendedoras y creativas, dispuestas para competir en cualquier escenario internacional.

En el caso concreto del Paraguay, el acuerdo birregional nos permite acceder con mayores ventajas a 28 países miembros de la Unión Europea, incorporar normas más beneficiosas que las provenientes de la OMC, porque permite ingresar con arancel cero a una unión aduanera, frente al 21 % que imponen las reglas OMC sobre el valor de nuestros productos. Se podrá contar con normas propias de acuerdos de última generación. Además de favorecer a la producción agropecuaria, se promueve una oportunidad especial para las pymes (que contrata la gran mayoría de la mano de obra nacional) y el emprendedurismo. Esto nos exigirá una superación constante de la calidad institucional y la capacitación del talento humano para competir con éxito en las grandes ligas internacionales. Se afianza además a la Unión Europea como el principal donante de la cooperación internacional, que hoy aporta más de 180 millones de euros por periodos plurianuales.

Por supuesto que habrá que leer con mucha atención la letra chica (el ciclo inmediato de seis meses) de este megaacuerdo, porque allí habrá decisiones aún no redactadas sobre temas sensibles que impactarán en nuestra economía. En la medida en que los negociadores paraguayos defiendan con acierto nuestros intereses, los efectos multiplicadores podrían registrar mayores beneficios para el país.

Cuantas veces anunciado, tantas veces postergado, llegó un acuerdo entre Europa y el Mercosur. Los pasos siguientes, que serán tan duros y fatigantes como los iniciales, tienen un objetivo geopolítico particular: demostrar al planeta que, ante los asedios del proteccionismo ultranacionalista, es posible compartir un mundo de comercio libre, con reglas equitativas, capaces de promover un desarrollo integral, justo y sustentable para la humanidad.