¿Por qué la decisión política de sacar los celulares de las aulas de clase?

La prohibición de celulares en las escuelas se ha extendido como restricción en el ambiente educativo con amplio apoyo público. La tendencia tiene consecuencias en la legislación, la convivencia y la sociedad.

Por: Ángel Arellano 3 Mar, 2026
Lectura: 6 min.
Compartir
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
🎧 Escuchar este artículo

Cada vez más países prohíben o limitan el uso de teléfonos celulares en las escuelas. Lo que hace una década parecía una medida extrema, hoy es parte de la realidad cotidiana en decenas de sistemas educativos. Según la UNESCO, en 2025 al menos 79 sistemas educativos habían adoptado algún tipo de restricción al celular en entornos escolares. ¿El objetivo? Crear aulas libres de distracciones digitales, mejorando la concentración de los alumnos, el rendimiento académico y la convivencia. 

Varios estudios internacionales respaldan esta tendencia: se comprobó que, al eliminar los celulares en clase, la atención de los estudiantes mejora y sus calificaciones suben. Además, disminuyen problemas como el ciberacoso. En el Reino Unido uno de cada cinco menores había sufrido acoso en línea, un dato citado para justificar la intervención. Frente a esta problemática, la idea de desconectar la escuela pasó de ser un experimento local a una política pública ampliamente discutida.

Lo notable es que la regulación del celular escolar (nacida de preocupaciones pedagógicas y de salud mental juvenil) se convirtió en un asunto político. Gobiernos, parlamentos y partidos la impulsan como respuesta visible a la disrupción tecnológica en la educación.

Consenso y enfoques diversos

De Francia a Asia, de América Latina a Oceanía, la prohibición del celular en clase avanza con un consenso global, aunque con diferentes matices de aplicación. Francia fue pionera en 2018 al vetar los móviles en escuelas primarias y secundarias. Su ejemplo se replicó en otros países europeos. En Chile, el Congreso aprobó en 2025 una ley nacional que prohíbe los celulares en todas las aulas desde 2026. Las autoridades chilenas calificaron el uso irrestricto del móvil como “un flagelo… una de las principales pandemias” para los jóvenes. Brasil promulgó también en 2025 una norma federal en la misma línea con amplio apoyo popular. 

En países sin una política única, las autoridades locales tomaron la iniciativa: varios estados de Estados Unidos (Florida, Texas, Nueva York, entre otros) impusieron vetos en 2023. En España numerosas regiones también prohíben el móvil en horario lectivo (con respaldo del gobierno central para unificar criterios). Australia ofrece evidencia del impacto: en el estado de Australia del Sur, un año después del veto, los incidentes vinculados a redes sociales bajaron 57%. Además, los directivos reportan mejoras en la atención y el clima escolar.

Este mosaico internacional muestra que, si bien cada lugar ajusta la política a su contexto, el diagnóstico de fondo es compartido. Limitar los celulares durante la jornada escolar ayuda a enfocar a los alumnos en el aprendizaje, reducir conflictos y proteger su bienestar.

En lo social, rédito político

Las restricciones a los celulares en el aula ya no son solo medidas educativas: se convirtieron también en decisiones de política pública. En muchos países, estas prohibiciones cuentan con respaldo de padres y docentes, convencidos de la necesidad de liberar al aula de teléfonos. La amplia aceptación social convirtió el asunto en una causa de apoyos transversales. Por ejemplo, la ley chilena de 2025 se aprobó sin apenas oposición. En Brasil la norma nacional unió a gobierno y oposición al estar respaldada por una clara mayoría social. Además, la medida ofrece un rédito político: atiende las preocupaciones de las familias y los maestros. Así, demuestra que las autoridades actúan frente a un problema real.

Sin embargo, no todo es armonía. La aplicación de estas políticas generó debates sobre la gobernanza educativa: ¿debe el Estado imponer una regla homogénea para todos, o dejar autonomía a cada comunidad escolar? Dinamarca vivió esa tensión en 2025, cuando el gobierno centralizó la prohibición pese a la resistencia de colegios partidarios de fijar sus propias normas. También se advierte que la prohibición, si no se acompaña de educación digital, es insuficiente. El argumento es que los alumnos deben aprender el uso responsable de la tecnología para minimizar sus riesgos. 

Dentro de este tema se discute el efecto de estas medidas sobre las desigualdades. Para muchos, vetar los celulares nivela el terreno social en el aula. Otros dicen que podría acentuar brechas porque no todos los estudiantes tienen acceso a internet o dispositivos fuera de la escuela. Aunque esta opinión omite que lo que se regula es el uso recreativo o ajeno a lo pedagógico. En síntesis, la prohibición del móvil escolar goza de amplio apoyo. Sin embargo, conlleva el desafío de equilibrar la protección de los alumnos con la promoción de su autonomía y su preparación para un mundo digital.

Lo que está en juego

La oleada global de regulación al uso de celulares en escuelas demuestra que la sociedad está replanteando el lugar de la tecnología en la educación. Lo que está en juego va más allá de mantener las aulas libres de distracciones. Se trata de definir qué tipo de entorno queremos para formar a la próxima generación. Además, se trata de decidir cómo las políticas públicas responden a los desafíos de la era digital

A corto plazo, las experiencias internacionales sugieren que limitar los celulares en clase puede mejorar el rendimiento académico y el bienestar estudiantil. Esto ocurre porque crea un ambiente más seguro y propicio para aprender. 

A mediano y largo plazo, persiste el reto de integrar la tecnología en la educación de forma saludable y equitativa. Los vetos actuales abren la puerta a nuevas políticas complementarias. Por ejemplo, programas de alfabetización digital actualizados y ciudadanía en línea para que los jóvenes adquieran competencias tecnológicas y criterio en el uso de las redes. Estas competencias serán útiles una vez que las pantallas vuelvan a sus manos fuera del horario escolar

Decisión política

Es probable que más países adopten aulas sin celulares como norma, dada la evidencia y la presión social. El éxito de esta revolución silenciosa dependerá de mantener el foco en el bienestar de los estudiantes y, a la vez, prepararlos para un futuro donde la tecnología seguirá presente. 

En última instancia, prohibir el teléfono en el colegio es una decisión política sobre las prioridades colectivas: pone al bienestar y la educación por encima de la conveniencia inmediata de la conectividad. Además, permite que la escuela recupere su papel como refugio de aprendizaje, libre (al menos por unas horas) de las distracciones del mundo exterior.

Te puede interesar:

Ángel Arellano

Ángel Arellano

Doctor en ciencia política, magíster en estudios políticos y periodista. Coordinador de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer en Uruguay, y editor de Diálogo Político.

newsletter_logo

Únete a nuestro newsletter

Español English Deutsch Portugués