¿Cómo el fútbol moldea la política en América Latina?

En América Latina, el fútbol no solo se juega: se vive y se hace política. Une naciones, despierta pasiones y también sirve al poder. Entre goles y tribunas, revela las tensiones, ambiciones y contradicciones de toda una región.

Por: David Gómez 18 May, 2026
Lectura: 6 min.
DP Enfoque 19. Fútbol y política en América Latina.
Compartir
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
🎧 Escuchar este artículo

El fútbol representa uno de los principales fenómenos de masas en América Latina, pero su importancia va más allá del césped. Desde sus orígenes en el siglo XIX, el juego ha reflejado las estructuras políticas, económicas y sociales de la región. 

El deporte se convirtió en un espacio donde se proyectan identidades, disputas de poder y tensiones geopolíticas. Pero sobre todo, su evolución evidencia las fracturas geográficas entre América del Sur y los países de América del Norte, América Central y el Caribe.

Estructura del fútbol latinoamericano

Esa heterogeneidad del fútbol latinoamericano se ha trasladado a su organización institucional. El fútbol en América Latina se estructura en torno a dos entidades: la Conmebol y la Concacaf. Esta división no es meramente administrativa, sino que exhibe dos trayectorias políticas diferentes. La Conmebol, en América del Sur, ha estado definida por los vínculos lingüísticos y culturales de los países sudamericanos y por la influencia del Reino Unido. Por el contrario, la Concacaf agrupa a una región más diversa, que incluye a países no latinoamericanos, y ha estado marcada por la influencia de Estados Unidos y la competencia del fútbol con el béisbol.

[Registro: Presentación DP Enfoque 19. De la cancha al poder: fútbol y política en América Latina]

El desarrollo del fútbol a través de las comunidades británicas en los países sudamericanos  explica, en cierta medida, el rendimiento desigual que han mostrado las selecciones de Conmebol y Concacaf dentro del campo. Pese a sus diferencias, ambas confederaciones se han caracterizado por sus intercambios deportivos. La participación de selecciones de la Concacaf en la Copa América y de los equipos mexicanos en la Copa Libertadores, así como la celebración de la Copa Interamericana, ilustran el alto grado de cooperación que existe entre ellas. 

Al margen del plano institucional, el fútbol es un instrumento central para construir identidades políticas. En América Latina, esta dinámica se intensificó a principios del siglo XX. El proceso de modernización y desarrollo económico de los Estados latinoamericanos fue acompañado de un proceso de construcción nacional. Como resultado, las élites locales se apropiaron de los deportes modernos importados por las comunidades británicas.

Constructor de identidad

En países como Argentina o Uruguay, el fútbol contribuyó a la creación de narrativas nacionales propias. Surgieron clubes de identidad criolla frente a los primeros equipos de origen británico. Se consolidaron estilos diferenciados, como “la Nuestra” o la “garra charrúa”. Al mismo tiempo, el fútbol también potenció las identidades regionales a nivel interno. En el caso argentino, ilustró las tensiones territoriales entre Buenos Aires ―el principal puerto de la zona― y el interior, entre la capital y la provincia. De igual manera, en países más extensos y descentralizados, como Brasil, el fútbol puso de manifiesto las rivalidades entre los diferentes focos de poder, como Río de Janeiro y San Pablo. 

La popularización del fútbol transformó su dimensión social. Con su profesionalización, pasó de ser una práctica elitista a convertirse en un fenómeno de masas, impulsado por la urbanización, la expansión del ferrocarril y los medios de comunicación. Durante este período, surgieron clubes vinculados a barrios, trabajadores y otras comunidades migrantes, lo que consolidó una cultura futbolística popular.

[Escucha: La pelota del poder: geopolítica del fútbol en Latinoamérica]

Con todo, esta difusión generó tensiones ideológicas, ya que los grupos de izquierda lo percibieron inicialmente como un mecanismo de control social. En lugares como Brasil, el fútbol adquirió un papel todavía más complejo al entremezclarse con la cuestión racial. De hecho, se erigió en un espacio de ascenso social para los afrodescendientes, como Pelé o Garrincha, cuyo éxito simbolizó la realización de lo que se denominó la “democracia racial” brasileña.

Soporte político 

La popularización del fútbol entre las masas favoreció su irrupción en la arena política. Los primeros Gobiernos de corte populista, como el de Getúlio Vargas en Brasil o el de Juan Domingo Perón en Argentina, usaron el deporte como herramienta de cohesión nacional y de propaganda. La construcción de estadios, el impulso de los clubes y las selecciones nacionales y el desarrollo de las competiciones formarían parte de una política de Estado a gran escala

Esta estrategia fue replicada posteriormente por las dictaduras militares latinoamericanas como instrumento de legitimación internacional. El caso más paradigmático fue el Mundial 1978 de Argentina, donde el combinado albiceleste logró su primer título mundialista. En esta línea, figuras empresariales aprovecharon más tarde el creciente negocio del fútbol para lanzar sus carreras políticas mediante la compra de clubes.

[Lee: DP Enfoque 19. De la cancha al poder: fútbol y política en América Latina]

Pese a ello, el fútbol también funcionó como un espacio de resistencia a estos regímenes autoritarios. El ejemplo de la Democracia Corinthiana en Brasil demostró que el deporte podía transformarse en una plataforma de participación política y movilización democrática. En paralelo, durante los ochenta y noventa, el fútbol latinoamericano fue testigo de numerosos conflictos, asociados a la violencia del narcotráfico y el creciente ascenso de las barras bravas.

El general Jorge Rafael Videla (Centro), jefe de la junta militar argentina, con el almirante Emilio Eduardo Massera (izquierda), principal impulsor de la organización del Mundial por motivos político-propagandísticos.
El general Jorge Rafael Videla (Centro), jefe de la junta militar argentina, con el almirante Emilio Eduardo Massera (izquierda), principal impulsor de la organización del Mundial por motivos político-propagandísticos.

Una perspectiva geopolítica

En las últimas décadas, la globalización ha transformado a América Latina en una región exportadora de talento futbolístico. La liberalización del mercado europeo tras la Ley Bosman de 1995, unida al crecimiento exponencial de los ingresos por los derechos televisivos y la publicidad, ha facilitado la migración masiva de jugadores latinoamericanos hacia clubes europeos. Esta tendencia ha afianzado una relación desigual entre Europa y América Latina. Hoy en día, Brasil y Argentina encabezan la exportación de futbolistas, reproduciendo dinámicas económicas similares a las de sus modelos de exportación de materias primas. 

Con miras al Mundial de Fútbol 2026, todos estos factores muestran que el fútbol constituye un escenario idóneo para comprender la geopolítica de América Latina.

Te puede interesar:

David Gómez

David Gómez

Analista en El Orden Mundial, el medio de análisis internacional divulgativo más leído en español. Guionista y participante en los podcast Real Politik FC y No es el fin del mundo, ganador del Premio Ondas a Mejor Podcast Conversacional en 2025. Especializado en análisis político y electoral y en el estudio de la relación entre deporte y política.

newsletter_logo

Únete a nuestro newsletter

Español English Deutsch Portugués