A don José, 255 años del natalicio de Artigas

Tal vez la derrota, o el exilio, o su silencio hayan contribuido a la conformación de Artigas como mito fundante de la nacionalidad oriental. En un país de fuerte raigambre laica, su figura es venerada de forma casi religiosa.

Artigas observado por dos inmigrantes sirias en la plaza Independencia de Montevideo | Foto: Manfred Steffen
Artigas observado por dos inmigrantes sirias en la plaza Independencia de Montevideo | Foto: Christian Toews

José Gervasio Artigas nació el 19 de junio de 1764 en una familia de inmigrantes aragoneses, tal vez en el pueblito Sauce o en algún lugar de Montevideo. Se crió en las casi desiertas praderas de la Banda Oriental, y conoció bien a sus pobladores, los gauchos. Con ellos fue jinete y domador, seguramente contrabandista y posiblemente abigeo. Amigo de los indios, se dice que incluso convivió con ellos y que su primer hijo fue de madre charrúa. De joven, José Gervasio se alistó en el cuerpo de Blandengues y participó en patrullajes en las fronteras siempre amenazadas por invasores y malhechores.

A comienzos del 1800 la guerra napoleónica dejó en evidencia la debilidad de la monarquía española. Cuando se produjeron las invasiones inglesas al Río de la Plata, fueron los criollos de ambos lados del río quienes resistieron y crearon las primeras instituciones a espaldas de la corona española. En mayo de 1810 se creó la Junta en Buenos Aires. Artigas desertó, se puso al servicio del gobierno revolucionario y se sumó al sitio de Montevideo. En mayo de 1811 se produjo la batalla de Las Piedras, en la que derrotó a las tropas españolas. Cuando poco después se produjo la invasión portuguesa con la complicidad del virrey Elío, Artigas y sus gauchos emigraron hacia el norte, acompañados por gran parte de la población, que espontáneamente dejó sus tierras. Este éxodo del pueblo oriental, también llamado la Redota, es considerado el evento fundacional de la nacionalidad oriental. A partir de entonces, Artigas es considerado el Protector de los Pueblos Libres o Jefe de los Orientales.

Federalista convencido, Artigas nunca pensó en la independencia de la Banda Oriental. Inspirado por la revolución en Estados Unidos y por sus lecturas, Artigas, al contrario de muchos prohombres de la causa independentista americana, adhirió a ideas republicanas y democráticas. En defensa del proyecto federal se enfrentó sucesivamente al Imperio español, a las invasiones lusobrasileras y al centralismo de Buenos Aires. La guerra en varios frentes y la traición de caudillos de algunas provincias lo dejaron solo. Derrotado su proyecto, se fue al Paraguay, donde vivió muchos años en soledad. Se dice que el dictador Gaspar Rodríguez de Francia, llamado El Supremo, lo trató de ganar. Se dijo también que desde la Banda Oriental devenida en república lo invitaron a regresar. Pero el Protector nunca se identificó con el Uruguay como Estado independiente y se mantuvo en su exilio paraguayo, donde murió en 1850.

Tal vez la derrota, o el exilio, o su silencio hayan contribuido a la conformación de Artigas como mito fundante de la nacionalidad oriental. En un país de fuerte raigambre laica, su figura es venerada de forma casi religiosa. Y ahora, en pleno año electoral, son inevitables las referencias al padre de la patria, desde todos los partidos. Una y otra vez los candidatos refieren a José Gervasio.

Hace 50 años, un maestro rural compuso la canción A don José, en la que se lo describe como un criollo rodeado por paisanos, criollos, morenos e indios, dedicado la causa de la libertad de una patria en formación.

Durante la última dictadura en Uruguay, en la Plaza Independencia de Montevideo, bajo la escultura ecuestre de Artigas de bronce, se construyó un gigantesco mausoleo. En la parte subterránea, frente a la urna con sus restos, dos solitarios soldados blandengues hacen silenciosa guardia. Y cada miércoles, desde mi ventana, miro al batallón cantar A don José frente al monumento.