Escudo de las Américas, ¿la síntesis de la nueva derecha?

Los gobiernos con afinidad ideológica en la región comparten una agenda de seguridad y avanzan hacia una convergencia pragmática, pero sin una articulación como la del Foro de San Pablo.

Por: Gabriel Pastor 23 Jul, 2026
Lectura: 7 min.
Escudo de las Américas
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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La derecha latinoamericana atraviesa una etapa de expansión sin precedentes recientes. Las victorias de Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú ampliaron el número de gobiernos afines a Donald Trump y reforzaron una tendencia que ya se observa en buena parte del continente. 

En ese contexto, Washington encuentra condiciones más favorables para consolidar el Escudo de las Américas, un espacio de cooperación entre gobiernos que comparten prioridades en materia de seguridad y una visión estratégica similar sobre los principales desafíos de la región.

Alineamiento con la Casa Blanca

Con ambos triunfos electorales, diez de los veinte países de América Latina quedarán gobernados este año por administraciones alineadas con la política hemisférica impulsada por la Casa Blanca. 

Aunque existen diferencias entre ellas, coinciden en el combate al crimen organizado, el control migratorio y el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad. Además, una visión crítica de los gobiernos de izquierda ocupan un lugar central.

A diferencia de Europa, donde las corrientes de derecha presentan diferencias marcadas en temas como la inmigración, integración regional o relación con Rusia, la derecha latinoamericana muestra hoy un grado mayor de cohesión. 

Esa visión compartida facilita la construcción de alianzas políticas y explica la notoria sintonía entre varios de los gobiernos conservadores latinoamericanos.

Escudo de las Américas. Foto: White House
Escudo de las Américas. Foto: White House

El reto de la gobernabilidad

Sin embargo, esa mayor cohesión política no elimina las dificultades para gobernar. 

Los nuevos gobiernos llegan con un respaldo ciudadano claro para enfrentar la inseguridad, una de las principales preocupaciones de la región. Pero ese mandato no siempre se traduce en capacidad para impulsar reformas estructurales. En muchos casos deben gobernar con parlamentos fragmentados, sistemas políticos polarizados o coaliciones frágiles que reducen su margen de acción

El desafío, por tanto, no será solo responder a la urgencia de la seguridad, sino construir las mayorías necesarias para sostener cambios de largo plazo en áreas como la Justicia, el sistema penitenciario y el funcionamiento del Estado.

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¿Esta coincidencia ideológica constituye solamente una afinidad discursiva o si comienza a transformarse en una verdadera red de cooperación política?

Espacio político de cooperación

Hasta hace pocos meses, el Escudo de las Américas, que reúne estos países alrededor de Trump, podía interpretarse principalmente como una iniciativa de coordinación en seguridad. Su objetivo es compartir inteligencia, articular operaciones contra organizaciones criminales transnacionales y fortalecer el control de fronteras. Como añadidura, reducir la influencia de actores externos considerados estratégicos por Washington, especialmente China.

Pero ahora comienza a plantearse una pregunta geopolítica de mayor alcance: ¿la derecha latinoamericana será capaz de construir mecanismos de coordinación entre gobiernos afines? ¿Logrará lo mismo que logró hacer la izquierda durante años, aunque bajo una lógica diferente?

Algunos hechos recientes sugieren que el alcance del proyecto podría ir más allá de la seguridad.

Por ejemplo, por la declaración de apoyo, por parte del Escudo, al presidente boliviano, Rodrigo Paz, asediado por movimientos sociales afines a Evo Morales. La voluntad de coordinación expresada por varios de ellos y las referencias cada vez más frecuentes a una agenda regional compartida indican que comienza a configurarse un espacio político con capacidad para actuar conjuntamente en determinados asuntos internacionales

Sustituir a la izquierda

La presidente electa de Perú, Keiko Fujimori, reforzó esa percepción durante una entrevista concedida a la revista colombiana Semana. Consultada sobre la posibilidad de impulsar un movimiento regional de gobiernos de derecha, sostuvo que existe una oportunidad para que los países “se ayuden entre ellos”, coordinen políticas migratorias, compartan inteligencia y articulen estrategias comunes contra el narcotráfico y el crimen organizado. 

También confirmó el interés de Perú por incorporarse al Escudo de las Américas y reveló conversaciones con el presidente chileno José Antonio Kast sobre políticas públicas regionales.

La gira regional que el mandatario argentino Javier Milei iniciará a fines de este mes también se inscribe en una estrategia más amplia de articulación de la derecha latinoamericana. El recorrido por Brasil, Perú, Colombia y Ecuador combinará agenda oficial con respaldo político a dirigentes afines

En Brasil, no podrá reunirse con Jair Bolosonaro, que cumple una pena de prisión domiciliaria, por un impedimento concreto de la Justicia. Pero Milei participará del acto de proclamación de Flávio Bolsonaro como candidato del Partido Liberal. 

Es una clara movida que refleja el intento de consolidar un nuevo polo político regional de signo contrario al predominio de partidos de izquierda de las últimas décadas.

No obstante, el peso político de la izquierda, crítica de Trump,  sigue siendo determinante en América Latina. Brasil y México, los dos países con mayor influencia económica y diplomática de la región, continúan bajo gobiernos de ese signo.

¿Un Foro de San Pablo de derecha?

Muchos pueden preguntarse si estamos ante un inminente bloque político como el Foro de San Pablo. La comparación resulta tentadora porque ambos fenómenos expresan momentos de convergencia política regional. Sin embargo, presentan diferencias sustanciales. 

El Foro de San Pablo nació como una articulación estable entre partidos y movimientos de izquierda, con una estructura permanente, encuentros periódicos y una identidad ideológica definida. 

El espacio que hoy comienza a configurarse alrededor del Escudo de las Américas responde a una lógica diferente. No se trata de una organización partidaria regional con una identidad doctrinaria común, una secretaría permanente y un programa político compartido, como ocurrió con el Foro de San Pablo. Lo que emerge es una convergencia pragmática entre gobiernos que comparten prioridades estratégicas y ven en Washington un referente político y geopolítico.

La articulación depende mucho más de los gobiernos en ejercicio que de estructuras políticas capaces de sobrevivir a los cambios electorales. Más que una nueva “internacional” de la derecha latinoamericana, lo que parece nacer es una red pragmática de cooperación.

El efecto Trump 

Para gobiernos enfrentados al crecimiento del crimen organizado o necesitados de apoyo internacional, el alineamiento con Washington ofrece acceso a cooperación en inteligencia, asistencia en seguridad, respaldo diplomático e inversiones estratégicas. La coincidencia política facilita esa relación, pero no necesariamente constituye su principal motor.

Por ahora, el Escudo de las Américas parece representar algo más que un programa de cooperación en seguridad, pero todavía bastante menos que una alianza política permanente.

Su consolidación dependerá de si logra convertir la cercanía política entre sus integrantes en una cooperación efectiva y duradera, o si, como ocurrió con muchas experiencias latinoamericanas anteriores, dependerá del ciclo electoral y de la permanencia de los actuales liderazgos.

Si eso ocurre, EEUU no solo habrá fortalecido su estrategia frente al crimen organizado y la influencia china, sino que también habrá conseguido reconstruir una red de aliados hemisféricos con capacidad de actuar coordinadamente frente a los principales desafíos de la región.

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Gabriel Pastor

Gabriel Pastor

Miembro del Consejo de Redacción de Diálogo Político. Investigador y analista en el think tank CERES. Coordinador académico de +Uruguay, una fundación dedicada al liderazgo público.

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