El clima intelectual y político de los años 90 estuvo marcado por la convicción de que la democracia liberal se expandiría globalmente. La idea aparecía tanto en la tesis de El fin de la historia de Francis Fukuyama como en la doctrina de “ampliación democrática”, impulsada por Bill Clinton, quien en 1993 sostuvo ante Naciones Unidas que el gran objetivo de la posguerra fría debía ser expandir y fortalecer la comunidad mundial de democracias de mercado. Posteriormente, en su discurso inaugural de 1997, señalaba que por primera vez más personas vivían en democracia que bajo dictadura.
Tres décadas después, ese paisaje intelectual se derrumbó. El Reporte de Varieties of Democracy de la Universidad de Gotemburgo-Suecia advierte una creciente erosión de la democracia liberal. Este es el punto neurálgico, no la idea simplista de democracias versus dictaduras. Se trata del deterioro de diversas democracias a nivel de independencia judicial, libertad de prensa, control al Poder Ejecutivo, calidad deliberativa, respeto a las minorías y autonomía institucional. En otras palabras: la democracia puede existir electoralmente, pero perdiendo su densidad republicana. V-Dem lo denomina como la “tercera ola de autocratización”.
Es el segundo año consecutivo que el estudio reporta más autocracias que democracias en el mundo. En los hechos, estamos ante una reversión histórica. La conclusión más fuerte es que, para el ciudadano promedio del mundo, la democracia volvió a niveles de 1978. Es decir, buena parte de las ganancias acumuladas desde la tercera ola democratizadora iniciada en 1974 prácticamente se esfumó. El informe agrega algo todavía más inquietante: 74% de la población mundial vive hoy en autocracias, y apenas 7% vive en democracias liberales. A ello se suma que el retroceso se está dando en los países de peso en el universo democrático.

Reversión histórica
El reporte muestra que el “centro de gravedad” del poder global se está desplazando hacia regímenes autoritarios. El problema no es solo cuántos países empeoran, sino cuáles. Esto reviste al actual retroceso de un enorme peso simbólico y geopolítico cuando se ubica a Estados Unidos en el centro del problema, al que tampoco escapa México. EEUU cayó al nivel de 1965 y que la velocidad de su deterioro actual no tiene precedentes en la historia moderna del país. Cuando la principal potencia occidental entra en una trayectoria de autocratización, la idea de una democracia liberal mundial como horizonte compartido empieza a deshilacharse.
Por eso el informe insiste en medidas ponderadas por población y por PIB: una mejora democrática en un país chico no compensa el deterioro de los grandes, como India o Indonesia.
La magnitud del deterioro se ve también en la calidad del régimen. V-Dem registra 92 autocracias y 87 democracias al cierre de 2025. Además de crecer, los regímenes autoritarios se endurecen. Las autocracias cerradas aumentaron de 22 en 2019 a 35 en 2025, y ya hay más personas viviendo en ellas que en todas las democracias liberales y electorales combinadas.
La libertad de expresión aparece como el aspecto más golpeado: 44 países empeoran en este rubro en 2025, cuando en el 2000 la mayoría los mejoraba. También retroceden la libertad de asociación, la transparencia de las elecciones y la deliberación pública. La censura gubernamental sobre los medios sigue siendo la táctica más frecuente de los autocratizadores, mientras que la represión de la sociedad civil gana terreno. Incluso reaparece con fuerza un dato siniestro: la tortura como herramienta de supresión política.
¿Y qué pasa en América Latina?
América Latina merece una atención especial por su fragmentación: países democráticos (Costa Rica, Uruguay y Chile) y autoritarios (Venezuela, Cuba, Nicaragua). La región alcanzó su pico democrático a comienzos de los 2000 y viene descendiendo desde entonces. La mejora reciente de Brasil insinuaba un pequeño rebote, pero en 2025 esa tendencia volvió a quebrarse por los deterioros en Argentina, México y Perú. El hostigamiento a los medios, deslegitimación a los opositores, debilitamiento de los organismos de contralor y el hiperpresidencialismo son algunas de las prácticas iliberales identificadas.
Además de los casos ya emblemáticos de Cuba o Venezuela, V-Dem identifica seis países latinoamericanos y caribeños en procesos de deterioro: Argentina, El Salvador, Haití, México, Nicaragua y Perú. Al mismo tiempo, señala cuatro países en democratización (Bolivia, Brasil, República Dominicana y Guatemala), lo que confirma que la región vive una fase de alta inestabilidad de régimen más que una trayectoria uniforme. La región dejó de ser una zona de expansión o consolidación democrática para convertirse en un espacio de mayor inestabilidad dependiente de los gobiernos de turno.
Solo 5% de la población regional vive en democracias liberales, 64% lo hace en democracias electorales y casi 29% bajo distintas formas de autocracia o zonas grises autoritarias.
Degradación silenciosa
Si en los 90 la pregunta dominante era cuán lejos llegaría la democracia, hoy la pregunta es cuánto resistirá. No hablamos de golpes de Estado al estilo de los 60 y 70. Se trata de una degradación mucho más sutil y difícil de diagnosticar. Los gobiernos electos erosionan los contrapesos, asfixian la deliberación pública, hostigan a medios y oposiciones y vacían la democracia sin eliminar las elecciones.
La erosión democrática viene ligada a una crisis de representación política previa. Esta crisis tiene dos caras: el malestar contemporáneo con la élite gobernante y el caldo de cultivo para liderazgos que prometen eficacia y autenticidad a costa de todo lo que se interponga en su camino.
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